Cuáles serán las mayores amenazas a la salud de aquí a 2100

13.10.2026

Una comisión de The Lancet que integraron 37 expertos calculó la carga de enfermedad que podría evitarse este siglo con políticas públicas. Dos peligros, la guerra nuclear y el uso malicioso de la inteligencia artificial podrían llevarnos a la extinción

Por NORA BÄR

Durante décadas, la salud global se organizó por causas: el VIH-sida y otras infecciones transmisibles, la salud materno-infantil, el tabaquismo, las patologías no transmisibles. Cada una con su grupo de investigadores, sus fondos y su lugar en la agenda. Pero un nuevo trabajo publicado en la revista The Lancet argumenta que ese esquema no permite abarcar la enorme complejidad de la salud pública, en la que además de causas biológicas se entretejen contextos socioeconómicos, ambientales, tecnológicos y hasta políticos. El problema, dicen los autores, es que las amenazas reales se cruzan, se potencian entre sí y hay que analizarlas en conjunto.

El trabajo, de 55 páginas y cuyo primer autor es Christopher Murray, del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington (IHME, por sus siglas en inglés), reúne a 37 especialistas en salud, economía, seguridad y tecnología; entre ellos integrantes de Chile, Brasil y México. Su objetivo fue identificar cuáles son las más grandes amenazas que tendrá que enfrentar la humanidad entre 2025 y 2100, y sobre todo qué parte de ese daño se puede evitar.

El grupo calculó la diferencia entre un escenario "plausible mejor" y uno "plausible peor" para cada amenaza, usando la métrica de "años de vida ajustados por discapacidad" (los AVAD, o DALY en inglés), que representan los años de vida "sana" que se pierden debido a problemas de salud, discapacidades o muertes prematuras. Lo que queda entre ambos extremos es lo que, en teoría, las políticas públicas pueden cambiar. Como conclusión, obtuvieron una lista de 17 amenazas que van de 1.020 millones a 23.100 millones. A modo de referencia, el informe recuerda que la pandemia de COVID-19 provocó unos 500 millones de años perdidos, si se incluyen cerca de 337 millones perdidos debido a muertes prematuras asociadas con la pandemia de forma directa e indirecta. El análisis, realizado sobre datos de 204 países y territorios, advierte que peligros existenciales como la obesidad, la resistencia a los antimicrobianos, la malnutrición infantil y las pandemias de origen natural podrían llevarnos a la extinción si no se adoptan medidas coordinadas en escala global. "Estas estimaciones revelan pérdidas que podrían ser evitadas en cada área –dice Murray en un comunicado de prensa–. Algunas ya están imponiendo una carga sustancial en la actualidad, mientras otras implican un peligro real si se materializan. Pero lo crucial es que las 17 están interconectadas, razón por la cual deben ser enfrentadas en conjunto, no en forma aislada".

La Comisión organizó los peligros en una pirámide de cuatro niveles: riesgos potenciales de extinción, fenómenos capaces de provocar afectaciones catastróficas a la salud, causas importantes de enfermedad y amenazas de menor magnitud individual. La amenaza con mayor carga evitable es la obesidad, que el informe define como el conjunto de índice de masa corporal alto, mala alimentación e inactividad que podrían causar 23.100 millones de años de vida saludable perdidos. Le siguen el bajo nivel educativo (16.100 millones) y la desigualdad de ingresos (13.800 millones). Más de la mitad del daño asociado con la baja educación recae sobre niños y adolescentes, y más del 60% se concentra en el África subsahariana.

Detrás vienen los problemas de salud mental, el tabaquismo, el envejecimiento poco saludable, la hipertensión, la resistencia a los antimicrobianos, la mala calidad del aire, el alcohol, la desnutrición infantil, las pandemias naturales, el cambio climático, la caída de la ayuda internacional para salud y los conflictos bélicos.

Peligros supremos

Dos amenazas configuran una categoría aparte por su potencial de extinción: un conflicto nuclear con "hambruna nuclear" y el uso malicioso de la inteligencia artificial. En ambos casos, la probabilidad es baja, pero la magnitud del daño es tal que el informe los separa del resto.

Para la IA, el equipo estimó 10.400 millones de años de vida saludable perdidos evitables e identifica tres vías de riesgo: el diseño de agentes biológicos letales con ayuda de IA, el colapso de sistemas críticos (desde ataques informáticos a hospitales hasta armas autónomas) y la pérdida de control sobre sistemas capaces de perseguir sus propios objetivos. Los autores aclaran que la segunda es la más fácil de frenar con regulación.

En el caso nuclear, la cifra es de 9.350 millones de años y hasta 133 millones de muertes. El informe recuerda que entre 1948 y 2010 se registraron 22 accidentes con armas nucleares y 21 situaciones de casi desastre. La región más golpeada sería el África subsahariana, aunque estuviera lejos del conflicto, por el impacto en la producción de alimentos.

El equipo identificó varios caminos por los que el cambio climático dañará la salud: calor y frío extremos, ciclones, inundaciones, humo de incendios, cambios en la distribución de malaria y dengue, inseguridad alimentaria y caída de ingresos rurales. El resultado, 1.890 millones de años de vida saludable evitables, es sustancialmente mayor que las evaluaciones anteriores, como la de la OMS de 2014, que proyectaba 250.000 muertes adicionales por año entre 2030 y 2050. En el Sahel, África, la diferencia en esperanza de vida entre un escenario de altas y otro de bajas emisiones superaría los dos a cuatro años hacia 2100. Los autores advierten además que, si las emisiones no se frenan, el cambio climático "podría escalar hasta convertirse en una amenaza de extinción en siglos posteriores".

El informe no publica un capítulo por país en su texto principal, pero sí desagrega los resultados por grandes regiones. En América latina y el Caribe, el bloque donde queda incluida la Argentina según la clasificación del estudio, la amenaza con mayor carga evitable es la obesidad: 1.730 millones de años de vida saludable hasta 2100, equivalentes al 10,1% de toda la carga de enfermedad proyectada para la región, por encima del 9,4% del promedio mundial.

Luego, aparecen los problemas de salud mental (751 millones), el bajo nivel educativo (714 millones), el envejecimiento poco saludable (652 millones) y el uso malicioso de la inteligencia artificial (668 millones) y el conflicto nuclear (595 millones). En el otro extremo, la región fue considerada menos expuesta que el promedio al cambio climático en términos relativos (0,48% de su carga, frente a 0,78% global) y casi no depende de la ayuda internacional para salud, que concentra su impacto en el África subsahariana.

Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, de 2018, en la Argentina el exceso de peso en adultos subió de 49% a 61,6% entre 2005 y 2018, y la obesidad ya alcanzaba a una cuarta parte de la población. En la misma encuesta, el consumo de tabaco siguió una tendencia descendente y llegó a 22,2%, una de las pocas curvas que van en la dirección deseable.

La Comisión menciona que sistemas de salud preparados y una gobernanza global pueden ayudar a resolver "problemas que ningún país puede enfrentar solo", lo que contrasta con la decisión tomada por el gobierno de retirarse de la Organización Mundial de la Salud, después de anunciar que el país no adheriría al tratado de pandemias.

A pesar de que establecen una jerarquización sobre la base de días perdidos por discapacidad, los autores advierten que la lista no es un ranking de prioridades, ya que el escenario es cambiante y una amenaza con menor carga esperada puede ser igual o más urgente, si tiene riesgo de catástrofe o si sus efectos están subestimados. En ese sentido, puntualizan las limitaciones que tienen este ejercicio. Por ejemplo, aclaran que las estimaciones sobre guerra nuclear e inteligencia artificial no salen de modelos estadísticos sino de encuestas a expertos y a "superpronosticadores", y que se validaron solo para plazos de meses o pocos años, porque la confianza para un horizonte de 75 años "no puede evaluarse cuantitativamente". También admiten que su suposición de que se puede prevenir la pérdida de control de la IA "no está bien fundamentado", de modo que si se incorporaran estos riesgos al escenario de referencia, la esperanza de vida mundial caería unos tres o cuatro años hacia 2100. 

Con respecto al clima, la incertidumbre que rodea los cambios en el nivel de emisiones podrían hacer variar mucho el escenario, lo mismo que la migración, la sequía y su impacto en nutrición y agua, y la suba del nivel del mar. Los avances tecnológicos que cambiarían el panorama, desde una vacuna universal contra la gripe hasta la captura de carbono o la fusión, no están modelados. El editorial que acompaña el trabajo insiste en que se trata de "un proceso dinámico" y que los resultados probablemente cambien a medida que aparezcan datos nuevos.

La Comisión plantea tres recomendaciones: construir sistemas de salud preparados para amenazas, con capacidad de previsión y financiamiento estable; invertir mucho más en innovaciones que hoy no existen o no alcanzan; acordar una gobernanza para tecnologías de alto riesgo como la IA de frontera y las herramientas de diseño biológico; crear un Monitor de Amenazas Globales a la Salud del siglo XXI. The Lancet se comprometió a impulsarla para actualizar las evaluaciones, y llevarlas a los foros políticos y de seguridad. Richard Horton, editor en jefe de la publicación, concluye: "Esta Comisión ofrece un giro conceptual en la forma en que pensamos en futuras amenazas a nuestra supervivencia. Nos invita a pasar de una visión estrecha, por causas simples, a otra más amplia, que exige una acción coordinada. Los desafíos que enfrentamos son múltiples y nuestras soluciones tienen que adaptarse a esa realidad".

Fuente:

https://www.eldestapeweb.com/sociedad/cuales-seran-mayores-amenazas-salud-aqui-2100-20261012195540

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