La operación Molotov

Por Raúl Kollmann
La izquierda no duda de que los que armaron las molotov fueron infiltrados: "nadie prepara bombas delante de todos". La otra hipótesis es que las fuerzas de seguridad dejaron hacer a un grupito anarquista o de izquierda, para usarlo como excusa y vaciar la plaza.
Fueran infiltrados o militantes de izquierda a los que las fuerzas de seguridad dejaron hacer, el análisis de lo ocurrido en la Plaza Congreso confluye en una sola conclusión: en un caso o el otro sirvieron como excusa para arremeter contra la totalidad de los manifestantes presentes y cambiar la foto de la plaza llena de trabajadores que protestan contra la reforma liberal de Milei por la de un grupito violento que agrede a la policía.
En las agrupaciones de izquierda son categóricos: fueron infiltrados. "Nadie arma una bomba molotov en público. Si alguien lo hace, la lleva armada. Acá lo hicieron de manera descarada, para que se vea. Eran infiltrados. No eran militantes como el Gordo Mortero, aquel cuadro de izquierda que sí lanzó proyectiles". Algunos dirigentes gremiales, en cambio, no descartan que puedan haber sido militantes anarquistas o de izquierda, pero la clave es que las fuerzas de seguridad los dejaron hacer durante largos minutos. "Es evidente que el camión hidrante no les apuntaba. Apuntaba cerca, pero no los movió ni un milímetro. Rompieron veredas, sin que los efectivos hicieran nada. La estrategia fue no intervenir para luego usarlos como justificación para vaciar la plaza". 24 horas después, la ministra Alejandra Monteoliva actuó, o mejor dicho sobreactuó, un video acusando a 4 supuestos militantes, con nombre y apellido. Sin embargo, en la denuncia presentada por el Ministerio de Seguridad no figura ninguno de los 4 nombres y en el capítulo de pruebas contra los detenidos -cazados en calles cercanas o lejanas- afirma taxativamente "que se encuentran en proceso de análisis".
Monteoliva lanzó un video, con el viejo estilo de show de Patricia Bullrich, jactándose de tener una carpeta en la que, según dijo, tenía todas las pruebas de que quienes serían 4 de los individuos, que -exageró, "quisieron desestabilizar al país". Los señaló con nombre y apellido: Matías Enzo Roldán, Federico Alberto Mazzagalli, Denis Alejandro Figueredo y Patricio Hernán Castellán. Este último salió al aire en el programa Argenzuela de C5N señalando que estuvo en la marcha, pero más atrás y sin tirar nada. En principio, Monteoliva no exhibió ninguna evidencia ni contra Castellán ni los demás. Lo hubiera hecho si contara con pruebas porque ya se sabe que Monteoliva-Bullrich ponen el acento en lo mediático.
A pesar de las afirmaciones de la ministra, la hipótesis de los infiltrados no se puede descartar para nada. Hasta el día de hoy siguen sin ser identificados los que quemaron el móvil de Cadena 3 en la marcha contra la Ley Bases en 2024. En aquella oportunidad, bajaron del modesto vehículo a Orlando Morales, el cronista, dieron vuelta el auto y le prendieron fuego y no intervino ningún efectivo de las fuerzas de seguridad. Para el propio Morales la impresión fue que se trataba de infiltrados que actuaron con total impunidad. Esta vez los individuos con los rostros ocultos llegaron a la plaza y se pusieron a armar las bombas molotov a la vista de todos. En las fuerzas de izquierda sostienen que nadie hace una cosa así: se prepara todo de antemano, no a la vista. Y, además, se sabe que está lleno de fotógrafos y camarógrafos, por lo que es público y notorio que no se puede hacer exhibicionismo de nada. La parodia siguió luego con la rotura de veredas: varios minutos sin que nadie los interrumpiera.
Entre algunos dirigentes gremiales hay un diagnóstico distinto, pero que en el fondo va en el mismo sentido: los que tiraron piedras o molotov podrían ser militantes de izquierda, pero las fuerzas de seguridad "groseramente los dejaron hacer" para justificar enseguida la ofensiva y vaciar la plaza. El ejemplo al que remiten esos gremialistas es el de Sebastián Romero, aquel cuadro del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU), que fue sorprendido tirando piedras con una especie de mortero casero. Por eso el apodo de "el gordo mortero". Romero fue enjuiciado en 2023 y fue absuelto por los dos cargos, intimidación pública y atentado contra la autoridad, porque no se probó que el lanzamiento de las piedras con el mortero produjera algún daño. "No siempre se puede hablar de infiltrados", concluyeron los cuadros gremiales del peronismo, diferenciándose de la izquierda. Igualmente, lo decisivo fue la táctica de las fuerzas de seguridad: habrían aprovechado la existencia de 4 o 5 militantes, permitirles que se exhiban, tiren unas bombas molotov de poco efecto, arrojen piedras, rompan la vereda, para que luego policías federales, de la Ciudad y gendarmes lanzaran una ofensiva contra toda la plaza, contra el conjunto de los manifestantes. El resultado -como ocurrió- fue evitar la foto con la plaza llena, foto que iba a poder publicarse como muestra de que hay resistencia a las medidas del gobierno libertario.
Los pasos finales para redondear la parodia fueron los habituales. Pusieron las motos a recorrer las calles aledañas e incluso a varias cuadras de la plaza, en avenida 9 de julio, deteniendo a algunos que caminaban por la zona. De hecho, los 4 señalados por Monteoliva no fueron apresados y habrá que ver si realmente hay pruebas contra ellos. Por de pronto, Castellán señaló que estaba con una remera bordó y los que tiraron las molotov estaban todos de negro. Lo que hicieron las fuerzas de seguridad, como otras tantas veces, es cumplir con una especie de cupo de detenciones que se necesitan para exhibir ante la población: alrededor de 30. Suele ocurrir que después no tienen pruebas y las cosas quedan en la nada. De hecho, al cierre de esta edición sólo quedaban 5 detenidos, alguno porque tenía marihuana para consumo personal.
Este jueves el Poder Ejecutivo completó su show denunciando a los detenidos actuales y a los que dicen que van a detener. Les imputan medio Código Penal: "atentado al orden constitucional, resistencia a la autoridad, lesiones graves y daños para provocar terror". Todas exageraciones. Pero lo impactante es que en el punto IV, Pruebas, el equipo de Monteoliva dedica 5 (cinco) renglones a no decir nada de nada: "por este acápite se hace saber que el Ministerio de Seguridad Nacional se encuentra en pleno proceso de análisis de los acontecimientos delictivos reseñados precedentemente, a fin de evaluar el acompañamiento de elementos de convicción idóneos". O sea, al menos por ahora, cero.
Fuente:
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