Malvinas: el hijo de Quirno trabaja en la ONG aliada a Inglaterra

Entre negociaciones bajo el ala de EEUU y nexos familiares con el 'soft power' británico, la política exterior del Gobierno tambalea. La peligrosa convergencia de la Doctrina Donroe, la vigilancia masiva y el uso de la causa Malvinas como salvavidas electoral.
El hijo del canciller Pablo Quirno, Pablo Quirno Jr, o "Junior" a secas, es integrante de la fundación Argentina Global, que trabaja junto a la embajada británica y el Foreign Office en la selección de "jóvenes líderes" argentinos para participar de sus programas de soft power. El Destape reveló hace un mes que esa ONG fue fundada por la exfuncionaria macrista Paola Di Chiaro, que desde el comienzo del gobierno de Javier Milei está a cargo de la Secretaría de Malvinas, el área que debe defender la soberanía sobre el Atlántico Sur, en el ministerio que encabeza Quirno padre.

"Junior" es parte del área Comercio, Inversiones e Integración de Argentina Global desde al menos junio de 2021. No es ni siquiera un secreto: su foto y su nombre figuran en la página oficial de la Fundación y participó en varias actividades públicas que organizaron en estos años. Mientras tanto, su padre forma parte del equipo que está negociando, bajo el auspicio del gobierno norteamericano, un "acuerdo tripartito" que escondería, bajo el maquillaje de un triunfo para la diplomacia argentina, la incorporación de las Islas Malvinas a la doctrina Donroe, con proyección antártica.
Negociaciones bajo el ala de EEUU: la sombra de la doctrina Donroe en el Atlántico Sur
El propio Donald Trump anticipó la jugada este fin de semana, cuando dijo estar seguro de que los ingleses van a llamarlo "para intervenir" en lo que llamó "un posible desastre" para los británicos en las Islas Malvinas, que "quedan muy lejos" de Inglaterra. Existe un largo trecho entre la realidad y las palabras de Trump, que además juega esta carta en el marco de varios pleitos no resueltos en una larga lista de asuntos más importantes para Washington y para Londres, que van desde Ucrania y la OTAN hasta Ormuz y Cisjordania. Pero las negociaciones existen y no son nada buenas para la Argentina.

Resulta cada vez más claro que no estamos a salvo de la reconfiguración del orden global que propone Estados Unidos y que la proyección hemisférica que se atribuye en esta etapa va desde el Polo Norte hasta el Polo Sur y tiene en Malvinas y en Tierra del Fuego un foco de interés indisimulable. En ese contexto, los vínculos del ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, los funcionarios a su cargo y su propia familia con los órganos de soft power británico y hard power estadounidense despiertan sospechas que a esta altura, en los pasillos de Cancillería, ya se pronuncian en voz alta.
El giro retórico malvinero que intenta Milei para salvar a su gobierno, hundido por los pésimos resultados económicos, choca demasiado pronto con la realidad. No hay un súbito aprecio por la soberanía de parte de personas como Quirno, que hace apenas dos meses decía que se trataba de un concepto anticuado, o de Milei, que sigue teniendo una estampita de Margaret Thatcher en su despacho. Sólo la utilización bastarda de una causa nacional con fines electorales y que puede culminar en una posición aún más desfavorable para la Argentina, como la última vez.
La máquina de planificar
Se cumplió un nuevo aniversario, el número 53, del ataque al Palacio de la Moneda y el golpe de Estado contra Salvador Allende, que puso fin al único intento de transición democrática al socialismo y en el mismo acto puso en marcha, mediante el uso de la fuerza y la violencia contra la propia población chilena, la primera aplicación concreta de las recetas neoliberales en un país. Hoy vemos cómo la Casa Blanca propone, una vez más, la vieja maniobra de vincular a la izquierda con el autoritarismo y a la derecha con la libertad. Esta historia comienza exactamente al revés.
El experimento del socialismo por la vía democrática no fue lo único que se interrumpió ese 11 de septiembre de 1973. También fue el punto final de un experimento inédito de utilización de la tecnología más avanzada para la época en el marco de un proceso de planificación económica centralizada bajo control obrero en tiempo real. Allende convocó, para esa tarea, a Stafford Beer, un teórico inglés, de trasfondo conservador, uno de los grandes popes de la época en los campos de cibernética y teoría de sistemas aplicadas a la gestión. El resultado se llamó Cybersyn, o Synco.
Cybersyn era una red de máquinas de telex, en cada unidad productiva, conectadas a una computadora central que procesaba en tiempo real la información. El sistema incorporaba mecanismos para que cada trabajador pudiera utilizarlo para comunicarse y mandar señales a través de una estructura de múltiples niveles que permitía la participación obrera efectiva. El sistema llegó a testearse: en el lock out de camioneros de octubre de 1972, a través de Synco, el gobierno pudo coordinar una red de transportistas "leales" que respondió ante los casos más graves de desabastecimiento.
Menos de un año más tarde voltearon a Allende y se interrumpió el experimento más avanzado del siglo XX de una tecnología de vanguardia puesta al servicio del poder popular, todo en un marco democrático. Queda a la vista el viejo truco neoliberal de decir que hay una sola forma de hacer las cosas mientras se boicotea, obtura y ataca, por todos los medios disponibles, a cualquiera que efectivamente intente una alternativa. Con el paso de los años, los archivos desclasificados dejaron evidencia abundante de la participación de la CIA en el golpe que puso fin a Cybersyn.
Del 11S al fascismo algorítmico: el origen del imperio de vigilancia de Peter Thiel
Otro 11 de septiembre, pero de 2001, hace un cuarto de siglo, fue el atentado contra las Torres Gemelas y contra el Pentágono, que dio comienzo a una nueva era para la utilización de tecnología en la vigilancia masiva de las personas. 45 días después del ataque, George W. Bush firmó el Acta Patriótica. Bajo esa nueva doctrina, y ante el vacío que dejó la caída del paradigma de inteligencia que regía hasta ese momento, un joven Peter Thiel, menos de dos años más tarde, fundó Palantir, la compañía que creció dentro de la CIA y en dos décadas colonizó el Estado norteamericano.
La premisa de Palantir, aplicada al antiterrorismo, no difiere mucho de Cybersyn. Para Thiel, el fallo de inteligencia que permitió el 11S no fue por falta de información, sino porque estaba compartimentada y no podía procesarse en forma centralizada y en tiempo real. Su máquina gestiona la información de millones de terminales involuntarias. Hay una diferencia crucial. En Chile se concibió para planificar, hacer crecer la economía productiva y colectivizar beneficios y decisiones; en Silicon Valley para predecir, inflar el valor financiero y concentrar los beneficios y las decisiones.
Los días que estamos viviendo, con la distopía chisporroteando en el aire como estática, conjugan la herencia de estas dos historias: el neoliberalismo realmente existente, asociado desde antes aún del golpe de Pinochet con la violencia antidemocrática y al dinero de la CIA, y el fascismo algorítmico de Silicon Valley, que tuvo su gran salto hacia adelante a partir del atentado contra las Torres Gemelas. No se puede entender a Milei, ni a Trump, ni al plan afiebrado para quedarse con el continente americano, desde Groenlandia hasta Tierra del Fuego, sin esos dos componentes.
Caída en las encuestas y tensión internacional: el complejo escenario para Milei y Trump
No son días sencillos para ellos. Los dos presidentes pasan por el peor momento en términos de popularidad, de acuerdo a las últimas encuestas. Milei no logra dominar la inflación, su única promesa electoral irrenunciable. Desde hace un año que no baja de los 33 puntos. Ya hasta los economistas que siempre hicieron coro al oficialismo advierten que no habrá recuperación preelectoral para el empleo, los salarios o la actividad. Trump, por su parte, no consigue cerrar el conflicto en Medio Oriente, que esta semana escaló nuevamente e hizo que se dispare el precio del petróleo.
Esta semana comenzaron los ataques sistemáticos de ambos bandos a barcos petroleros; los hutíes tomaron toda la costa oriental del Mar Rojo en Yemen y controlan el paso de Bab el Mandeb. Además, un ataque desde Irak dañó fuertemente el oleoducto que atraviesa Arabia Saudita y permite sacar parte de su producción petrolera hacia Europa vía Suez. Estados Unidos se muestra incapaz o no dispuesto (o las dos cosas) de salir al auxilio de su principal socio en el mundo árabe. Ante cada traspié en Medio Oriente, se cerrará un poco más el puño sobre América Latina.
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