Un nuevo paso para entregar el desarrollo nuclear argentino a Estados Unidos

Por Pablo Esteban
Cuando el Gobierno afirma que está interesado en la energía nuclear no está diciendo que está interesado en que el Estado argentino aproveche sus propios recursos para impulsar su desarrollo. En realidad, todo lo contrario: la administración libertaria está interesada en rifar todos sus activos científicos y tecnológicos, con el único fin de obtener dinero fresco y cumplir con las órdenes del amo del norte. La Comisión Nacional de Energía Nuclear acaba de concretar un nuevo paso en esa línea: mediante un procedimiento administrativo, formalizó cómo sería la presentación de iniciativas privadas. Básicamente, avanzó en un manual de actuación para que los privados nacionales e internacionales que tengan intención de quedarse con los activos nucleares de Argentina puedan visitar las instalaciones y ver qué aprovechar. Es curioso, porque semanas atrás, durante la presentación de su informe de gestión en Diputados, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, indicó que "el plan nuclear anunciado por el presidente en diciembre de 2024 aún no entró en vigencia". En verdad, hay un plan y es rifarlo todo.
Esta movida que concreta la CNEA tiene como telón de fondo la firma del memorándum de cooperación para la gobernanza, la inversión y seguridad de las cadenas de suministro a nivel global. El documento, acordado entre Argentina y EE.UU., forma parte de la estrategia norteamericana denominada 'Alianza para la seguridad de los minerales críticos'. Los minerales críticos tienen una demanda global y desempeñan un rol en la transición energética.
Reactores a la venta
Entre los principales activos que posee la CNEA se encuentran los reactores y un recurso estratégico que, precisamente, sirve como combustible para el funcionamiento de las centrales nucleares: el uranio.
Por un lado, se halla el Carem (Central Argentina de Elemento Modulares), que constituye el primer reactor nuclear de potencia diseñado y desarrollado integralmente en Argentina. Con esta tecnología, ahora paralizada por el gobierno de Javier Milei (faltaba un 30 por ciento para concluirla), el país se ubicaba a la vanguardia en materia de nucleoelectricidad y energía limpia. Como aún son muy pocas las naciones que cuentan con uno, el diseño de este prototipo se proponía abrir la puerta para que más naciones alrededor del mundo quisieran tener el propio. La venta de un reactor de la magnitud del Carem podría significar un ingreso de 4 mil millones de dólares.
Por otra parte, se halla el RA-10 (Reactor Nuclear Argentino Multipropósito), que comenzó a construirse en 2016 en el Centro Atómico Ezeiza. Aunque tiene diversos objetivos, el principal se vincula con garantizar el autoabastecimiento de radioisótopos de uso médico, esenciales porque alimentan los centros de medicina nuclear del país, en donde se diagnostican y tratan pacientes con cáncer. A diferencia del Carem, este reactor está casi listo y será finalizado por el gobierno libertario que, casi sin esfuerzo, se llevará los créditos. No le tienta la ciencia local, sino el rendimiento que este avance puede lograr. Una vez que esté en marcha, con voluntad política y muy poco esfuerzo, podría significar ingresos de 90 millones de dólares al año.
En concreto: aunque Argentina podría aprovechar los beneficios económicos que darían como resultado la puesta en marcha de ambos reactores, se estima que podrían ser las primeras tecnologías en ser vendidas. Y a precios insignificantes.
El recurso estrella que quiere Trump
El otro aspecto que llama poderosamente la atención de Estados Unidos y los grupos privados es el uranio. ¿Por qué? Porque es el insumo que mueve a los reactores que, en última instancia, mueven a inteligencia artificial. Malinovsky comenta: "La explotación de uranio en el país no apunta a fortalecer el desarrollo local, sino a garantizar la exportación de mineral para abastecer a la industria estadounidense, que busca independizarse del uranio ruso".
En 2023, EE.UU. importó el 99 por ciento del uranio necesario para sus centrales nucleares, principalmente de Canadá, Australia, Rusia, Kazajistán y Uzbekistán. Asimismo, cuenta Malinovsky, tras los conflictos entre Estados Unidos y Rusia, el expresidente Joe Biden logró aprobar la Ley de prohibición de las importaciones de uranio ruso, que justamente restringió la importación a partir del 12 de agosto de 2024.
Argentina posee alrededor de 40 mil toneladas de reservas de uranio. El experto sigue con el detalle: "El consumo anual de nuestras centrales nucleares –Embalse, Atucha I y Atucha II– es de apenas 220 toneladas, que hoy se importan principalmente de Kazajistán. La minería de uranio en nuestro país fue cancelada en 1997, durante el menemismo, como parte de las políticas neoliberales orientadas al desmantelamiento de sectores estratégicos, entre ellos el nuclear, bajo el argumento de que 'importar era más barato'".
El paso administrativo que da ahora el gobierno a pedido de los grupos concentrados nacionales e internacionales es una manera de allanar el camino hacia la privatización de activos. Argentina, una vez más, tenía todo para convertirse en una potencia mundial en el rubro, pero ahora deja escapar una chance única.
Reestructuración y deterioro institucional
Para colmo, a la CNEA le sucede lo mismo que a todo el sistema científico y tecnológico: básicamente, desde que se inició la gestión libertaria, sus trabajadores denuncian desmanejos institucionales y ajustes que los invitan, prácticamente, a dejar la institución en busca de mejores posibilidades en los privados, o bien, en otros rubros. De manera reciente, trabajadores del sector difundieron un informe en el que destacan la "incorporación de personal sin experiencia previa en el sector nuclear".
El documento menciona: "Estas incorporaciones (en puestos directivos) se realizan en condiciones contractuales distintas a las del resto del personal y en un contexto de deterioro salarial, precarización laboral y restricciones presupuestarias. Esta situación genera preocupación entre trabajadores y sectores técnicos respecto de las capacidades estratégicas de la CNEA y del plan nuclear argentino". En síntesis: hay cada vez menos trabajadores calificados y cada vez más puestos directivos improvisados.
Un plan nuclear argentino que, vale destacar, presentó el físico Demian Reidel, quien en el presente también se ve envuelto en bretes judiciales, imputado por compras llamativas con la tarjeta de Nucleoeléctrica. Una comparsa al mando de un sector estratégico: nada puede salir bien.
Fuente:
P12
