Milei se desarma pero lo sostienen Estados Unidos y los ultra ricos

Es necesario poner un límite mucho más severo a la acumulación infinita de dinero y de poder que resulta, a todas luces, incompatible con cualquier idea, incluso la más descremada, de democracia.
Por NICOLÁS LANTOS
Todo esto está sucediendo. Lo vas a ver, en los medios, cada día, como noticias sin relación. Historias separadas en el incesante flujo de contenido que disputa nuestra atención 24x7. Destellos de novedad que ocupan tu mente por un segundo hasta el próximo scroll. Eso es un error. En realidad son aristas de un mismo problema que define nuestras vidas. Piezas de un mosaico que, colocadas en forma correcta, exhiben una figura nueva, que no se podía adivinar en ninguna de las partes por separado.
La economía argentina entró otra vez en recesión. El EMAE de agosto, que se conoció esta semana, muestra una caída de 1,7 por ciento respecto al año anterior y un repunte con VAR de 0,1 por ciento en la intermensual después de que julio cayera 2,8 por ciento. Y este es un promedio que incluye a Vaca Muerta, al campo en un año de muy buenas cosechas y el crecimiento de 11,1 por ciento interanual en el rubro minas y canteras. Ni los enclaves alcanzan para disimular el derrumbe.
Sucede que diez de los quince sectores relevados retrocedieron. La industria manufacturera (3,2 contra el año pasado) y el comercio (3,5) fueron los más perjudicados. Esto se correlaciona directamente con el abismo en el que se hundió el consumo masivo, que acumula nueve meses de caída consecutiva. De acuerdo a un estudio de Scantech que publicó el periodista Leandro Renou, el ticket promedio es de ocho mil pesos por no más de cinco productos en cada compra.
El propio Milei tuvo que reconocer que no todo marcha acorde al plan. En una charla cordial con Jonatan Viale dijo que "la economía se expande menos de lo que se venía expandiendo" y que "el ritmo al que baja la inflación es más lento" por el impacto de la suba de la energía y los alimentos. Son tres confesiones en una: que la economía está retrocediendo, que la inflación no es en todo momento y lugar un fenómeno monetario y que sigue alta por decisión del gobierno, que desreguló el precio de los commodities.
Las hizo a la vuelta de un viaje catastrófico por España, donde esperaba participar de la campaña hacia las elecciones generales del 29 de noviembre y mostró una versión muy desmejorada que se convirtió en mancha venenosa para sus aliados. Santiago Abascal, de Vox, puso una excusa para alejarse de Madrid y sólo lo atendió mediante videollamada. Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, lo recibió fuera de protocolo, sin micrófonos y lejos del palacio de gobierno.
El candidato del Partido Popular, y favorito para ser el próximo presidente español, Alberto Núñez Feijoo, marcó distancia explícita con Milei. Cuando el gobierno argentino quiso tramitar un encuentro con el rey les informaron que por protocolo antes debía hacer lo propio con el mandatario Pedro Sánchez, al que Milei insultó desde el momento en el que puso un pie en la península ibérica. Finalmente, la visita fue usada como prenda de campaña por los "zurdos" del PSOE, que explotaron su impopularidad.
Sin embargo, a pesar del fracaso económico, de que Milei se esté convirtiendo en mancha venenosa, incluso entre los suyos, de que florecen mil flores en el cantero del rumbismo, el establishment cierra filas en todos los órdenes. El Poder Judicial lleva meses despojado de pudor, enterrando causas a diestra y más diestra, garantía de una impunidad que funciona como vértice del pacto que el presidente protagoniza pero no conduce, con el visto bueno de la oposición que le votó todos los pliegos en el Senado.
Uno de esos pliegos fue el de la ahora jueza Ana Juan, esposa de otro juez, Marcelo Martínez de Giorgi, que el viernes enterró la causa Libra, a pesar de todas las evidencias que existen de la estafa por más de 100 millones de dólares en la que el rol del presidente argentino estuvo a la vista de todos. En las últimas semanas también se cerraron las investigaciones por el acuerdo fraudulento con el FMI en 2018, las sociedades offshore de Luis Caputo y el espionaje durante el macrismo.
La noticia se celebró el viernes por la noche en la cena de la Fundación Faro, el dumb tank del fascista Agustín Laje que sirve para recaudar dinero para el gobierno vía Fuerzas del Cielo / Santiago Caputo. En su discurso, Milei pidió "quemar en la hoguera a los hijos de puta" que "utilizaron este tema" (es decir, hablaron sobre la estafa Libra) para dar "un golpe de Estado". Mencionó por nombre y apellido a cinco periodistas y comunicadores, algunos de ellos notoriamente oficialistas.
Desde las mesas principales lo aplaudieron algunos de los empresarios más poderosos del país, que pagaron hasta 300 mil dólares cada uno por esas ubicaciones, de acuerdo a lo que publicó Marcelo Bonelli. Es el círculo rojo argentino, el mismo que pasó años hablando de instituciones, república, seguridad jurídica y estado de derecho, que ahora sostiene a Milei, incluso en su versión más descarnadamente violenta y autoritaria, incluso cuando la economía se derrumba y su popularidad también.
Es sintomática en ese sentido la reciente sociedad entre Javier Negre, exsocio de Cerimedo en La Derecha Diario, y José Luis Manzano, uno de los grandes ganadores con este gobierno. En una operación que dio a conocer Diego Genoud en El Destape, Manzano, que ya tenía participación en dos canales de aire y una señal de noticias en la Argentina, inyectó millones en un dispositivo de fake news, fraude electoral y propaganda fascista de alcance bicontinental Right News Media.
El jueves se dio a conocer la noticia de que Elon Musk hizo una inversión de mil millones de dólares en Skydance, el conglomerado mediático que es dueño, entre otras cosas, de las cadenas de noticias CNN y CBS, dos de las más importantes de Estados Unidos. El dueño de Tesla ya lleva gastado, además, casi 500 millones de dólares en esta campaña de medio término, un récord individual absoluto y un 50 por ciento más de lo que gastó hace dos años para apoyar a Donald Trump.
Sólo en Texas, donde están afincadas sus empresas, lleva gastados más de 158 millones de dólares para evitar un triunfo del demócrata James Talarico. Al mismo tiempo, los posteos contra Talarico en X, la red social que compró Musk hace cuatro años, se volvieron omnipresentes, y los de su equipo estaban ocultos. El tipo más rico de la historia usa ese dinero para comprar medios, algoritmos y campañas políticas que llevan al poder a funcionarios que se dedican a hacerlo aún más rico. Le funciona.
El plebiscito para imponer un tributo a las grandes fortunas por única vez en California, la Propuesta 40, que se resolverá el día de las elecciones, es una reacción a esta desigualdad tan acentuada, que también deja su huella en la falta crónica de recursos para salud, educación, programas sociales, vivienda o infraestructura que no esté dirigida a sostener un negocio corporativo. De a poco estamos viendo los contornos políticos de un proyecto alternativo al fascismo escatológico de los ultra ricos.
La noticia esta semana fue que Mark Zuckerberg, el fundador de Meta, de acuerdo a documentos fiscales, inició los preparativos para hacer frente al pago del impuesto si se aprueba sin que la venta de acciones que deberá afrontar diluya su poder dentro de la empresa. Son más de 10 mil millones de dólares. Como parte del acuerdo, negoció el compromiso de mantener su residencia allí al menos por ocho años. Las amenazas de una estampida de millonarios no se corroboran.
Aunque necesarias y bienvenidas, estos aportes como la Propuesta 40 o el que se implementó en Argentina durante la pandemia son iniciativas que resultan insuficientes. Lejos de tener el carácter revolucionario que a veces se les endilga, configuran apenas reflejos conservadores que sólo pueden poner parches a una situación de deterioro que necesita respuestas mucho más profundas. Después de pagar el impuesto californiano, si sucede, los ultra ricos seguirán siendo tan ricos como a comienzos de septiembre.
Es necesario poner un límite mucho más severo a la acumulación infinita de dinero y de poder que resulta, a todas luces, incompatible con cualquier idea, incluso la más descremada, de democracia. Todo el dinero y el poder (algorítmico, mediático, político) que sobra en la punta de la pirámide se vuelca en corromper el sistema para ponerlo al servicio de esa misma lógica de acumulación, que se retroalimenta. Musk puede gastar 1500 millones de dólares en una campaña porque tiene casi mil veces esa cantidad.
En Brasil hoy se define una de las batallas más importantes para que Estados Unidos termine de subordinar el continente americano a sus planes de dominación imperial y carrera tecnológica contra China, que tiene en América Latina una fuente inmejorable de recursos estratégicos. Meta fue protagonista durante el final de la campaña por el trato diferenciado que le dio a los dos candidatos, premiando la circulación de contenido de Flavio Bolsonaro y restringiendo la actividad de las cuentas de Lula.
En una elección que puede resolverse por unos pocos miles de votos (como se supone que puede pasar en Brasil, como sucedió en Colombia, en Perú y en Honduras), esta asimetría puede torcer el resultado. ¿Si Bolsonaro gana por unas décimas de punto, después de una campaña tan desigual, alguien puede asegurar que ese resultado refleja, realmente, la voluntad del pueblo brasileño? ¿Podemos seguir hablando de democracia cuando la cancha está tan inclinada en un solo sentido?
Si se impone, por un pelo, un candidato que tuvo a su disposición en la campaña cinco, diez o cien veces más recursos que su rival, que cuenta a su favor con el apoyo de medios de comunicación y redes algorítmicas, que para ganar miente, calumnia y amenaza, ¿esa elección refleja la voluntad popular o el poder del dinero? ¿El ganador puede arrogarse esa legitimidad como si nada pasara? ¿Hay que fingir que es un justo resultado y seguir adelante? ¿Esa caballerosidad es recíproca? No. No lo es.
Esos mismos "demócratas", que exigen respeto por el resultado de las urnas, son los primeros en no respetar las instituciones y las garantías en las que se embanderan. Si pueden ganar las elecciones con campaña sucia, lo hacen. Si no pueden, intentarán hacer fraude. Si el fraude no tiene éxito, dan un golpe de Estado, como en Washington en 2021 y en Brasilia en 2023. Si el golpe fracasa, se victimizan, nuevamente con ropajes de demócrata, para no pagar las consecuencias.
Cuando ganan, gobiernan por decreto, persiguen opositores y reprimen las protestas. En Ecuador esta semana metieron presa a la excandidata presidencial del correísmo, Luisa González. También están detenidos el ex vicepresidente y varios alcaldes de ciudades importantes. El mes que viene hay elecciones locales y la oposición tiene prohibido participar. El gobierno de Daniel Noboa cuenta con el apoyo total del departamento de Estado y su titular, Marco Rubio.
Nada de todo lo anterior formó parte del temario en la reunión de los varones del PJ que se llevó a cabo este jueves por la noche en la ciudad de Buenos Aires, rodeada de un secretismo que poco se corresponde con lo banal de lo conversado. Hay consenso unánime en esa primera plana, en la que el massismo está sobre representado, respecto a que el desgaste de Milei derivará, automáticamente, en un triunfo peronista. Todo lo demás puede esperar. ¿Puede esperar?
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