Ni Cámpora ni moderado: Kicillof calibra su estrategia para ganar un balotaje en 2027

Por Gabriel Sued
Axel Kicillof no se ve ni parecido al "enano soviético" que menciona Javier Milei para caricaturizarlo. Pero no cree que en su camino hacia 2027 tenga que salir a dar señales para tranquilizar a los mercados, como le reclaman actores del peronismo más corridos a la derecha.
Sabe, eso sí, que por el fracaso del gobierno de Alberto Fernández sectores de la sociedad se resisten a votar a un candidato peronista. Entiende también que para ganar las elecciones presidenciales, sobre todo si se definen en un balotaje, será necesario reconquistar a esos sectores. Piensa, dicen dirigentes de su espacio, que para eso es conveniente seguir mostrando, entre otras cosas, autonomía respecto de Cristina Kirchner.
La estrategia para dar la batalla está definida. Kicillof no va a moderar su discurso para seducir al espacio del centro. Tampoco va a nominar de manera anticipada como parte de su eventual gobierno a una figura que garantice estabilidad macroeconómica. Horacio Rodríguez Larreta y Carlos Melconian no están en su menú de opciones.
Se mostrará, como ya lo hizo en las últimas semanas, como un dirigente abierto al diálogo y la convivencia con todos los sectores, incluso con los que están en las antípodas de su pensamiento. "No existe un Axel Kicillof de centro y moderado. No va a crear una figura marketinera. Pero sí va a mostrar que puede dialogar con todos", dice un integrante de su mesa chica.
La visita a Córdoba, que incluyó un contacto previo con el gobernador Martín Llaryora; la exposición junto con al economista liberal Diego Giacomini, en la Feria del Libro, y la reunión reciente con el empresario Eduardo Constantini pueden leerse como parte de una gestualidad para mostrar a un Kicillof abierto y a la vez auténtico, "sin sobreactuaciones", dicen los dirigentes que trabajan en su proyecto presidencial.
En el equipo del gobernador se mostraron muy conformes con la escala en Córdoba, segunda estación de su primera recorrida del país como virtual candidato a presidente, después de haber estado en Tierra del Fuego, el 2 de abril. Llegó a la provincia que gobierna Llaryora sin el armado de ningún referente local, destacaron en La Plata.
Antes de viajar, se comunicó con el gobernador para ponerlo al tanto de la visita. Llaryora, que atraviesa un proceso de tensiones con Juan Schiaretti parecido al de Kicillof con Cristina, le garantizó que no iba a poner obstáculos a la visita. Le compartió además una encuesta nacional, hecha por Delfos, una consultora local, que muestra al gobernador bonaerense con una imagen positiva del 46%, 8 puntos por encima de Cristina Kirchner. Aunque no hubo reunión ni hay perspectivas de un acercamiento en el corto plazo, la relación con Llaryora es buena, mejor que con Natalia De la Sota.
El encuentro con Constantini se produjo el martes, en el MALBA de Escobar, por una invitación del empresario al gobernador. Constantini, también economista, le contó a Kicillof que es fanático de John Keynes, el autor denostado por Milei, sobre el que el gobernador acaba de publicar un libro. Quedó en mandarle un ejemplar dedicado. De la reunión participó el intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, que más temprano acompañó a Kicillof al parque industrial local. "No reniego del equilibrio fiscal pero lo más importante es la cuenta de dólares", dijo el gobernador a los empresarios.
La operación para tomar distancia de la ex presidenta avanza sin cambios. No pasa por marcar diferencias respecto del proyecto de país ni de desconocer que está presa como víctima de un juicio irregular. La clave, dicen en La Plata, está en construir un nuevo liderazgo político, sin la tutela de la ex presidenta. Después de haber creado el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), de haberle retaceado a Cristina el apoyo para presidir el PJ y de haber impuesto el desdoblamiento electoral en 2025, Kicillof cree, dicen en su entorno, que buena parte de la tarea está hecha.
Lo que queda del trabajo, reconocen por lo bajo, lo están completando los dirigentes cercanos a Cristina que salieron en los últimos días a exigir que el candidato del peronismo se ordene bajo la conducción de la ex presidenta. La diputada Teresa García llegó a decir que se necesitaba un "nuevo Cámpora". Esas declaraciones y las de Sergio Berni, entre otros, le facilitaron la tarea a Kicillof, reconocen en su entorno. Al gobernador le bastará con presentar una candidatura sin el aval de Cristina para demostrar que no será un "nuevo Cámpora" ni otro Alberto Fernández. La idea podría fortalecerse si llegara a enfrentar en unas PASO a un candidato ungido por la ex presidenta.
Cerca del gobernador imaginan un escenario electoral polarizado, con una profundización de la crisis económica como telón de fondo. "Las cosas pueden llegar a estar peor de lo que están hoy. La sociedad no va a poner al sostenimiento del equilibrio fiscal en el centro de sus demandas", analiza un ministro bonaerense. En un contexto de polarización, en el que Kicillof aparezca como el rival de Milei, no habrá mucho espacio para opciones de centro ni para fugas por izquierda, dicen.
Eso sí, tienen argumentos listos para rebatir la idea de que Kicillof es sinónimo de desorden económico. Sostienen que la provincia tuvo superávit hasta que llegó Milei, que la gestión provincial "honró las deudas" que heredó de María Eugenia Vidal y que ante la caída de la recaudación que sufren todas las provincias por efecto de la recesión no se crearon nuevos impuestos sino que se recortaron partidas sensibles, como el plan alimentario MESA. "Hasta la estatización de YPF partió de una concepción fiscalista. La Argentina necesitaba recuperar el superávit energético para dejar de poner plata en subsidios que generaban déficit fiscal", dice un dirigente del MDF.
Fuente:
El Destape
