“Importamos una rivalidad que no es nuestra”

El exembajador en China habló con Página/12 sobre la posición del gobierno argentino y el peligro de caer en la subordinación geopolítica de Washington y la desindustrialización frente a la enorme competitividad manufacturera china.
Por Celeste del Bianco
Desde el gran polo tecnológico de Shenzhen, en el Sur de China, el exembajador argentino Sabino Vaca Narvaja habló sobre el futuro de la relación bilateral entre Argentina y el gigante asiático después de los episodios de hostilidad que demostró el gobierno de Javier Milei hacia su segundo socio comercial en medio de un alineamiento incondicional con el gobierno de Donald Trump. "El problema es el enorme costo de oportunidad que estamos pagando por haber importado una rivalidad que no es nuestra", dijo en diálogo con Página/12. Además, anticipó que trabaja en una visita del gobernador bonaerense Axel Kicillof para noviembre en la China International Import Expo de Shanghái.
Vaca Narvaja participó del Simposio Académico Internacional sobre el Pensamiento de Xi Jinping y habló de un nuevo paradigma productivo al que denominó 'Momento Shenzhen', en referencia a esa ciudad de Guangdong.
—¿Cómo ve el futuro de la relación con China?
Soy optimista en términos estructurales y muy crítico respecto de la coyuntura. Argentina y China tienen complementariedades demasiado profundas para desaparecer por un gobierno. Beijing necesita alimentos, energía y minerales; nosotros necesitamos mercados, inversiones, infraestructura y tecnología. El problema es el enorme costo de oportunidad que estamos pagando por haber importado una rivalidad entre Estados Unidos y China que no es nuestra. Estamos corriendo el riesgo de quedarnos con lo peor de los dos mundos: subordinación geopolítica a Washington y desindustrialización frente a la enorme competitividad manufacturera china. Acompañamos iniciativas estadounidenses destinadas a contener el avance tecnológico de Beijing, como Pax Silica, mientras abrimos nuestra economía sin una política industrial que nos permita aprovechar ese vínculo para agregar valor y generar empleo. La alternativa es la autonomía estratégica. Argentina necesita buenas relaciones con Estados Unidos, China, Brasil, Europa, India y el resto del Sur Global. Incluso gobiernos latinoamericanos ideológicamente cercanos a Milei mantienen fuertes lazos con Beijing porque distinguen afinidades políticas de intereses nacionales. La política exterior argentina no debe elegir una potencia: debe elegir a la Argentina.
—¿Cuán nocivas son las declaraciones del director de Comunicación Digital, Juan Carreira, o el silencio del Gobierno ante la intromisión de Peter Lamelas con las empresas chinas?
Son graves por razones diferentes. Que un funcionario argentino atribuya al Partido Comunista de China la responsabilidad por una tragedia sin fundamentos suficientes deteriora innecesariamente la confianza bilateral. Pero el problema trasciende un tuit: cuando se acumulan Pax Silica, restricciones a empresas chinas, determinados acercamientos a Taiwán y declaraciones hostiles, Beijing puede comenzar a preguntarse si son episodios aislados o si la hostilidad ideológica está transformándose en política de gobierno. El caso de Peter Lamelas es incluso más preocupante desde el punto de vista de nuestra soberanía. Si una representación extranjera pretende determinar qué tecnología puede contratar una cooperativa argentina o qué empresa constituye una amenaza, el Gobierno nacional debe poner un límite. Nuestra seguridad nacional la definimos los argentinos, no una embajada extranjera. El silencio oficial frente a esas presiones transmite una señal de subordinación. El problema no es Estados Unidos ni China. Es nuestra incapacidad para definir autónomamente nuestros intereses. No debemos reemplazar a Washington por Beijing: debemos recuperar Buenos Aires como centro de decisión de la política exterior argentina.
—Hay una posible visita del gobernador Axel Kicillof a China en noviembre, ¿De qué se trata?
Se está trabajando en una misión vinculada con la China International Import Expo de Shanghái, una de las principales plataformas mundiales para acceder al mercado chino. La idea es que la visita tenga un carácter fundamentalmente productivo: acompañar empresas, ampliar mercados para bienes argentinos, atraer inversiones y desarrollar oportunidades en electromovilidad, infraestructura, energía, maquinaria agrícola, biotecnología y economía del conocimiento. Hay que dimensionar además el peso institucional de la Provincia de Buenos Aires. Por su relevancia demográfica, industrial, agropecuaria, portuaria, científica y universitaria, concentra una parte sustancial de las capacidades económicas y tecnológicas del país. Una presencia provincial de ese nivel en China tiene, por lo tanto, una importancia que excede ampliamente una visita protocolar. El mensaje es sencillo: Argentina no puede abandonar por prejuicios ideológicos uno de los mayores mercados y polos tecnológicos del mundo. Relacionarse con China no significa alinearse con China; significa defender inteligentemente los intereses argentinos.
—¿Cuál es el rol que el Kicillof puede tener?
Por el peso que tiene la Provincia de Buenos Aires, la visita del gobernador será muy relevante. La provincia reúne industria, agro, puertos, universidades, ciencia y tecnología, Pymes y una porción sustancial del mercado interno. Es probablemente el territorio donde con mayor claridad puede discutirse qué modelo de desarrollo necesita la Argentina frente al nuevo paradigma tecnológico mundial y, al mismo tiempo, exhibir las capacidades concretas que nuestro país tiene para ofrecer. Pero la alternativa al alineamiento de Milei con Estados Unidos no debe ser una subordinación de signo contrario a China. Eso sería repetir el mismo error. Argentina tiene una tradición mucho más rica: autonomía estratégica, integración regional y una Tercera Posición actualizada al siglo XXI. Tenemos que vincularnos con todos los polos de poder desde nuestros propios intereses y aprovechar esa competencia para obtener mercados, inversiones, infraestructura, empleo y transferencia tecnológica. Ahí esta discusión vuelve a encontrarse con el "Momento Shenzhen". El desafío posterior a Milei no debería ser simplemente reconstruir el aparato estatal anterior, sino construir un Estado mejor, más eficiente y con capacidad de conducción, que articule empresas, trabajadores, universidades, ciencia y tecnología alrededor de una estrategia nacional de desarrollo. En términos de nuestra propia tradición, se trata de actualizar la idea de Comunidad Organizada para la era tecnológica: tenemos capacidades y recursos; necesitamos integrarlos detrás de un proyecto nacional.
– ¿Qué es el "Momento Shenzhen" del que hablo en su exposición?
Lo que planteé en el Simposio de Shenzhen es que estamos entrando en un nuevo paradigma productivo. Si Manchester simbolizó la mecanización, Detroit y Ford la producción en masa, el Sputnik la carrera por alcanzar la frontera tecnológica y Silicon Valley la revolución de la información, Shenzhen representa algo diferente: la capacidad de innovar, industrializar, escalar, integrar y abaratar tecnologías complejas simultáneamente. Ya no se transforma solamente la fábrica: cambia el ecosistema completo.
¿Cuáles son los debates que traen estas nuevas formas?
La clave son los ecosistemas industriales solapados. Inteligencia artificial, robótica, baterías, vehículos eléctricos, telecomunicaciones, drones, energía, semiconductores, infraestructura y logística se retroalimentan. Una innovación en baterías transforma la electromovilidad; la producción genera datos; estos datos alimentan la IA; la IA mejora la robotización; y la automatización reduce costos y permite alcanzar una nueva escala. Por eso sintetizo la diferencia así: Ford revolucionó la fábrica; Shenzhen revoluciona el ecosistema productivo completo. Pero hay una pregunta todavía mayor. La IA, la robótica y las nuevas tecnologías pueden concentrar extraordinariamente la riqueza o convertirse en instrumentos de desarrollo compartido. Ya no alcanza con preguntarnos qué puede hacer la tecnología; debemos preguntarnos qué queremos como sociedades que haga la tecnología. Ese es el debate sobre una nueva convergencia que puede abrir el "Momento Shenzhen".
—¿Esa nueva convergencia es viable en Argentina?
No podemos copiar Shenzhen. La principal enseñanza de la experiencia china es precisamente que cada nación debe construir su propio camino hacia la modernización. Argentina posee alimentos, energía, litio, cobre, Vaca Muerta, capacidad nuclear y satelital, biotecnología, software, universidades, ciencia y un entramado industrial importante. No nos faltan las piezas; nos falta integrarlas dentro de un proyecto sostenido de desarrollo. Nuestro "Momento Shenzhen" debería consistir en articular esas capacidades: energía, minería, industria, agro, biotecnología, nuclear, espacial, software, inteligencia artificial. Eso exige un sector público con capacidad de planificación, inversión privada, ciencia y tecnología y formación de trabajadores. Paradójicamente, mientras las principales potencias recuperan políticas industriales y fortalecen sus herramientas estatales, Milei propone desmantelarlas.
El vínculo con Beijing también debe pensarse desde esa lógica. No se trata de abrir indiscriminadamente nuestra economía para importar manufacturas baratas y destruir la industria nacional. Hay que negociar inversiones genuinas, infraestructura, transferencia tecnológica, proveedores locales y empleo. No queremos solamente exportar litio e importar autos eléctricos: queremos incorporarnos a la cadena de valor de la electromovilidad.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/09/14/importamos-una-rivalidad-que-no-es-nuestra/
