Las botas avanzan: los militares ya hablan de cambio de época
Milei eligió a un coronel para formar a los espías

Los integrantes de las Fuerzas Armadas ganan poder en la estructura civil mientras el Gobierno busca reestructurar el sistema de defensa, seguridad e inteligencia. El número dos de Presti dice que están por salir de la "caja de cristal" en la que estuvieron las últimas décadas.
Por Luciana Bertoia
Cada vez que un casillero queda vacío, Javier Milei aprovecha y coloca a un militar en un lugar de la estructura civil de gobierno. Los movimientos más claros en ese sentido fueron la designación del entonces jefe del Ejército como ministro de Defensa y la calificación de la residencia de Olivos como una "base militar". La sucesión tuvo un nuevo episodio en las últimas horas: el nombramiento del coronel Carlos Daniel Esteban como responsable de la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), donde se forman los espías.
Las Fuerzas Armadas tienen otro lugar desde que La Libertad Avanza (LLA) llegó al poder. Más allá del desfinanciamiento y la pauperización de los salarios, hay retribuciones simbólicas. Un funcionario que trata al Presidente desliza al pasar: "Es muy pro-milico".
En la Cámara de Diputados se discute por estos días el proyecto de ley conocido como "Defensa de la Soberanía Nacional", que el Gobierno presentó como parte de su revalorización de la causa Malvinas, pero que, en realidad, esconde una reestructuración general del sistema de defensa, seguridad e inteligencia.
Uno de los enviados oficiales para defender la iniciativa fue el general Jorge Puebla, secretario de Estrategia y Asuntos Militares (SEAM) del Ministerio de Defensa. Puebla es, en realidad, el número dos de Carlos Presti.
En su exposición, Puebla dijo que la Ley de Defensa, pronta a cumplir 40 años, había cumplido un ciclo y que estaban propiciando un cambio de paradigma. Sostuvo que el rol que habían tenido las Fuerzas Armadas durante la pandemia hizo que alcanzaran el "máximo índice de confianza" y afirmó que ya habían dado sobradas pruebas de que eran democráticas —buscando establecer una separación respecto de aquellos que entraban encapuchados a las casas para desaparecer a sus víctimas y robar a sus hijos—. "No podemos continuar en una caja de cristal preparándonos para una agresión estatal externa", afirmó, en confrontación con la lectura que predominó durante los gobiernos kirchneristas.
Los hombres de uniforme sienten que llegó su momento. El viernes, la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) anunció que Esteban se haría cargo de la ENI. La información de que sería el reemplazante de Juan Bautista "Tata" Yofre circuló en las últimas semanas. De hecho, el 20 de septiembre, Página/12 le envió un mensaje a Esteban para corroborar la versión. El coronel optó por el silencio.

Esteban, de 72 años, se desempeñaba hasta el momento como secretario de Ciencia de la Universidad de la Defensa y como asesor de Presti. Tiene un doctorado en Ciencia Política y otro en Derecho Internacional Humanitario. Viene de familia militar: su padre era de la Fuerza Aérea.
La SIDE destacó otro hecho: lo presentó como veterano de la Guerra de Malvinas. Esteban estaba en el Regimiento de Infantería 25, al mando de Mohamed Alí Seineldín, que desembarcó en las islas. Con el regreso a la democracia, Esteban pasó a ser una cara amable del Ejército para hablar de la guerra. Solía recorrer medios de comunicación. Hacia finales de los 80, tuvo una discusión pública en el Senado bonaerense con Néstor Larsen, entonces referente del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) de La Plata —el mismo organismo al que la Corte Suprema le desconoció legitimación para reclamar por la validez de la Ley de Tierras y que denuncia las torturas a los conscriptos durante el conflicto bélico—. "Se ve que el teniente Esteban y nosotros estuvimos en una guerra distinta", dijo entonces Larsen.
El diputado nacional Agustín Rossi (Unión por la Patria), que ejerció como ministro de Defensa e interventor de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI, hoy SIDE), sostiene que la designación de Esteban marca un retroceso. "Volver a generar un proceso de formación de cuadros de inteligencia conducidos por un militar parece ir en contramano de la razón de la creación del organismo, que era tener inteligencia por fuera del Ejército y la Armada. Hay un avance de los militares en el ámbito político, como se ve en el Ministerio de Defensa, que está totalmente militarizado", dice en diálogo con este diario.
Para Rut Diamint, la mayor presencia de uniformados en el Gobierno funciona como un movimiento doble. "El proceso en sí es desconocer el pasado y remilitarizar el presente y el futuro", dice la profesora de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) e investigadora principal del Conicet, ante una consulta de este medio.
Diamint explica que el proceso de militarización —es decir, que los civiles convoquen a militares a ocupar lugares clave— se está dando en toda América Latina por dos razones, básicamente: por un lado, los civiles creen que su presencia les da mayor estabilidad y, por otro, se los usa para responder ante la demanda social de mayor seguridad como una forma de seducir a los electorados. La investigadora explica que, en la concepción de Milei, los militares aparecen como "un sustento para el desarrollo económico".
Argentina había recorrido hasta ahora un sentido inverso al de la región. "Argentina había sido un caso peculiar por los juicios por crímenes de lesa humanidad", resalta, aunque cree que el apoyo social al juicio y castigo está en declive. Los uniformados supieron, como diría Juan Perón, desensillar hasta que aclare. Y la luz llegó con Milei. "Los militares nunca fueron democráticos. Ellos siguen creyendo que lo que hicieron estuvo bien", concluye.
La principal señal del cambio de época se produjo en diciembre pasado, cuando Milei puso al general Presti al frente del Ministerio de Defensa. Ni siquiera debió pasar a retiro para ocupar un lugar en el Gabinete. Su elección no solo implicó el avance de los militares, sino también la reivindicación de apellidos directamente ligados a la dictadura. Roque Presti, padre del actual ministro, estuvo al frente del Regimiento de Infantería 7 de La Plata, que comandó la represión en todos los partidos que rodean a la capital bonaerense.
"La conducción civil de las Fuerzas Armadas es un pilar de la democracia argentina y una conquista institucional de más de 40 años. Designar a militares en la estructura civil desdibuja la necesaria separación entre el poder político y la institución militar, y pone en riesgo el principio de subordinación militar al poder civil. Las Fuerzas Armadas deben estar abocadas a la defensa de la soberanía nacional", afirma, por su lado, Jorge Taiana, actual diputado nacional y exministro de Defensa.
Semanas atrás, en la misma entrevista en la que dijo haber deportado a 30 mil terroristas, Milei afirmó que había convertido a la Quinta de Olivos en una "base militar" porque tiene "enemigos muy pesados en el mundo". En la práctica, esto implicó que la Casa Militar se ocupe de tareas que antes hacían civiles, más allá de controlar los ingresos, como hacía con anterioridad. La tarea quedó en manos del coronel Fernando Tereso, número dos de la Casa Militar y hermano de Jorge Tereso, el secretario general del Ejército que fue desplazado por Néstor Kirchner después de que enviara una carta a tribunales pidiendo que los detenidos por crímenes contra la humanidad pasaran Navidad en sus casas.
Para Sabina Frederic, la mayor presencia de militares también se explica por la falta de cuadros propios de LLA. "Están alineados políticamente. Los salarios de todo el personal militar, sobre todo de los retirados, están muy deteriorados. O sea, son fáciles de reclutar", explica la antropóloga y exministra de Seguridad.
La pregunta para Frederic es qué pueden aportar, por ejemplo, los militares en la SIDE. "Están entrenados en una doctrina de inteligencia que no está actualizada. Sí, tienen formación en operaciones psicológicas o el control de la disidencia", alerta.
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