DNU 70: es hora y es ahora

Por Roberto Caballero
Este presente dramático que vivimos no es otra cosa que el "futuro venturoso" que prometía Javier Gerardo Milei cuando, apenas diez días después de su asunción, firmó el DNU 70/23, titulado "Bases para la Reconstrucción de la Economía Argentina", piedra basal de su proyecto de ajuste neoliberal.
Con aires de reforma constitucional encubierta, letra del "coloso" Federico Sturzenegger –por entonces, sin cargo en el flamante gobierno, eterno catalizador de los intereses más concentrados- y prosa épica en sus fundamentos, el decreto estrenaba un procedimiento desconcertante, que es el de mezclar temas, competencias y jurisdicciones, práctica que se volvería recurrente en la administración libertaria.
Para arrogarse facultades del Poder Legislativo y derogar más de 366 leyes y resoluciones a través de un único decreto presidencial, Milei justificó la "necesidad y urgencia" en un inminente cataclismo hiperinflacionario producto de las regulaciones concebidas por "la casta gobernante", prédica antipolítica que funcionó eficazmente para articular una mayoría social que lo depositó en la Casa Rosada.
La memoria del triunfo en el balotaje aún estaba fresca. Milei había ganado la elección con casi el 56% de los votos frente a Sergio Massa, el candidato del panperonismo, que arañó el 44%. Su legitimidad de origen abonó un efecto comprensivo automático hacia sus decisiones, que contagió también a grupos de la oposición, por un tiempo extenso.
Aunque el decreto hiciera detonar el precio de los alquileres, las restricciones de la venta de tierras a extranjeros, los controles a los aumentos de las prepagas, toda la normativa protectora del poder adquisitivo del salario, el "compre argentino", cambiara el régimen de empresas públicas para ponerlas a tiro de privatizaciones, abriera las importaciones de manera indiscriminada, arrasara con los derechos laborales, disolviera el Instituto de la Yerba Mate, eliminara regulaciones financieras y bancarias y, entra otras cosas, favoreciera a Starlink del amigo presidencial Elon Musk, los "dadores de gobernabilidad" crecieron como hongos después de la lluvia.
Argumentaban allá por diciembre del 2023 que la gente había votado "esto", aunque "esto" fuera violar mediante un simple decreto aspectos clave de la Constitución Nacional para imponer el andamiaje jurídico sostén de un nuevo Estado benefactor, pero en este caso de "los mercados", y así liberarlos de la "opresión populista" que habían padecido cuando el salario promedio argentino era, medido en dólares, el más alto de América Latina, bajo el segundo (y demonizado) gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Es cierto, Milei gozaba entonces de carta blanca para ajustar cuentas. No sólo de grupos empresarios, nacionales y extranjeros o del "círculo rojo". Promesa de dolarización mediante, había sectores populares también seducidos por la idea vengativa de aplicarle la "motosierra" a "la casta", núcleo privilegiado que el imaginario popular identificaba con los políticos, los empleados públicos y las personas alcanzados por algún plan o subsidio.
Tres años después de aquella salvaje irrupción en la escena del poder, "la casta" verdadera le reprocha al presidente que no dolarizó ni liberó el tipo de cambio. Hoy se barajan, incluso, entre los dueños del poder y del dinero, varios nombres para su reemplazo, aunque siempre recaerá sobre el o la elegida la responsabilidad de mantener el rumbo del modelo, cuyo kilómetro cero es, indudablemente, el DNU 70/23. Aunque de la misma filosofía y origen, la Ley Bases, el Rigi I y el II, la Inocencia Fiscal I y la II son posteriores.
El libertarismo reducido a su núcleo duro se aferra a números insólitos para justificarse. Dice que el precio de un departamento de dos ambientes bajó el 38% desde que se derogó la Ley de Alquileres y que hay más oferta disponible. No piensan igual, desde ya, las asociaciones de inquilinos. ¿Por qué no se replicó aquí, entonces, el "efecto Madrid"? Por la represión, es una obviedad. Hay gente acampando en la Puerta del Sol, ejerciendo su derecho a la protesta, sin ser víctima de los gases y los palos de las fuerzas de seguridad de Alejandra Monteoliva, como ocurre acá, cada miércoles con los jubilados, fotoperiodistas o cualquier ciudadano o ciudadana que se acerque a la Plaza del Congreso.
El mileísmo dice que gracias a que el decreto hizo caer Ley de Abastecimiento y de Góndolas hay menos faltantes y los precios de los productos son más bajos. Que la yerba bajó un 46% y los medicamentos un 19%. Los desmiente hasta su propio Indec. Pero el relato alucinado no termina ahí. Repiten que el precio de los pasajes aéreos cayó un 51%, los paquetes turísticos un 41% y que en 2025 hubo un récord histórico de "33,4 millones de pasajeros" por los "cielos abiertos".
Lo único más o menos cierto del relato oficial es la exportación de carne vacuna. El registro de 2024 habla de 931.000 toneladas vendidas al exterior. Es un número compatible con la baja catastrófica del consumo en el mercado interno: 46,3 kilos por habitante al año, piso histórico documentado, según la Cámara de Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).
La reforma laboral fue un fiasco. Caída la cautelar sobre el capítulo del decreto que eliminaba la protección sobre las y los trabajadores, el gobierno logró hacer votar una "modernización" que no generó un solo empleo digno. La precariedad alcanza a la mitad de la fuerza laboral del país. Y, en el NOA, es de casi el 60%.
Desde aquel diciembre de la asunción de Milei hasta la fecha, el DNU 70/23 tuvo una sobrevida legal inexplicable. La Corte lo validó, como hace la Corte: nunca trató su constitucionalidad. "El fondo", como les gusta decir a los cortesanos. Y el Parlamento, dignamente lo rechazó en Senadores, pero nunca logró el número para derogarlo en Diputados.
Es hora.
Fuente y foto de archivo:
https://www.pagina12.com.ar/2026/10/15/dnu-70-es-hora-y-es-ahora/
