Anata y Carnaval: no es lo mismo

17.02.2026

En febrero muchas personas hablan de Anata y carnaval como si fueran iguales. No lo son.

La Anata es celebración comunitaria andina vinculada al ayni (reciprocidad), a la maduración de la producción y a la vida en equilibrio con la Pachamama. Se celebra en tiempo de lluvias (Jallupacha), cuando la tierra florece y se agradece a los Apu y a las energías del territorio. No es solo baile: es renovación de la vida, reafirmación del ayllu y actualización del Pachakuti como ciclo de transformación.

La música —tarqueadas, pinkilladas, moseñadas— no es espectáculo: es activación del tejido comunitario. Los colores, los trajes y la danza expresan el vínculo con la flora, la fauna y el arcoíris (kurmi). Es celebración de sistemas de vida.

Las copleras son mujeres fundamentales en este proceso. Ellas no solo cantan: sanan. A través de la copla sostienen la memoria, armonizan emociones y fortalecen la Qamasa (fuerza vital). Su canto es medicina colectiva.

En cambio, el carnaval responde a otro horizonte civilizatorio. Es una celebración urbana, organizada por gremios y comparsas, atravesada por lógicas económicas y por una visión centrada en el goce del cuerpo humano. Mientras la Anata fortalece el tejido del Suma Qamaña (vida en plenitud), el carnaval privilegia la exhibición y la mercantilización.

No se trata de negar uno u otro, sino de comprender que expresan proyectos civilizatorios distintos. En un mismo territorio conviven dos horizontes: uno que prioriza la relacionalidad con la vida y otro que responde a una matriz occidental.

Diferenciar no es dividir: es dignificar.

Guaman Poma de Ayala (1988), en Nueva Coronica y Buen Gobierno, plantea la existencia de "dos horizontes civilizatorios": el de las Yndias del Perú–Cusco y el de Castilla, señalando la idea del "mundo al revés" como resultado del proceso colonial. Esta lectura permite comprender que Anata y carnaval, aun celebrándose en un mismo territorio, expresan proyectos civilizatorios distintos.

Ambas celebraciones representan parcialidades de la vida y de los sistemas de vida. Reconocerlas implica propiciar un t'nqhu (encuentro) respetuoso entre civilizaciones, buscando un taypi (centro articulador) que supere la lógica de dominación y subalternización colonial. 

Amalia Vargas

Tomado del libro Sabidurías Ancestrales, Medicina Tradicional, Educación Intercultural

amaliavargas2003@yahoo.com.ar

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Canto con caja, corporalidad y circularidad: El "Carnaval Jujeño" (Argentina) | Revista Central de Sociología  

COPLAS DE CARNAVAL QUE SANAN

 Siempre es bueno soltar las penas🌷🪻🌿📚🎶💋#Anata