Conferencia de la Yihad contra las corporaciones de la distracción

El encuentro se hizo en un lugar no identificado. Los periodistas fueron trasladados con anteojos pintados para que no vean. La idea era mostrar cuáles son sus prácticas.
Por Werner Pertot
Hace un tiempo, un grupo de personas disfrazadas de Gandalf -el mago de El señor de los anillos- hizo un acto en la casa de Peter Thiel en Buenos Aires para repudiar su presencia en la Argentina. Tomaron el personaje de la obra de J.R.R. Tolkien, a quien Thiel adora. Luego se supo que el grupo se llama la Yihad contra las corporaciones de la distracción y que su tarea es intentar un cambio social con respecto a la relación entre las personas y los smartphones, entre la población y las redes sociales en manos de tecnobillonarios. Durante los meses siguientes, los "Gandalfs del sur" —el primer nombre que se dieron— fueron reacios a acceder a hablar con grandes medios. Pero finalmente invitaron a un puñado de periodistas a conocer sus prácticas. Esta es la crónica de una noche con los Gandalfs.
Y la voy a tener que escribir en primera persona, por la naturaleza del encuentro con los yihadistas (así se denominan, el nombre que en árabe significa "guerra santa" remite en realidad a la obra de ciencia ficción de Frank Herbert, Duna, donde hubo un evento llamado la Yihad Butleriana, que llevó a la humanidad a una guerra contra las máquinas pensantes, hoy diríamos: la IA).
Pensé que se trataba de cieguitos
Me citaron en un punto de la Ciudad de Buenos Aires que no es donde se haría el encuentro. Al llegar, vi que era un templo budista. Se me aproximó una chica que dijo llamarse Pagana (en verdad, son todos noms de guerre) y me pidió que me pusiera unos anteojos que estaban oscurecidos de forma tal que no pudiera ver. Para llegar al lugar del encuentro, fuimos girando y dando vueltas por el barrio para desorientarme. En ese mismo momento, estaba ocurriendo lo mismo con otra decena de periodistas. El Barrio Chino se había llenado de pronto de cieguitos.
Atrás quedó el ruido de un tren, la música de los bares y las luces de neón cuando entramos a un lugar donde se escuchaban sonidos de pelotazos. Los periodistas permanecimos unos cuantos minutos sentados en sillas, tabicados. Todo era un remedo de las viejas técnicas de antiseguimiento de la guerrilla, aunque -lejos de lo que fueron los setentas- en este caso más en plan de juego teatral.
Nadie estaba asustado. Dos colegas al lado mío conversaban animados como si estuvieran por ver un show.
Prácticas yihadistas
Nos condujeron luego a una cancha de fútbol 5, rodeada de telones negros. Ahí nos pudimos sacar los tabiques y vimos a un grupo de jóvenes, la mayoría con anteojos oscuros y gorra con visera, como se visten en las películas para pasar de incógnito.
Otra yihadista nos pidió amablemente que entregáramos los celulares y, a cambio, nos dieron blocks de notas. Lo primero que nos pidieron que anotemos, antes de apagar los teléfonos, era el tiempo de uso de pantalla. Consigné dos horas 38 minutos. Otro periodista anotó ocho horas antes de entregar su teléfono. Los yihadistas, en cambio, tenían un promedio de menos de una hora y media.
Y allí nos fuimos por el hueco del conejo... Comenzaron las "prácticas de ruptura de las convenciones sociales" que los yihadistas suelen hacer en sus encuentros.
*Primera práctica: aburrirse. Pusieron en el centro de la cancha un aparato con luces al que llamaron el "Aburritronic 4000″. Sentados en sillas desplegadas de forma aleatoria, mirando hacia cualquier lado, pasamos diez minutos de aburrimiento. La consigna era: no hablar, no desplazarse, no resolver mentalmente pendientes. El subtexto, salirse de la necesidad del estímulo constante de las pantallas. Una yihadista, que se presentó como Ruina, nos dijo: "No es no hacer nada. Piensenlo más bien como: hacer nada. Hacer activamente nada".
*Segunda práctica: contacto visual. Luego pasamos a ponernos en sillas frente a frente con un yihadista. A mi me tocó una militante pelirroja con un gorro del estudio A24 (a quien, en honor a Mario Wainfeld, se nombrará en esta crónica como La Pelirroja Progre). La siguiente práctica fue sencilla: mirarse a los ojos durante un rato largo con una completa desconocida. Romper con la lógica de todos mirando la pantalla y volver a vernos.
*Tercera práctica: escribir en el anotador qué odiamos del periodismo. La pelirroja progre escribió: "Noticias 24 horas/7 días a la semana", que es una de las críticas de la Yihad a los grandes medios. El juego teatral incluyó escribirle al otro la contracara (yo le escribí: "Leer ficción"), y luego hacer una suerte de teatralización de esa actividad contraria. Bertolt Brecht hubiera estado orgulloso de las prácticas de extrañamiento.
*Cuarta práctica: Se trató de un intercambio de preguntas que debían ser susurradas al oído. Era la única instancia en que se podía averiguar algo de los que hicieron el piquete a Peter Thiel, así que aproveché:
-¿Se sumó más gente después del acto de los Gandalfs?
—Nos sirvió para darnos cuenta de que había mucha más gente que piensa como nosotros —contestó La Pelirroja progre.
-¿Están planeando nuevas acciones?
-Lisandro siempre está preparando cosas con nosotros.
Lisandro es Lisandro Al-Gaib, el líder ¿ficticio? del grupo (el nombre, de nuevo, alude a la obra de Herbert: Dune. Lisan Al-Gaib es el nombre que le dan los habitantes de Arrakis a su mesías).
Conferencia en medias
Al terminar las prácticas, nos invitaron a ver una película de terror para más de uno. Nuestros celulares habían sido colocados en una mesa frente a la cual se paró un personaje que parecía salido del videojuego Silent Hill: enorme, con el torso descubierto y una máscara puntiaguda. Cargaba con un martillo grande que comenzó a pasar sobre los celulares mientras jugaba al "Ta te ti, suerte para mí", buscando elegir cuál iba a convertir en pedazos.
Luego metió un par de celulares dentro de una bolsa negra y salieron machacados, con los vidrios estallados (para tranquilidad de los lectores, fue un acto de prestidigitación. No eran los originales: ningún celular salió lastimado durante la confección de esta crónica).
Luego vino la conferencia de prensa que nos habían prometido, o algo así.
Frente a un atril normal, con una pancarta de la Yihad y un micrófono normal, apareció el Secretario de Medios y Medias del grupo... un títere hecho con una media.
Lo que siguió fue una mezcla de chistes y afirmaciones hechas muy en serio que se sucedieron sin solución de continuidad (los chistes eran del títere, las definiciones, del tal Lisandro Al-Gaib).
Por ejemplo, la Media gritó: "¿Trajeron a estos periodistas a mirarse a los ojos?".
Pero después: "El ciclo de noticias de 24 horas nos somete a un exceso de mundo".
Y también: "Para qué iríamos a los medios. ¿Para hablar de nosotros mismos? ¿Para participar del título clickbaitero, el recorte para que se enojen los progres, para domar a un boludo en tuiter? A la yihad no le interesa jugar el juego de los medios. Todos los demás lo juegan. Alguien tiene que no jugarlo. Intentemos jugar a otra cosa, experimentar por fuera de los infinitos pactos que llevan al pluriempleo y la adicción. Hacemos una yihad para buscar nuevas formas, métodos, horizontes".
Y después de eso, cayó el telón.
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