La democracia de la derrota
A 50 AÑOS DEL GENOCIDIO

"Estas alas tan cortas y esas nubes tan altas, y estas alas queriendo conquistar esas nubes"
("El anhelo inútil", Rubén Martínez Villena)
Por Agustín Saiz
A 50 años del golpe de Estado del 76, el ciclo de las democracias post dictadura condicionadas luego de la derrota de Malvinas, se está cerrando. En el ocaso de este atardecer, parece abrirse otro nuevo e incierto ciclo cuyas características, aunque difíciles de anticipar, probablemente respondan a los nuevos diseños de las sociedades mundiales, que las nuevas élites están reorganizando, muy lejos del imaginario revolucionario de nuestros compañeros desaparecidos. Nuestra tarea encomendada, que asumimos como tal bajo el legado y la tutela de aquella generación que hoy conmemoramos, consiste en desarrollar el nuevo lenguaje político y descubrir la praxis revolucionaria, que se abra paso en medio de las nuevas formas de control social y autoritarismo cada vez más refinadas.
Como en los grandes ciclos de la humanidad, los cambios tecnológicos llegaron acompañados de una nueva reorganización del trabajo y a su vez, junto a una nueva reorganización política de las sociedades (1). Las relaciones de dominación, al romperse, liberaron la tensión social residual contenida en ellas, para volver a reconfigurarse luego de un primer estallido inicial, bajo el nuevo sistema de dominación que estaba emergiendo. Las luchas revolucionarias se repitieron a lo largo de la historia bajo este ciclo de ruptura, apogeo y posterior decadencia. Si hoy nos encontramos a las puertas nuevamente de uno de estos ciclos, deberíamos repensar entonces la manera de extraer de estos tiempos, toda esa potencia contenida, para alcanzar a concretar las posibilidades de una transformación, que esta vez perdure para siempre. Si por el contrario, no fuese hoy ese momento, de todos modos nos queda pendiente por resolver cómo sacar de la matriz de opresión a miles de millones de habitantes del planeta, que apenas subsisten parasitados para darle vida a este sistema, a costa de la suya.
Nos encontramos hoy azorados, mirándonos unos con otros, ante una nueva forma de autoritarismo que surge desde el seno de nuestras propias democracias. Al igual que en la dictadura de los 70, una gran mayoría de la población civil vuelve a apoyar, no a un sistema de gobierno por encima de otro, sino que vuelve otra vez a consentir la crueldad de la violencia que el aparato del Estado descarga sobre una parte de la sociedad indefensa. "Algo habrán hecho", decía la sociedad caníbal de aquel entonces, y algo parecido sucede hoy cuando miramos por las redes la represión justificada por los medios hegemónicos, que cae sobre personas ancianas, discapacitadas, estudiantes, obreros y cualquier otro sujeto de cualquier otra categoría que se atreva a levantar la voz. A ese nuevo sujeto social, al igual que ayer, se lo castiga desproveyéndolo de sus modos elementales de subsistencia y al derecho natural del tener pensamiento político propio y participar de la construcción de poder. Las formas han cambiado; antes eran extraídos de sus casas por las noches, para llevarlos primero a la cama de torturas y luego en la clandestinidad de los vuelos, arrojarlos semidormidos al mar para desaparecerlos. Hoy se ejecuta su equivalente en estos tiempos a plena luz del día, y se lo muestra abiertamente como forma de dominio, para que todos lo vean. Aunque no se quiera saber. Sin embargo, todos saben lo que está ocurriendo. El daño transgeneracional que están imprimiendo sobre nosotras y nosotros las políticas de este gobierno, por ser imposible de cuantificar en este momento, nos recuerda al desconcierto de las primeras Madres que buscaban a sus hijos sin saber bien lo que estaba ocurriendo. Nadie puede negarnos que tal vez hoy estemos ante un nuevo quiebre histórico como en aquel entonces.
Durante todo este pasaje, un sector importante de la sociedad, se descubre de repente a sí mismo como la propia víctima, consecuencia del proyecto que venía apoyando. Surge el shock de reconocerse como el "nuevo otro", ya que existía previamente un "otro" invisibilizado que lo antecedía. El "otro" es entendido como exterioridad del sistema y por lo tanto sin derechos, es la base fundamentalmente perversa que constituye el modo y la razón de ser de nuestro modo de vida. Las sociedades modernas se mueven en el punto de equilibrio de ver a cuántos excluidos son capaces de dejar afuera; tantos como la alienación social pueda sostenerse como máscara, que simule la meta del desarrollo.
La pregunta que surge espontánea en cada conversación de hoy en día es, ¿cómo fue posible que la víctima se termine expresando bajo el discurso del victimario? ¿Cómo fue posible que toda esa violencia sea "introyectada" en el ciudadano de a pie, en su sentido psicológico más profundo? Aimé Césaire argumentaba que el fascismo no es más que un colonialismo doméstico, en donde el conjunto de prácticas racistas y genocidas es aplicado en esta oportunidad, desde y hacia el interior de Europa. Se construye un enemigo interno a sacrificar, para volcar en él toda esa violencia constitutiva y compensar así, el balance de una fuerza cultivada durante años, que se desborda y se vuelve incontenible porque supera los límites anteriores de donde podía proyectarse. Desde la periferia, el nazismo es visto con naturalidad por las víctimas del colonialismo europeo, en línea como continuidad de la expansión moderna. No hay asombro, no existe una violencia externa que aparezca ajena a todo este proceso.
Podemos pensar entonces el surgimiento de la ultraderecha en el continente y el resto del mundo, como la introyección de una violencia que antes era aplicada sobre ese "otro", que estaba conformado por los descartados del sistema, sin capacidad de representación ni defensa por parte de nadie. Antes del ascenso de Javier Milei, el bloque opositor se había replegado en una alianza de "unidad nacional", en donde coalicionaron un vasto conjunto de personajes cuyas políticas ejecutadas a nivel local, estaban en perfecta consonancia con las del actual gobierno (2). Fungen entre sí como máscaras intercambiables, con la salvedad de que la llamada "distribución de la riqueza" que proponían para una sociedad más justa, ya no opera más en el imaginario simbólico social como esperanza de cambio. Para esta época las mediciones en la calle exigían un alto porcentaje de mano dura que los políticos rápidamente supieron cómo capitalizar en sus propuestas.
Las preguntas que surgen son varias. ¿De dónde emana toda esa violencia, hoy manifestada pero antes cultivada de manera subterránea durante los últimos 50 años? ¿Fue desterrada la violencia del genocidio o se renueva cíclicamente hasta que podamos conseguir los cambios estructurales de la sociedad más justa que todos soñamos? ¿Cómo se ejercitó durante la democracia "de la derrota" (3) y mediante qué mecanismos la ocultó delante nuestro? ¿Cuáles fueron los discursos invisibilizadores instalados en los modos de pensar, para que no la registremos, ni reaccionemos? Walter Benjamin, nos da varias pistas cuando habla de la "estetización de la guerra" (4). Milei cumple con todas las definiciones que propone respecto al modo en cómo funciona el fascismo. Cuando organiza un show musical para cantar exaltado en medio de una crisis social sin precedentes, alaba la violencia del mismo modo que lo hacían los movimientos fascistas surgidos en las décadas del 30 y 40. Cuando se obsesiona por la estética de su rostro para resaltar en cada selfie algunos rasgos de su fisonomía, encontramos el paralelismo del riguroso cuidado ceremonial nazi.
Milei es por excelencia el nuevo esteta de la guerra, la abraza, la desea, la busca con desesperación cuando insulta, cuando sale a indultar genocidas, cuando en medio del ataque con un tomahawk a la escuela iraní toma el micrófono para decir que es el presidente más sionista de la historia. Es el nuevo fantoche, ridículo, cruel y tan estúpido como todos los que lo antecedieron.
"Fiat ars, pereat mundus, dice el fascismo, y espera, como la fe de Marinetti, que la guerra sea capaz de ofrecerle una satisfacción artística a la percepción sensorial transformada por la técnica. Este es, al parecer, el momento culminante del "l'art pour l'art". La humanidad, que fue una vez, en Homero, un objeto de contemplación para los dioses olímpicos, se ha vuelto ahora objeto de contemplación para sí misma. Su autoenajenación ha alcanzado un grado tal, que le permite vivir su propia aniquilación como un goce estético de primer orden. De esto se trata en la estetización de la política puesta en práctica por el fascismo" (5).
Y desde Voces Insurgentes le respondemos como contrapartida, mediante la politización del arte.
Referencias:
(1) Revolución industrial contemporánea a la revolución francesa, la era atómica dio inicio a la guerra fría entre los bloques de EEUU y la URSS que se disputaron la hegemonía del planeta, la IA actualmente configura el proceso del que somos contemporáneos.
(2) En el gobierno de unidad nacional propuesto por Sergio Massa y apoyado por el Cristinismo, estaban entre otros: Gerardo Morales quien había organizado una brutal represión y persecución política a opositores en Jujuy, Rodríguez Larreta cuya policía asesinó asfixiando a Facundo Molares en el obelisco a plena luz del día, Martín Redrado candidato a ministro de economía y representante local de los grandes bancos especuladores, el gobernador Mariano Arcioni quien venía de incendiar la provincia de Chubut para implementar el modelo minero, etc. El propio Massa durante la campaña presidencial, dio un discurso en el congreso, con el escenario tapando la huelga de hambre que estaban haciendo los compañeros del malón de la paz, que habían viajado miles de kilómetros desde Jujuy para interpelar sin respuesta a la corte suprema y pedir la intervención del gobierno nacional.
(3) La "democracia de la derrota" es un concepto, que describe el período iniciado en 1983, donde se recuperaron las instituciones democráticas tras la dictadura, pero sin alterar el modelo económico y de poder impuesto por el régimen militar y sus aliados.
(4) "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica" (1936, W. Benjamin).
(5) En el texto original de W. Benjamin la frase es "El comunismo le responde con la politización del arte".
Fuente:
https://vocesinsurgentes.com/component/content/article/a-50-anos-del-genocidio?catid=8
