Los pueblos originarios celebran la restitución de los restos de un antepasado indígena a su territorio

Más de un siglo después de haber sido extraído del Nevado de Chañi, el Niño del Chañi fue restituido a su territorio ancestral en una ceremonia histórica en el Museo Ambrosetti de Buenos Aires. El acto marcó un cambio de paradigma en el vínculo entre la ciencia y las comunidades indígenas.
Por Manuela Tobía
Un gomero gigante, tan alto como un edificio de dos pisos, domina el patio del Museo Etnográfico "Juan B. Ambrosetti" de la Universidad de Buenos Aires y sirve de telón de fondo para una hipnotizante ceremonia de purificación energética e invocación de espíritus. El ritual celebra el reencuentro de los pueblos originarios de Jujuy con un antepasado indígena extraído del Nevado de Chañi a principios del siglo XX.
En el centro de ese jardín porteño, los restos del ancestro reposan en un pequeño féretro tapado por una bandera whipala, rodeado entre mantas de aguayo y varios instrumentos espirituales. Una dirigente quechua oficia de guía de la ceremonia: cantos en forma de coplas, humificación con hojas de k'oa, riego de la tierra con brebajes naturales, saludos y agradecimientos a las divinidades de los cuatro puntos cardinales, bailes ceremoniales y expresiones en el idioma originario para reivindicar una cultura milenaria.
Los espectadores participan con profundo respeto, en silencio, y cumpliendo con el pedido previo de no registrar ese instante de sanación con cámaras y celulares para intentar conectar verdaderamente en el ritual con cuerpo y alma. Como ocurrió en 2025 con la restitución del Niño del Aconcagua, es un hecho histórico para el país y la región sudamericana.
"Es un día muy especial para nosotros, es un sueño hecho realidad para las comunidades que tanto han luchado todos estos años", dice a Página|12 el cacique de la comunidad indígena El Angosto, Clemente Flores. Proveniente de la localidad jujeña de El Moreno, explica que estos restos viajarán hasta su provincia de origen para formar parte de una ceremonia de recibimiento y agradecimiento durante el jueves. Considera, contento, que el caso "marca un precedente" y pone en valor la Ley 25.517.
La misión del Niño del Chañi
Cinco siglos atrás, durante el imperio inca, un niño de unos cinco años formó parte de uno de los tantos tributos de Capacocha, un sacrificio sagrado. Según la creencia, estos niños no morían, sino que se reunían con sus antepasados y se convertían en protectores desde las cumbres más altas. El pequeño había sido ofrendado en el Nevado de Chañi, la montaña más alta de Jujuy. En esa huaca o espacio sagrado habían sido colocados también alimentos nativos y objetos representativos de los pueblos.
Sin embargo, su misión espiritual fue interrumpida cuando fue hallado y profanado en 1904. El cuerpo, que estaba conservado en muy buenas condiciones gracias a la altura de casi 6.000 msnm por las sabias técnicas incas, fue entregado por el teniente coronel Eduardo Pérez un año más tarde al etnógrafo Juan Bautista Ambrosetti.
Durante años, los restos quedaron al resguardo del museo, sin ser exhibidos al público, para ser investigados por la comunidad científica. No obstante, con el cambio de paradigma cultural y tras permanecer más de un siglo en la ciudad porteña, lejos de su gente y su destino, el Niño del Chañi inició este miércoles el camino de regreso al territorio sagrado donde pertenece.
Durante la conferencia en el Museo Ambrosetti, Rubén Galián, otro de los referentes aborígenes, expresa observando con ternura el féretro: "Me voy a dirigir a él: queremos que nos acompañes y nos sigas protegiendo. Proteja todos nuestros recursos, que están muy temidos por otra gente, muy ambicionados. Y sobre todo, que proteja el agua. Nuestro Apu Chañi es una deidad de agua".
"Los cuerpos de los ancestros no son piezas arqueológicas"
"Durante mucho tiempo la ciencia y las instituciones occidentales despojaron a los pueblos de sus ancestros, territorios, culturas y lengua. Los museos se llenaron de restos humanos profanados de su territorio con el afán de estudiarlo", afirmó Andrea Pegoraro, directora del Museo. Además, cuestionó que muchos restos fueran reducidos a simples "objetos" o "colecciones" identificadas con números.
Frente a un público mayoritariamente indígena, Pegoraro pidió "perdón" en nombre del museo y de las instituciones científicas nacionales "por el tiempo en que se vulneró el descanso de este niño". También destacó la lucha de las comunidades originarias y sostuvo que "la ciencia no puede pasar por encima de la dignidad humana ni del respeto a nuestros ancestros".
La especialista señaló que, en un principio, estos hallazgos arqueológicos permitieron a la ciencia "construir, reconstruir e interpretar modos de vida del pasado", aunque remarcó que esos métodos también evidencian "cómo actuaba la arqueología a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX". "Nos habla de despojo, relaciones de poder y relaciones de dominación", sostuvo.
Por último, Pegoraro manifestó que la restitución "marca un cambio definitivo" en la gestión del museo. "No estamos entregando un bien patrimonial ni un objeto de estudio. Estamos devolviendo un antepasado a su territorio y a su gente", remarcó, al afirmar que los restos humanos "no son patrimonio, son ancestros".
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