Rosario fragmentada

La crisis económica de Rosario está creando una nueva crisis de salud mental. Cómo una ciudad construida alrededor del empleo enfrenta una nueva etapa de incertidumbre social
Por Gisela Paola Mesa
Rosario fue durante décadas una ciudad que encontró en el trabajo una forma de definirse a sí misma. El puerto, la industria, los talleres ferroviarios, las fábricas metalúrgicas, el comercio y las pequeñas empresas no sólo generaron actividad económica: construyeron una cultura. Ser trabajador significaba pertenecer.
El empleo era una herramienta de integración social, una posibilidad de proyectar una familia, acceder a una vivienda, educar a los hijos y construir una identidad reconocible dentro de la comunidad.
Pero esa relación histórica comenzó a debilitarse. Hoy, la crisis laboral que atraviesa Rosario no se mide solamente en la cantidad de puestos perdidos. También se expresa en una dimensión menos visible: la pérdida de seguridad, de expectativas y de una idea de futuro.
La pregunta que comienza a recorrer la ciudad es más profunda que una estadística económica, ¿qué sucede con una sociedad cuando el trabajo deja de ser una promesa de progreso y comienza a convertirse en una lucha cotidiana por sobrevivir?
Los números de una crisis que excede al desempleo y alarma a los rosarinos.
Los datos oficiales muestran una fotografía del mercado laboral del Gran Rosario, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, el Gran Rosario registró una tasa de desocupación del 6,5% durante el cuarto trimestre de 2025. Al mismo tiempo, la tasa de empleo se ubicó en torno al 49,1%, mientras que la subocupación alcanzó el 12,9%,
La otra dimensión aparece en la precarización, trabajadores que tienen empleo, pero con ingresos insuficientes; personas que redujeron sus horas de trabajo; jóvenes que no consiguen ingresar al mercado formal; familias que dependen de múltiples estrategias para sostenerse.
La crisis laboral no sólo pregunta cuántos trabajan. Pregunta cómo trabajan.
El suicidio como indicador de la salud mental
En Santa Fe, los datos oficiales y legislativos recientes encendieron una alerta sobre la problemática del suicidio. Informes presentados ante la Legislatura provincial señalaron que durante 2025 se registraron 448 suicidios en la provincia, con una tasa estimada de 12,7 casos cada 100.000 habitantes. En esos mismos informes se advierte que Rosario registra una preocupación creciente por intentos de suicidio, autolesiones y crisis subjetivas, especialmente entre jóvenes.
La correlación que debe investigarse, La relación entre crisis económica y salud mental no funciona como una línea directa, sino como un proceso.
El desempleo puede producir pérdida de ingresos. La pérdida de ingresos puede generar endeudamiento y conflictos familiares. La incertidumbre prolongada puede afectar la autoestima, la identidad y los vínculos sociales.
Y el aislamiento social es uno de los factores que la salud pública considera relevantes al analizar situaciones de sufrimiento extremo.
En Rosario, donde el trabajo tuvo históricamente un valor cultural profundo, la crisis laboral adquiere una dimensión adicional.
Durante generaciones, ser trabajador industrial, ferroviario, metalúrgico o comerciante significó ocupar un lugar dentro de la comunidad.
Cuando esa estructura se debilita, la crisis económica puede transformarse también en una crisis de identidad.
Entonces la pregunta que nos deberíamos estar haciendo, ¿puede una economía recuperarse mientras una parte importante de la población siente que pierde derechos, estabilidad y futuro?
