Postemillas El banquero y el péndulo

07.04.2026

Por Vicente Muleiro - Escritor, dramaturgo, poeta y periodista

Coincidencias

"A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos", dijo el bardo ciego. Mirá vos: mientras transcurre este año del cincuenta aniversario del golpe cívico-militar reaparecen conceptos que, allá lejos, tuvieron su cuarto de hora dictatorial. Se trata de la tosca metáfora del movimiento pendular en la política y la historia. Lo recitaba el filósofo español José Ortega y Gasset durante sus estadas en la Argentina, ¿y quiénes lo vocearon como si se tratara de la verdad revelada? Pues los intelectuales de derecha, más aún, de ultraderecha, más aún, también supieron difundirlo genocidas: Jorge Rafael Videla, el primero.

Al rescate

En estos días la preocupación por lo pendular fue repescada por un banquero, Jorge Brito, capo del Grupo Macro, con banco incluido. El también ex presidente de River dijo el miércoles 25 de marzo: "Me preocupa que vivamos en un péndulo, de una profunda derecha a una profunda izquierda". La metáfora quería dar cuenta de las fluctuaciones ideológicas de un gobierno a otro, de una elección a otra. Los ultras de los años '40 se apropiaron de esa descripción baladí, creyeron descubrir la pólvora. Y aunque la idea no era lo que se pueda decir "brillante" consiguieron bastardearla un poco más.

Ortega, francamente

Es que Ortega y Gasset, pese a su exilio forzado en la Argentina entre 1939 y 1942 por controversias con el franquismo, evitó por aquí pronunciarse públicamente contra Francisco Franco, por lo cual no hizo buenas migas con la intelectualidad más crítica. Se recostó entonces en agrios derechosos como Máximo Echecopar, César Pico, Marcelo Sánchez Sorondo, entre otros nenes. Un entonces joven argentino exégeta de su filosofía, Jaime Perriaux, se le prendió como lapa. Militarista siniestro, aristócrata en falsa escuadra, creador del terrible "Camarón", que juzgaba inconstitucionalmente a la lucha armada, y luego numen intelectual del videlismo, Perriaux repartió aquella idea orteguiana y se la hizo replicar al dictador. El problema de la Argentina era el péndulo, el péndulo, el péndulo.

Pa'acá, p'állá

Ortega y Gasset observaba el vaivén de derecha a izquierda y de izquierda a derecha con el telón de fondo de la puja entre los dos grandes bloques ideológicos y las construcciones políticas criminales que el capitalismo reinventaba como autodefensa, a saber la panoplia nazifascista primero y, luego, la guerra fría. Pero por estos pagos habría una complicación singular y avanzando el tiempo el péndulo pasó a metaforizar ese vaivén que aún anda por ahí: peronismo-antiperonismo. Entonces los glosadores de Ortega se pusieron a cantar La Felicidad: la gran tarea política era por fin vérselas con el péndulo y pulverizarlo. O sea enmascarar un deseo primario e inalterable: eliminar el péndulo pero con el peronismo adentro, o sea eliminar al peronismo.

El trío Calambre

Otro cultor pendular fue Mariano Grondona quien, en sus escasos momentos de moderación, trataba de exhibirse conciliador y proponía "pulir" los extremos peronistas y antiperonistas. Más duro, Perriaux quería refundar la Argentina con una nueva generación de intelectuales que superaran "La argentina populista de Perón y Balbín". Videla, a su vez, tradujo a Perriaux con el par "gobierno demagógico-débil vs. gobierno militar-fuerte". Y fiel a su estilo apostaba a hacer desaparecer al péndulo. Pero ¿cómo?

La democracia de los muertos

Jaime Perriaux elaboró un plan político que le entregó a la Junta Militar genocida. Entre otras bellezas, proponía un largo reinado militar mientras se "educaba" a la población. También impulsaba un sistema elitista de selección de cargos y sufragantes y finalmente el retorno a cierto nivel de derechos ciudadanos con una condición insalvable: el voto calificado con la asistencia de una junta de intachables para filtrar a los jugadores. En ese plan, la legitimidad no la proveían los contemporáneos sino las estructuras y valores que venían del pasado, de los próceres, de la esencia de la vida nacional. Copiaba así, pesimamente, casi invirtiéndolo, el concepto de G.K. Chesterton sobre "la democracia de los muertos". Digamos: una especie de Chesterton pasado por Pepe Biondi ¡Qué fenómeno!.

El péndulo y la espada

No debe descartarse que la recurrencia a la figura de la "Argentina pendular" – y la deseada deriva en un gobierno "de centro" – sea un arte de quienes se ven obligados a simular que piensan, si tenemos en cuenta los personajes que la abusan, entre ellos algunos periodistas del independentismo manumiso. Que en 2026 la repita el empresario Jorge Brito, poseedor de la decimotercera fortuna de la Argentina, según la revista Forbes, devela algo más: el intento de imponer como de «moderados" los parámetros económicos de la derecha y sus variantes ultras, a saber: no meterse con la tasa de ganancia de los grandes capitales; no tocar las condiciones carnavalescas que gozan los inversores; naturalizar la distribución regresiva del ingreso; hacer del ajuste fiscal una bandera patriótica. De allí la admiración al transcurrir político – en apariencias más prolijo – de Chile, de Uruguay y, últimamente, de Perú. Así el péndulo bien podría desaparecer por izquierda, y transformarse en una espada de Damocles que se ubique siempre arriba de las cabezas sobre las cuales no llueve ni sopa.

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/postemillas-el-banquero-y-el-pendulo-por-vicente-muleiro/

Share