El yeneral Milei

24.05.2026

Por Diego Genoud   

De 7.30 a 12.30. Esa es la orden emitida, casi en secreto, para que soldados, suboficiales y buena parte de los oficiales del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea cumplan horario limitado, más que limitado. La medida elude que el personal de las fuerzas armadas almuerce en las unidades, reduce el gasto de luz y, sobre todo, habilita a los efectivos a tener otro trabajo por la tarde, principalmente en seguridad o aplicaciones. Es que un comisario gana hoy en día más que un general -la Argentina es el único país del mundo en que eso ocurre- y, en las diversas escalas, los militares cobran un 30 por ciento menos que las fuerzas de seguridad. El efecto de la motosierra de Javier Milei, sin la resistencia del ministro Carlos Presti, es demoledor, justito cuando se trata de un gobierno que, supuestamente, dice que quiere reivindicar a las Fuerzas Armadas. Eso sí, los "negocios" de las cúpulas siguen a pleno. Se denunció la compra de un avión Embraer con un sobreprecio de casi 2 millones de dólares, con la participación de la Casa Militar y de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. A los altos mandos se les indica que vendan edificios, tierras o que recurran al trueque como ocurrió con los membrillos por repuestos de una camioneta de 2010. Se han hecho trueques hasta para conseguir inodoros y se canjean metales fundidos por comida.

Todo va derivando en altísimos niveles de deserción e incluso conflictos con las fuerzas de seguridad que "roban" el personal militar. En Córdoba se vivió una enorme tensión porque la policía provincial hizo trabajo de captación en las unidades militares y se llevó casi a la mitad de los efectivos. Un soldado cobra cerca de 700.000 pesos, un cabo 800.000 y los oficiales de menor graduación, que pasaron por el Colegio Militar, algo más de un millón de pesos. Cifras un 30 por ciento por debajo de lo que se cobra en las fuerzas de seguridad.

Hay versiones que indican que las fuerzas armadas vendieron ya edificios y campos por unos 300 millones de dólares, pero que casi la totalidad se la quedó Toto Caputo para exhibir el falso déficit cero. Por ejemplo, a unos metros del Hospital Militar había un gigantesco estacionamiento, en el barrio Las Cañitas, que se vendió en 30 millones de dólares. A lado del Campo de Polo funcionaba la sastrería del Ejército. También se vendió y se están construyendo edificios del máximo lujo, con vistas justamente al Campo de Polo. El Ejército y también las otras fuerzas cuentan con importantes extensiones de tierra, en muchos casos, donados hace décadas. Se utilizan para producir o como lugares de entrenamiento. Algunos son tan extensos que los están dividiendo para venderlos. En términos económicos es vender propiedades para pagar gastos corrientes: en las propias fuerzas dicen que es una locura.

Todo se concretó en tiempo récord, con el agravante de que la unidad estaba en condiciones más que defectuosas, con rastros de óxido, desgaste y falta de equipamiento. El concurso de precios estaba tan direccionado que el Embraer ya estaba ploteado mucho antes de concretarse la compra.

Por las sospechas de corrupción y administración fraudulenta se abrió una causa judicial en Comodoro Py, pero lo asombroso es que el general Ibañez, ligado a Karina, está propuesto para un ascenso más que polémico. Con más de la mitad de los efectivos por debajo de la línea de pobreza, la cúpula parece manejar -y quedarse- con millones y millones.

El escándalo de los F-16

Como se sabe, el gobierno de Milei compró 24 aviones F-16 dinamarqueses de origen norteamericano, descartando aviones más modernos como JF-17 Thunder de China y Pakistán, que tenían amplio financiamiento e incluían el armamento, no monitoreado -como los F-16- por Gran Bretaña.

De los 24 únicamente llegaron 5, con radares limitados y sin que se disponga de los elementos necesarios para un mínimo funcionamiento. En primer lugar, no se compró el armamento, que tendría un costo adicional de otros 300 millones de dólares. Como es evidente, todo requerirá el ok de Londres y nadie sabe cómo se pagará. El armamento lo vende Estados Unidos que sólo aceptó hacer un descuento. No están terminadas las pistas de aterrizaje de Tandil y Rio Cuarto, las unidades que albergarían a los F-16 y la flota requiere de un avión de reabastecimiento, que tampoco se compró. La hora de vuelo de entrenamiento ronda los 15.000 dólares, cifra impagable con los recortes presupuestarios y en la propia Fuerza Aérea dudan de que alguna vez vuelen.

Como se recordará, Milei y Petri se sacaron fotos en los F-16, hubo un paso de exhibición sobre Buenos Aires, con pilotos daneses, pero todo parece un negociado. Durante la semana que pasó, la Fuerza Aérea dio de baja los 6 Super Etendard comprados en 2017 para proteger el G-20 de 2018. Los aviones llegaron en 2019 y nunca volaron, entre otras cosas porque los aparatos requerían de asientos eyectables y otros repuestos que Gran Bretaña bloqueó, tal como era previsible. Ningún funcionario del macrismo fue indagado ni procesado por esta operación fraudulenta. La compra de los F-16 se parece mucho.

Lo que diga Trump

Además de vender edificios y campos, la estrategia es aceptar lo que venga de Estados Unidos, en sintonía con la política exterior de Milei. El lunes pasado, la embajada norteamericana y el Comando Sur anunciaron que la Armada firmó un programa de "Protección de los Bienes Comunes Globales", una cesión de soberanía en la plataforma atlántica argentina. A cambio, Estados Unidos entrega cámaras más sofisticadas que las que tiene Argentina y, a futuro, dos aviones Textron B-360. Poco o muy poco. Y, con ese acuerdo, la armada norteamericana se queda virtualmente con un acceso ilimitado al Atlántico Sur y la Antártida.

En paralelo, el proyecto argentino, la construcción de una base integrada -Armada, Fuerza Aérea y Ejército- en Ushuaia, para controlar toda la zona, está paralizada. En el lugar apenas hay un cartel, se removió tierra hace dos años y desde entonces no se hizo nada de nada. Exhibe lo que es la política central de Milei: una combinación de sueldos por debajo de la línea de pobreza, compras a precios inexplicables en todas las áreas del gobierno, y hacer lo que diga Trump. En el país y, obviamente, también en las Fuerzas Armadas.

Fuente:

P12

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