Trumpismo sin Trump

Milei cae en las encuestas por el éxito de su modelo, no por el fracaso. La mora como alarma electoral y la apuesta forzada al trumpismo anti inmigrante.
Por Ignacio Fidanza
La economía exportadora de materias primas con macro equilibrada que prometió Milei está dando sus frutos. Es esto que vemos: dólar más contenido que antes, equilibrio fiscal, baja de la inflación. Y también es baja drástica de la inversión pública y destrucción de empresas medianas y pequeñas, sobre todo en industria, comercio y construcción; que es lo mismo que decir, destrucción de empleo de calidad; que es lo mismo que decir destrucción de clase media.
El éxito del Modelo de Milei puede ser su condena electoral. Por ceguera ideológica o disciplinamiento con los verdaderos factores de poder que lo sostienen, el Presidente y su ministro Toto Caputo han decidido profundizar el rumbo que los está derrumbando en todas las encuestas serias, por ejemplo, el índice de confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella, que suele anticipar escenarios electorales.
Incluso en el FMI advierten el peligro que representa para el programa en curso la falta de dinamismo en los sectores que generan empleo y poder adquisitivo. Es decir, aún en la ortodoxia se dan cuenta que una estabilización únicamente anclada en el crecimiento de campo, minería y petróleo, es frágil. Crecimiento de baja calidad, lo etiquetan los técnicos.
Cuando Milei prometió que iba a regresar a la Argentina de principios del siglo XX, cumplió. Al menos en la parte más regresiva de aquel modelo romantizado.
Pero volvamos al presente. La mora de familias y empresas volvió a dispararse. Para un modelo que retira al Estado y sólo propone crecer vía crédito, el dato es veneno concentrado. "A las empresas el gasto les creció un 50 por ciento y la facturación les cayó un 50 por ciento, la mora está mal y va a empeorar", reconoce un empresario cercano al gobierno. En las familias la situación es incluso más grave: toman deuda con tarjeta a tasas siderales, para comprar comida.
Frente a esta situación, el gobierno no tiene respuestas, más que los manotazos de ahogado de Milei de pelearse con Lula o prometer deportaciones de extranjeros. Un trumpismo sin Trump y más importante, sin Estados Unidos. Una extrapolación bananera de los conflictos de una superpotencia, tensionada por las dificultades para democratizar las ganancias demenciales de su complejo tecnológico.
Pelearse con Lula o prometer deportaciones de extranjeros. Un trumpismo sin Trump y más importante, sin Estados Unidos. Una extrapolación bananera de los conflictos de una superpotencia.
Allá no está funcionando, pero acá es una caricatura. Cerca de la mitad de su mandato, Trump está parado en un Estados Unidos con inflación alta en los consumos básicos, que está golpeando en serio a los trabajadores. Las diferencias sociales de ese gran país de clase media que fue Estados Unidos, ya son evidentes hasta en el acceso a la comida saludable y su impacto en los cuerpos y la salud de las personas. Un país con millones de trabajadores con dificultad para acceder a la vivienda, que no la pasan nada bien en las mismas grandes ciudades de la costa oeste, donde viven los trillonarios de la revolución de la IA.
Pero hay innovación, obra pública permanente y empresas globales que lideran campos de conocimiento.
El plan de Trump para reindustrializar Estados Unidos está problematizado, pero acá no hay ningún plan.
Tenemos entonces un Presidente aferrado a un dogma que ahora empieza a mostrar su lado oscuro, atado a otro presidente que puede perder en las cruciales elecciones de noviembre de Estados Unidos. Un Estados Unidos que para cualquiera que lo quiera ver, parece estar cerca del vórtice de un cambio o conflicto agudo, sin tener muy claro cómo y para donde salir. Un cambio profundo que los veteranos periodistas Maggie Haberman y Jhonatan Swan, intentan retratar en su libro "Cambio de Régimen", dentro de la presidencia imperial de Trump.
Con un Partido Demócrata que debería capitalizar con facilidad el momento, pero está tensionado entre su ala moderada y el ascenso de los socialistas. En ese punto, una situación con algún parecido a la Argentina, que el análisis mecánico local reduce a una frase: "La gente está cansada de Milei, pero enfrente no hay nada, el peronismo es un desastre".
Lo que subyace sugiere una complejidad mayor. Si el futuro del capitalismo occidental es Estados Unidos, es evidente que ese modelo está estresado y la utopía distópica de perseguir inmigrantes y reforzar el Estado tecno-policial, no es una salida que parezca sostenible, si no logra, como no parece estar logrando, mejorar la calidad de vida de los trabajadores.
No está fácil el mundo y eso debería llevar a pensamientos pragmáticos, pero no es lo que abunda en el gobierno. El conflicto con Brasil, que abrió el ataque de Milei a Lula, es una apuesta tan arriegada como innecesaria para quedar bien con Trump, suponiendo que hubo una estrategia tras la brutal irrupción de Milei en la campaña brasileña.
No está fácil el mundo y eso debería llevar a pensamientos pragmáticos, pero no es lo que abunda en el gobierno. El conflicto con Brasil, que abrió el ataque de Milei a Lula, es una apuesta a quedar bien con Trump, suponiendo que hubo alguna estrategia detrás de la irrupción brutal del Presidente en la campaña brasilera. Una apuesta tan arriesgada como innecesaria.
Trump puede ganar o perder en noviembre. No lo sabemos. Pero arriesgar la relación con el principal socio comercial de Argentina, cuando todas las encuestas muestran una mejora considerable de Lula, no parece el movimiento más prudente.
Frente a esto el peronismo enfrenta un debate crítico: el kirchnerismo cree que Milei reelige y su modelo explota en el segundo mandato, generando así una reivindicación retrospectiva de los años de Néstor y Cristina. Y sobre esa base combate a Kicillof, para asegurarse la discusión de poder de fondo: el control de la provincia de Buenos Aires. El país no sólo se puede perder, es mejor que se pierda.
Kicillof cree que se le puede ganar a Milei y busca llegar con poder propio y no como un nuevo Alberto Fernández. Quiere acordar con Cristina de igual a igual, sólo que hasta acá, no se conoce que Cristina haya detectado iguales, al menos en el peronismo actual.
Si el peronismo es fiel a su historia y prioriza la búsqueda del poder, lo que debería ocurrir es un acuerdo para apoyar al candidato mejor posicionado. Un acuerdo difícil y cruzado de amenazas, como corresponde al folklore del movimiento. Si esto es así, lo que busca Cristina al agitar su candidatura obedece a la lógica política natural, de acumular fuerzas para negociar.
Pero estamos en tiempos extraños, donde abundan las preguntas y faltan respuestas.
Fuente:
https://www.lapoliticaonline.com/ignacio-fidanza/trumpismo-sin-trump-ignacio-fidanza/
