El Zeus Tecnofascista

Los humanos hemos salido del capitalismo tradicional. Unos pocos tecnofascistas, cuyas riquezas pasan año tras año de lo asombroso a lo obsceno, nos compran, nos venden, nos sacan los datos y el hígado mientras se apoderan de plusvalías gigantescas.
Por José Luis Lanao
Periodista, Colaborador de Página 12, "Las Mañanas" de Víctor Hugo Morales. Ex Jugador de Vélez Sarsfield, clubs de España, y Campeón Mundial Juvenil Tokio 1979
Uno no tiene donde caerse muerto. Esta expresión, la de caerse muerto, se pronuncia muy a la ligera, pero nos estremeceríamos si reparáramos en su literalidad. Significa que, llegado el momento, uno tiene que buscarse la vida para palmarla en un rincón tranquilo. No hay "expiratorios" públicos. A nadie se le ha ocurrido, por ejemplo, que los sin techo, cuyo número crece como la espuma en las sociedades modernas, en ocasiones necesitan morir con cierta urgencia. "Y a ver dónde me echo a palmar", se preguntarán algunos, sin interrumpir el tráfico, que es sagrado.
Hannah Arendt ya hablaba de "los superfluos" de la Tierra. Hoy parece que son medio planeta. Predijo que habría un mundo dividido entre quienes pueden disfrutar de protección y aquellos con quienes el mundo no sabe qué hacer, vidas que no importan. Se los considera bienes consumibles, es decir, elementos que, como los cartuchos de tinta de las impresoras, conviene cambiar cada cierto tiempo tirándolos a la "calle" o al cubo de residuos orgánicos. Ya nos hemos acostumbrado al espectáculo, y fascina el contraste entre la intemperie del mundo exterior y lo calentito que se está en casa, abrigados a esa capacidad de abstracción e ignorancia de lo que sucede fuera. Nadie quiere complicarse. Se quieren vidas esponjosas, distraídas, ligeritas, sin mucho peso. Se ha instalado una nueva naturaleza humana que se caracteriza por la indiferencia o el desprecio hacia aquellos que no son útiles al mercado, aquellos que no pueden contribuir al éxito del sistema.
Lo que nos rodea nos atraviesa. Mientras apelamos a la capacidad humana allí donde la esperanza parece haber proscrito, el enriquecimiento desmesurado se convierte en una orgía emancipadora protegida en nombre del "mundo libre". Así, unos cuantos tecnofascistas, cuyas riquezas pasan año tras año de lo asombroso a lo obsceno, nos compran, nos venden, nos sacan los datos y el hígado. Unas élites extractivas cuyo dominio les permite, sin crear riqueza, un sistema de captura de rentas de la mayor parte de la ciudadanía en beneficio propio. Impresiona ver de qué forma el capital en la nube fabrica nuestros deseos y nos vende directamente, sin pasar por los mercados tradicionales, lo que nos ha hecho desear. Un poder hasta ahora inimaginable que se apodera de plusvalías gigantescas. En el momento en que entramos en las grandes empresas tecnológicas hemos salido del capitalismo tradicional. Como consecuencia, el verdadero poder hoy no lo tienen los dueños de las maquinas, de las compañías telefónicas o los robots industriales. Los anticuados capitalistas terrestres siguen obteniendo plusvalías del trabajo asalariado, pero ya no son los que mandan. Se han convertido en vasallos de los propietarios del capital virtual, un tecnofascismo que restringe la democracia con el criterio de la sangre, el "click" y la pertenencia territorial. Estas plataformas no poseen las fábricas en las que se producen los artículos que los capitalistas tradicionales no tienen más remedio que vender en sus dominios. Lo que sí poseen es el algoritmo que decide qué productos vemos, el mismo algoritmo que hemos entrenado para que nos conozca a la perfección. Su objetivo es el acaparamiento de la riqueza; el control oligárquico de los medios de información, producción y distribución; la inmunidad fiscal y el desprecio a los derechos laborales. Mientras tanto, los peatones de la historia seguimos alimentando al monstruo, y somos los que pagamos en forma de alquiler el acceso a sus feudos, a sus plataformas digitales. Resulta desasosegante descubrir que vamos hacia un porvenir que ya no es el nuestro. El mundo que viene será menos humano, con un tono más pálido. Hacia él vamos. ¿Qué creemos que es el "trumpismo"? Es un "tecnofascismo" enmascarado. Una suspensión técnica de la democracia, con el apoyo de las grandes fortunas de la alta tecnología. Mientras nosotros agitamos el árbol, unos pocos se comen las nueces.
Durante mucho tiempo hemos tolerado la injusticia pensando que en el fondo no era un problema nuestro. No hablo de lo real, sino de la percepción que tenemos de la realidad, de lo que sentimos, hablamos, oímos; de las manipulaciones, la desestabilización, el linchamiento. La militancia práctica de cada uno solo se vuelve de verdad efectiva si se integra en un vasto activismo comunal que se convierta en voluntad política.
Con cada acto, con el eco exponencial que retumba en nuestras cárceles digitales, con el tecnofascismo "cuqui" y moderno, hemos vuelto a nuestra antigua condición de vasallos, contribuyendo a la riqueza y al poder de la nueva clase dominante con nuestro esfuerzo no remunerado.
Hay épocas sombrías en la que uno comprende que por sí solo no es nada, sin combate, sin resistencia, sin amistad, sin cariño, sin esas voces de poesía que te susurran al oído para abrirte los ojos al mundo, y confrontarlo en la luz y en la oscuridad, para sacudirlo, para desafiarlo y para decirle que no se rinda.
Fuente:
https://lateclaenerevista.com/el-zeus-tecnofascista-por-jose-luis-lanao/
