¿Qué sería “ganarle a Milei”?

30.05.2026

Por Federico Vázquez - Periodista

¿Cómo ganarle a Milei? es una pregunta con las marcas de la consultoría política. Esta disciplina parece haber hecho metástasis en el cuerpo de dirigentes, militantes y público politizado. Desde la consultoría, la pregunta se responde con un listado de demandas que el electorado expresa en diversos estudios de opinión. Es, sí, una forma de encarar el asunto; pero vamos a probar por otro lado.

En esta última década nos terminamos de convencer de que estábamos en un péndulo: un gobierno peronista, otro antiperonista, y así. Los últimos tres presidentes no pudieron ni reelegirse ni elegir a su sucesor. Visto de esta forma, la apariencia es la de un largo "empate" que no se resuelve. Pero esa dimensión tiene más que ver con el resultado electoral que con el balance político. La última década lejos estuvo de ser neutra: vivimos un avance sustancial de los intereses de la élite y un retroceso profundo de los sectores medios y populares.

Los salarios, con momentos de caída vertical o de tibia recomposición, fueron a la baja, mientras que los grandes grupos económicos aumentaron su participación en el ingreso. Luego del 50% y 50% de reparto del ingreso entre capital y trabajo registrado hacia el final del kirchnerismo, la relación comenzó a desbalancearse y hoy es 56 a 44% (1). En el mismo movimiento, se redujo la cantidad de empresas, dejando en el camino a miles de pequeños o micro capitales. En síntesis: el capital, cada vez más concentrado, le viene ganando por goleada al trabajo.

El avance se da en dos planos adicionales. Uno, particularmente visible durante este gobierno, es la traducción de los intereses corporativos en el discurso público: quien tiene dinero, tiene razón. Quien no tiene, es sospechado de vagancia. Un trader de 22 años que estafa con sus cursos es un "genio"; un investigador científico que gana poco es un imbécil que "no la ve". Los héroes sociales son quienes evaden impuestos, y los que atienden la salud de nuestros hijos deben hacerlo con salarios de miseria –y si se quejan pueden recibir citaciones judiciales–.

Por supuesto que hay una disputa del sentido social; no se trata de una situación hegemónica. Como suelen mostrar los estudios de opinión cualitativos, muchas veces esas ideas no son las mayoritarias. Pero estábamos hablando de poder, no de encuestas. Alcanza con la novedad ("lo disruptivo", "la rebeldía de derecha", etc.) y la sensación de "sentido común" cuando esas ideas draconianas son enunciadas y legitimadas desde los sectores con mayor poder económico, político y comunicacional.

Por último: desde 2016 van ya dos gobiernos (Mauricio Macri y Javier Milei) que eligieron como política internacional la sumisión estratégica a los Estados Unidos de Donald Trump. El factor más notorio de esa situación es el retorno de la deuda externa, a lo que Milei sumó el manejo financiero local. Aunque el peronismo no haga mucho por dejarlo claro, hay un hilo que une el préstamo de Christine Lagarde a Macri con el desembarco de Peter Thiel para jugar ajedrez en un club de barrio. Se llama pérdida de soberanía.

El repaso resulta útil para volver a la pregunta inicial: ¿el peronismo –junto con otros sectores políticos y sociales afines– será capaz de torcer ese rumbo general que hoy aparece consolidado? En eso consistiría, en un sentido que supere la anécdota electoral, "ganarle a Milei".

El vacío que la interna tapa

Por más ganas que le pongan a la argumentación, hace años que las "internas" del peronismo desgastan y aburren. La razón es que por distintas causas los máximos dirigentes involucrados no pueden nombrar lo que por debajo sí hacen los peronistas de a pie y sus dirigentes intermedios. En el documental "Peronistas" (2), una dirigente barrial expresa, antes que enojos personales, una síntesis insuperable sobre el fracaso del gobierno del Frente de Todos: "No planificamos". Otro militante se pregunta por las consecuencias de cantar "Si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar" si después fue poco lo que se pudo hacer al respecto, incluso desde las filas de la ex presidenta.

Como suele pasar con la militancia, esas puntas de ovillo, u otras muchas, no buscan reemplazos dirigenciales, ni resolver cuitas personales, ni virajes ideológicos trasnochados. Tan solo marcar una sucesión de errores y deficiencias demasiado evidentes que ni siquiera la actual disputa por la conducción política del peronismo es capaz de ocultar del todo. Podría decirse: ojalá todo el problema fuera quién conduce o quién es candidato.

Es más, muchos de los dilemas que enfrenta el peronismo fueron generados por circunstancias externas, por movimientos producidos por los otros jugadores –cada vez más poderosos a lo largo de esta década, como ya hemos señalado– que alteraron cuestiones básicas sobre las que se asentaban las "tácticas y estrategias" desde 2003 en adelante. En definitiva, el problema de la interna no es solo su falta de resolución o el inmovilismo que genera. Comparado con el tamaño del desafío más general que enfrenta el peronismo, ese problema ocupa un lugar secundario.

Candidatos hay, lo que parece faltar es el proyecto.

¿A quién escuchar?

Una decisión crucial para cualquier fuerza política, pero todavía más para una de origen popular, es a quién escucha. Proponemos un método clásico: escuchar a los que se movilizan, a los que tienen ganas de dar pelea, a los que tienen algún pergamino que mostrar.

Como se trata del peronismo, arranquemos por el mundo del trabajo. Iara Carbotti y Juan Manuel Ottaviano señalan: "Enfrentamos una etapa en la que las diferencias se encuentran cubiertas por una experiencia común de deterioro. Ahora más que nunca, la nueva coalición política necesita dejar de (mal) entretenerse en las fricciones de la fragmentación" (3).

Atendamos este debate. Desde hace un tiempo, se elige contar las distintas fragmentaciones que sufren los trabajadores como quien cuenta un futuro inexorable, fatal. Argentina va camino de ingresar al club latinoamericano de países sin industria, donde los sindicatos son más rémora del pasado que una palanca política y social para armar un país.

Pero, ¿qué hubiera pasado si el kirchnerismo en 2003 hubiera ofrecido como solución el mercado de trabajo existente a fines de los 90? Un país de parripollos, empleados de Ugi´s y atención al cliente, en lugar de subir la loma para la reapertura de fábricas industriales, el crecimiento de la construcción pública y privada y el desarrollo de sectores entonces novedosos, como la informática y el software. Mirar el estado de cosas en medio de una crisis no suele ser la mejor forma de inspirarse para construir futuro.

Por más ganas que le pongan a la argumentación, hace años que las "internas" del peronismo desgastan y aburren.

Pero es en este campo del mundo del trabajo "tradicional", muchas veces dado por muerto, donde emergen novedades políticas. El 1º de Mayo pasado, un nuevo nucleamiento sindical, el Frente de Sindicatos Unidos (FreSu), se presentó en sociedad con un plenario de delegados que hizo público un programa político. Se miran a sí mismos en las experiencias de la CGT de los Argentinos de 1968, en los 26 puntos de Saúl Ubaldini de mediados de los 80, en la fundación de la CTA en 1991 y la rebelión del 19 y 20 de diciembre de 2001. Además de pedir aumentos salariales, el documento subraya la necesidad de garantizar los derechos laborales de los trabajadores de plataformas digitales y la formalización del trabajo precario. Supera los límites sindicales y pide la vuelta de la obra pública, de la política industrial, una reforma tributaria progresiva y que los recursos naturales estratégicos "estén al servicio del desarrollo nacional". A diferencia de lo que sucede dentro del peronismo, ese movimiento sindical se origina en una confianza política y personal entre sus máximos dirigentes que, para sumar un punto más a la extrañeza, provienen de ámbitos distintos, como es el caso de Abel Furlán (UOM), Rodolfo Aguiar (ATE) o Daniel Yofra (Aceiteros). No piden espacios en las listas, quieren discutir política. ¿El peronismo tendrá la manera de darle cauce a esa voluntad?

Otro sector donde se están moviendo las cosas es el educativo. Van cuatro marchas federales desde que asumió Milei. Todas multitudinarias y extendidas a lo largo del país. ¿No puede pensarse que esa energía social, además de la defensa sectorial, legitime una nueva apuesta donde lo "público" y la "calidad" vayan de la mano? ¿Por qué no ver en las universidades no tanto la joya de la corona, el último reducto civilizatorio a defender, sino un ejemplo de lo que podría ser también la escuela inicial y la escuela media si se les destinaran los recursos y la atención política necesaria?

La baja de la tasa de natalidad ya se siente en el nivel inicial. Los problemas que trajo la masificación de la escuela media son parte de los desafíos a enfrentar: no deben solo "defenderse" sino transformarse agresivamente. Las universidades necesitan recuperar presupuesto y la escuela pública necesita que se lo aumente en forma drástica y constante.

Por último, en un listado sólo ilustrativo, el peronismo debería poner la oreja más cerca de otro movimiento que demostró poder de fuego y victorias políticas y sociales como ningún otro en los últimos tiempos: el movimiento de mujeres. Las feministas argentinas lograron sumar al 8 de marzo como efeméride de movilización general, del mismo modo que en su momento lo había logrado el movimiento de derechos humanos con el 24 de marzo. También allí se produjeron novedades teóricas, filosóficas y de políticas públicas.

Cada estudio de opinión lo confirma: las mujeres son mucho más reacias a votar a Milei. También son las que expresan con menos recelo el malestar frente a las políticas oficiales. ¿Qué propone el peronismo en ese plano? ¿La imaginación política se pausó con la creación del Ministerio de la Mujer? Pero, además de tal o cual política concreta, ¿no debería el peronismo reorganizarse también a partir de ese eje femenino tan notorio en los últimos tiempos, que demostró capacidad de lucha, articulación y la voluntad de "tender puentes" hacia sectores antiperonistas pero bajo consignas propias? (4).

En forma menos corpórea, podemos notar otras dos líneas que crecieron con particular fuerza dentro del "público" opositor-peronista en los últimos tiempos. La primera es el nacionalismo, que se escenifica en el renovado reclamo por Malvinas, pero unido a otros temas, como la preocupación por la compra de tierras por parte de empresarios extranjeros, la entrega del patrimonio tecnológico, atómico y satelital a intereses corporativos estadounidenses o la enajenación de la soberanía fluvial de la hidrovía sobre el Paraná. Considerado en forma conjunta, ese nacionalismo pierde cualquier carácter reaccionario o de catacumbas y pone en cuestión una serie de ideas y sentimientos que serán necesarios para cualquier gobierno que quiera recuperar palancas de decisión en un mundo donde retornó un "imperialismo sin buenos modales" (5).

Y todavía más incipiente, pero con chances de ganar centralidad, circula la necesidad de cobrar más impuestos a los más ricos. Esta conversación tiene varias ventajas para el peronismo. Una, ligada a los debates por el equilibrio fiscal: alguien tendrá que pagar el programa de reconstrucción social y productiva de los próximos años, y es evidente que la mayoría social ya dio todo lo que podía. Si la idea es cuidar el equilibrio fiscal, quedan dos alternativas: o esa reconstrucción es un discurso para la tribuna o habrá que cobrar impuestos a los que tienen margen para pagarlos. La segunda ventaja es el "error" que cometió la élite argentina desde 2023. Por primera vez, algunos empresarios cercanos al gobierno salieron a sostener no sólo a Milei sino a defender todas sus ideas. El tuit de Marcos Galperin riéndose de una jubilada que no puede comprar remedios es el "cajón de Herminio" que deslegitima el intento de que sus intereses particulares se asuman como generales. Finalmente, la propia economía de Milei deja demasiado a la vista quiénes "pierden" y quiénes "ganan": se impone una reforma impositiva que invierta esa lógica.

Trabajadores organizados, movimiento educativo y movimiento de mujeres, el retorno de ideas nacionalistas y distribucionistas, aparecen entonces como lugares físicos y conceptuales a donde el peronismo puede ir a buscar ya no un triunfo electoral, sino una victoria política.

Cristina y el Poder Judicial

Todo parece indicar que Axel Kicillof será al menos uno de los candidatos presidenciales del peronismo, es decir, quien deberá calibrar estos u otros temas, convocar a los sujetos sociales, conformar una síntesis. ¿Cuál es el lugar de Cristina? Por ahora, se la enuncia sólo a partir de la disputa interna del peronismo. Pero la condena y proscripción muestra hasta qué punto hoy existe un Poder Judicial faccioso, del que nadie –sin excepciones ideológicas– espera imparcialidad.

Hoy hay dos poderes del Estado que funcionan más o menos como dice la Constitución. Y eso que el Presidente es Javier Milei y que en el Congreso opina y vota Lila Lemoine. Pero aun con esos personajes, ambas instituciones conservan su origen democrático y un funcionamiento todavía reconocible. Con el gobierno de Macri, la lógica de "los servicios" terminó de cooptar al Poder Judicial. Como vemos todos los días, los juzgados y las Cámaras, sobre todo del Fuero Federal, se dedican a cuidar intereses de los empresarios amigos, dirimir internas de poder y perseguir al peronismo. Sin embargo, casi nadie habla de eso.

Teniendo en cuenta semejante panorama, sorprende que los dirigentes peronistas se preocupen por ver quién declara si Cristina debe ser indultada o no, cuando la respuesta a esta situación pasa por exigirle al Poder Judicial que revise una actuación que fue a todas luces parcial. No sólo porque esa es la única manera de que la inocencia de Cristina pueda ser probada frente a la sociedad, sino porque es necesario construir consenso sobre el estado de podredumbre de la Justicia argentina. A un año de la detención de Cristina luego de un juicio con ribetes notorios de revancha política, el peronismo no produjo ninguna manifestación frente a los tribunales, como sí hizo en 2016. Más que reclamar la promesa de un indulto, quizás el camino pase por abrir la discusión a medidas que hoy parecen revolucionarias, como un juicio político a la Corte Suprema, una revisión de los integrantes del Fuero Federal o la exención del pago de ganancias de los jueces.

Escuchar a los que se mueven y ser al mismo tiempo parte motor de esos movimientos son caminos todavía inexplorados por un peronismo cuyo problema mayor no es sólo el liderazgo y las candidaturas.


1.https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel3-Tema-4-31

2. "Peronistas" es un documental con entrevistas a trece militantes peronistas de distintos sectores y extracciones sociales, producido por Futurock durante 2026. Disponible en su canal de YouTube.
3. "(Mal) entretenidos en la fragmentación", disponible en www.futurock.fm
4. Sol Prieto, "¿El General se pasó tres pueblos?", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 2025.
5. Gilbert Achcar, "Imperialismo sin buenos modales", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2026.

Fuente:

Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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