Estudió abogacía y encarceló al violador de su hermana

22.09.2026
Yamila Segovia y Thelma Fardín, la actriz está a cargo de la Fundación que lleva su nombre; juntas le dan batalla a la prescripción del delito ya que el abusador utilizó la fuga para ser sobreseído. Gentileza -
Yamila Segovia y Thelma Fardín, la actriz está a cargo de la Fundación que lleva su nombre; juntas le dan batalla a la prescripción del delito ya que el abusador utilizó la fuga para ser sobreseído. Gentileza -

Alberto Martín Del Valle violó a una niña de 11 años, la dejó embarazada, la llevó a practicarle un aborto clandestino que falló y se fugó. Años después, el amor y la tenacidad de la hermana mayor de la víctima, dio sus frutos: estudió derecho y logró que la justicia actuara.

Esta es la historia de Yamila Segovia. Cuando tenía 13 años, Alberto Martín Del Valle, su padrastro, violó a su hermanita de 11 y la dejó embarazada. Corría el año 2009 en la localidad bonaerense de Puan. El abusador detectó antes que nadie la gestación y trajo a la niña a Buenos Aires para hacerla abortar, sin resultado.

Apenas la familia se enteró de lo ocurrido, realizó la denuncia. Sin embargo, nadie hizo nada, la causa nunca avanzó.

La carátula inicial reza: "Abuso sexual agravado y tentativa de aborto". Despues de tres años, la justicia se dignó a buscar al hombre que había violado a punta de pistola de una nena de tan solo 11 años, la llevó a un lugar clandestino para practicarle una aborto a cambio de un libro de pintar.

La niña fue madre a los 11 años.

Yamila creció con un solo y gran objetivo: encarcelar a quien había destruído la vida de su hermana menor.

"Lo busqué sin recursos. Sin herramientas. Sin nadie que me enseñara cómo hacerlo. Solo con mi cabeza, con mis ideas y con todo lo que podía imaginar y ejecutar para encontrarlo. Me camuflé en lugares donde sabía que podía aparecer. Seguí rastros. Observé. Pregunté. Y tres veces llevé pistas a la Justicia" cuenta a Las12.

"La última vez fue diferente porque ya no era aquella adolescente que tenía apenas un sentimiento de justicia: era una mujer, abogada y con un objetivo absolutamente claro: ponerlo a disposición de la Justicia", relata Yamila.

Poner el cuerpo, el tiempo y hasta torcer su propio destino para conseguir justicia. Thelma Fardín y Yamila Segovia son dos mujeres que decidieron, a partir de sus propias historias, construir un camino propio con las herramientas que creen indispensables a la hora de luchar por una vida libre de violencias y condenar a quienes las ejercen.

El derrotero imposible de los pasillos judiciales se contrapone categóricamente a la necesidad de encontrar justicia, una y otra vez. La naturalización y deshumanización de quienes son los engranajes de una maquinaria oxidada convierte la posibilidad de lograr acceso, debido proceso y celeridad, en una utopía.

Para frenar ese destino al abismo, se requiere tiempo, estrategia, sostén, trabajo, y un título de abogado o abogada.

En el ámbito público, las fiscalías están abarrotadas de causas que mueren junto con la esperanza de algún tipo de reparación. Aquella terceridad vital que condene a quienes avanzan contra los cuerpos de las infancias, mujeres y disidencias, hoy se ha transformado en un espejismo.

"Después de 14 años, el 23 de agosto, ocurrió. Del Valle fue encontrado. Hasta el último momento intentó confundir a quienes realizaban el operativo. Pero yo llevaba tantos años buscándolo que conocía detalles que podían parecer insignificantes para cualquiera", cuenta.

Ella sabía que se había hecho un tatuaje enorme en su mano. Por eso solo pidió una cosa:

"Muéstrenme la mano".

Cuando llegó esa fotografía, no tuvo dudas.

Cifras que angustian

La falta de una estructura sólida, especializada y con perspectiva de género deviene en estos datos:

Sólo el 10 por ciento por ciento de los delitos contra la integridad sexual que son denunciados llegan a una condena. Esa cifra, antes del caso Thelma Fardín era del apenas 1 por ciento. Recordemos que las denuncias, el día posterior a la conferencia de Actrices Argentinas respaldando la denuncia contra Dhartes, aumentaron un 120 por ciento. Sin embargo, a todos los motivos evidentes y obscenos que levantan un muro de silencio entre las víctimas y quienes dicen ser los que imparten justicia, se le suma uno más: el tiempo.

"Pensé que encontrarlo era el final. Pero no. Era apenas el principio. Porque después apareció otra batalla: la prescripción de la causa. Para el Estado, el tiempo comenzó a correr hasta agotarse. Para nosotros, en cambio, el tiempo fue un verdugo. Pero no está todo perdido. Hoy Del Valle se encuentra detenido porque, además de la investigación por los hechos que dieron origen a esta causa, existe una situación vinculada al incumplimiento de obligaciones respecto de sus hijos menores que también debe ser analizada por la Justicia", explica Yamila, con la claridad de haber desmenuzado, masticado y amasado minuto a minuto de su vida, la causa.

Hoy en el tramo judicial que queda, Yamila y Thelma están juntas. La Fundación Thelma Fardín se sumó formalmente a la causa que acusa a Alberto Martín Del Valle por abuso sexual con acceso carnal agravado y aborto en grado de tentativa. Lo hizo mediante una presentación como amicus curiae ante la Sala I de la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal de Bahía Blanca, en la que pide que se revoque la resolución del 28 de agosto de 2026 firmada por el juez Guillermo Mercuri que declaró prescripta la acción penal y sobreseyó al acusado en un acto no solo de irresponsabilidad jurídica y falta de perspectiva de género, sino de falta de estudio de la causa ya que Del Valle acumula otra causa en curso.

El equipo de abogadas liderado por Thelma Fardín sostiene que "La fuga no puede convertirse en una ventaja procesal".

El argumento central que desarrolla la Fundación en su presentación es que la acción penal por los hechos investigados no se encuentra prescripta. El escrito sostiene que la interpretación de las reglas de prescripción no puede premiar la conducta evasiva del acusado ni trasladar a la víctima las consecuencias de una respuesta estatal tardía.

El escrito remarca que no puede exigírsele, además, que prevea y soporte las consecuencias de una conducta posterior, exclusiva y deliberadamente adoptada por su agresor: sustraerse de la acción de la justicia. Admitir que esa clandestinidad pueda finalmente operar en perjuicio de quien denunció oportunamente supone trasladar a la víctima las consecuencias jurídicas de una conducta que le fue absolutamente ajena y, al mismo tiempo, las de una respuesta estatal tardía y deficiente.

Así, estas dos mujeres tejen un nuevo entramado que tiene el aire limpio de una lucha en carne propia, de un sentido de vida y una entrega inconmensurable.

La espalda de aquella niña madre está cuidada por el cuerpo de su hermana Yamila, y Yamila, por el cuerpo y la construcción colectiva de Thelma, su fundación y quienes levantan la voz por un mundo libre de violencias machistas.

Fuente:

https://www.pagina12.com.ar/2026/09/22/estudio-abogacia-y-encarcelo-al-violador-de-su-hermana/

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