Variaciones desde el hartazgo

05.10.2026
Foto de Luis Villasmil en Unsplash
Foto de Luis Villasmil en Unsplash

Por Mempo Giardinelli   

Desde hace varias semanas esta columna esboza y produce textos y tareas con el objetivo de recuperar la Patria perdida, que es en concreto esa Patria que tanto nos duele desde hace ya mucho tiempo y que es una Patria ofendida y abusada por pequeñas legiones de cipayos y traidores sobreprotegidos por el poder fáctico que desgobierna y destruye a la República Argentina.

Está a la vista que muchos despreciables sujetos que son miembros del actual gobierno, encabezados y estimulados por el mismísimo Presidente se dedican a degradar uno por uno los valores que por décadas mamaron y aprendieron generaciones enteras de argentinos y argentinas. Y sobre todo los valores morales, quede claro, que son los que menos se practican y respetan en todas las latitudes argentinas.

Por esa tragedia –que lo es– resulta urgente bregar por la reorganización de los partidos políticos, claro que estableciendo apriori los más rigurosos principios de honestidad y verdad. Que, claro está y tratándose de la desdichada Nación que hoy somos, quién sabe si será posible dejar de repudiar las infinitas falsedades, mentiras y acomodos que deformaron las informaciones políticas y económicas argentinas, y también latinoamericanas.

Ahí están como prueba los canales de la TV funcional al mileismo –o sea casi todos los canales, con pocas y muy honrosas excepciones– cuyo odio al peronismo y la sistemática misoginia son, por decirlo suave, de un gorilismo exacerbado.

Y es que ese antiperonismo cavernario que históricamente fue hipereaccionario e incluso criminal –y a menudo, golpista– define una ideología de la derecha ultraconservadora que en este país siente una rotunda y brutal aversión hacia los movimientos populares y sus líderes, siendo históricamente asociada con el rechazo a Juan Domingo Perón y en los últimos tiempos contra Cristina Fernández de Kirchner e incluso –ahora mismo– contra Axel Kicillof como el quizás más previsible –y honesto y presentable– candidato a intentar los cambios que esta adolorida Patria nuestra necesita con urgencia y solvencia moral.

Habrá entonces que implantar rigurosos principios y acuerdos para que nunca más la política en la República Argentina se desbarranque en función de intereses de caudillos y patrones de estancias que pervirtieron, tantas veces y tan descaradamente, las promesas electorales.

Es preciso para ello hacer docencia cívica profunda, para entender y hacer entender que las promesas electorales deben ser sagrados contratos de moralidad, así como las penas a los dirigentes y funcionarios traidores y cipayos deben ser siempre las más duras y rigurosas.

Solo desde esa rígida docencia se podrá imponer y enaltecer el principio democrático de la Cero Tolerancia para con los inmorales, los acomodaticios, los chupamedias, los cortesanos lameculos y los favorecedores de inmorales.

En otras palabras, y tratándose de la ardorosa, pertinaz y eterna lucha que sobrelleva nuestro pueblo, digamos de una vez que no hay otro camino que el de reconvertir a la política desplazando y condenando duramente a los chorros y traidores que hoy son legión en todas las estructuras políticas. Sí, en todas.

Y es claro, entonces, que quienes tengan las manos limpias y cero prontuarios, pues deberán estar a disposición de la moral republicana que es urgente recomponer porque nos va en ello el futuro de la República Argentina.

Desde luego que no faltarán los despectivos que retruquen estos principios. Pero entonces contra ellos también habrá que luchar y con más firmeza. Que se consigue desacomodando a los acomodados, sean familiares o serviles.

Se trata de no aceptar ni permitir más blanduras en el cumplimiento de penalidades a funcionarios chuecos y de moral sucia. No más dirigentes que la iban de peronistas mientras falseaban e incluso se enriquecían. Hay que reparar con urgencia todos los daños que le hizo cierto peronismo inmoral a la política, como hace años lo hizo el radicalismo inmoral que también extravió principios y acabó en blanduras que el pueblo nunca perdonó y pagó carísimo.

Y es que es hora de acabar con ciertos favores políticos. La política puede y debe ser impoluta y rigurosa, e implacable ante todo con los propios. Tengan el apellido que tengan y los padrinazgos que los protejan.

En la Argentina, hoy, o se corta de una vez con la inmorablidad política o no hay buen destino posible. Porque a este paso se diluirá la Patria. Es asunto nuestro, de cada ciudadano y ciudadana, que eso se detenga o se desmorone para siempre.

Y es claro aue uno puede sentir bronca por esto, pero atenti que aquí todo lo malo y perverso sucede porque se lo deja suceder. Porque la "oposición angaú" como la llamamos en el Chaco, es eso: verso y macaneo, política a traición a sangre, pero de burros heridos y enfermos.

¿Que esto es idealista? Cierto. ¿Que esto es imposible de aplicar? Falso. Porque si no existe la verdadera voluntad política de cambiar (no de renovar nomás, no de emparchar retóricamente, que con eso nunca alcanza) sin duda estaremos perdidos. Y no queremos ni debemos estar perdidos. Hace falta reaccionar, pero desde principios morales imbatibles e intorcibles. Porque la rigurosidad hoy más que nunca es imperativa y urgente. O se limpia la política de una buena vez, o chau Argentina. Así de claro y dramático.

Fuente:

https://recursoshumanostdf.ar/contenido/57500/variaciones-desde-el-hartazgo

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