La clase media, ¿una nueva periferia?

02.03.2026

Por Florencia Angilletta * Doctora en Literatura. Autora de Zona de promesas. Cinco discusiones fundamentales entre el feminismo y la política, Capital Intelectual, Buenos Aires, 2021.  


Un video se viraliza a través de la red social Instagram. En él una joven –Micaela Barbero– propone la "teoría del palo y medio" (1). Básicamente, se trata de que en la Ciudad de Buenos Aires, no importa ni lo que se haya estudiado ni de qué se trabaje, "todos ganan un palo y medio". En sus palabras: "¿Sos administrativo? Un palo y medio. ¿Trabajás en una pyme? Un palo y medio. ¿Sos profesional? Un palo y medio". Hacia el final, sugiere que, en tal caso, si hubiese alguna diferencia sería porque se gana por encima de los "dos palos". En una época en la que, cada vez más, todos los números se desvanecen en el aire, la viralización del video congrega preguntas, de mínima, impostergables: ¿cuál es la expectativa de salario de la clase media?, ¿cuánto es necesario para vivir?, ¿cuántas de esas necesidades son o no cubiertas por el Estado?
Como la misma Barbero señala en su teoría, el "palo y medio" funciona, sobre todo, como un promedio, porque puede advertirse cierta oscilación entre unos 200 o 300 mil pesos. Y la teoría, tal como ella misma insiste, está anclada en la realidad de la Ciudad de Buenos Aires, ni siquiera es directamente trasladable a la provincia. Se profundiza una tendencia: los costos de vida y los rangos salariales difieren ostensiblemente según la localización, con encarecimientos notorios en los centros urbanos; en particular, el porteño. (Podría, por ejemplo, trazarse un "índice pizza de vacaciones" para dimensionar las variaciones por una grande de muzzarella entre los cinco mil y los casi treinta mil pesos. Es decir, por lo mismo que en un punto del país puede comprarse una unidad en otro pueden comprarse al menos cinco).

La "teoría del palo y medio" –no casualmente producida y difundida bajo la lógica de redes– aviva adhesiones y detracciones. Están quienes coinciden y confirman que el "palo y medio" es un horizonte organizador de la expectativa razonable de salario. Están –los menos– quienes los superan. Y están quienes ni siquiera acceden a ese monto y critican que es una cifra "de millonarios".

Algunas coordenadas para la contextualización. En febrero de 2026, la jubilación mínima acaba de ascender a $359.219,42. Según últimos datos del INDEC, la canasta básica familiar –para una familia tipo de cuatro integrantes con dos adultos y dos niños– está en torno a los $1.360.299. De acuerdo con un informe del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires (UBA), difundido en diciembre del año pasado, el 72 por ciento de los trabajadores tiene ingresos menores al millón de pesos y no pueden cubrir ni siquiera estos gastos básicos.
Así, mientras el oficialismo logra la media sanción del proyecto de ley de reforma laboral en el Senado, se profundiza la figura del "trabajador pobre": la dinámica de trabajar y ganar por debajo de la línea de pobreza, trabajar y estar endeudado; escenario que reconfigura los horizontes laborales del siglo pasado cuando la pobreza y las deudas se vinculaban al desempleo.

¿Y Milei? ¿Qué le diría a la "teoría del palo y medio"? En definitiva, la clase media argentina, ¿es un hito del pasado, un museo del siglo XX? ¿Clase media y Estado, asunto separado?

Una clase de pasión

La Edad Media se organizó de un modo nítido. Entre sus tres estamentos/estados –nobleza, clero y "pueblo llano"– operaba una división ciertamente infranqueable en la cual el protagonismo respetaba el orden establecido. Salvo raras excepciones (como el campesino que se ordenaba sacerdote) se nacía, vivía y moría dentro del mismo estamento.

¿Pero cuál es, entonces, el sujeto histórico del mileísmo? ¿Ya no lo es la clase media?

Si la historia de la Edad Media ha sido la historia de la nobleza, la historia moderna puede pensarse, entonces, como la historia de la clase media, cuyo antecedente, según esta proposición un poco herética, sería la burguesía. Siguiendo a Eric Hobsbawm, las "revoluciones burguesas" –típicamente, la Revolución (económica) Industrial y la Revolución (política) Francesa– son revoluciones conectadas con la burguesía en tanto sujeto revolucionario (2).

En la Edad Moderna, con la pérdida de protagonismo de la nobleza, es la burguesía quien ocupa su lugar principal. Un nuevo orden que rompe la lógica estamental. La "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" es la letra de una nueva doctrina de la organización social, la de la igualdad.

Esa es la pasión de la clase y, por eso, en el corazón de la noción de "clase" hay una fuerza (de origen) revolucionaria, acontecimental y narrativa. La clase que emerge con las revoluciones modernas: motor de la sociedad. Porque las sociedades modernas son sociedades de clases construidas en torno a una promesa, la de la movilidad social ascendente.

M' hijo el dotor, obra dramática emblema del teatro rioplatense escrita por Florencio Sánchez y estrenada a comienzos de 1900, cristaliza esa imaginación. Cuando el hijo de un trabajador podía ser profesional. En Argentina, la percepción de clase media ha llegado a rozar al 80%; "estirada" entre grupos aspiracionales y grupos que no asumían su estatus privilegiado (3). Argentina, el país de la clase media, anclado en fuertes consensos e instituciones: salud, educación –con la estrecha conexión entre universidades y desarrollismo–, ciencia, cultura. (Incluso es notorio que la definición anglosajona de "working class" [clase trabajadora] tenga menos peso en el ámbito local; como si la articulación entre trabajo y clase se reconfigurara o diluyera en la noción de clase media.)

Sin embargo, pueden advertirse dos fenómenos históricos recientes. El primero: si (casi) todo es clase media nada lo es, por lo cual no son pocas las consultoras que han ido fragmentado la noción de clase en "grupos" o su estratificación en targets. Segundo: a partir de los cambios en la financiarización del capitalismo y sus impactos en el empleo, la definición de clase media está ligada, antes que a los ingresos, a la transformación de esos ingresos en una forma de vida. En concreto: un profesional con posgrado puede ganar un salario menor –más lejos del "palito y medio"– que un trabajador calificado. (Vale recordar también la figura del contador o ingeniero que en los noventa, con la indemnización, ponía un parripollo o una cancha de paddle.) La clase media: ¿un "estilo de vida" más que una cuestión de bolsillo? Desde fines del siglo pasado, la atribución o pertenencia de clase empieza a jugarse más en ciertas credenciales –títulos ya no de nobleza pero universitarios, barrios, consumos–. En palabras de Pierre Bourdieu: habitus. "La clase media en Argentina es una gran construcción simbólica", sostiene Guillermo Oliveto (4).

Quien no sea de clase media, que arroje la primera piedra. O, al menos, esos eran los cuentos que nos contábamos –sin desconocer tampoco cierta acusación de "antiperonista" para la clase media–. Y cuán importante ha sido para la modernidad el sujeto histórico de la burguesía. ¿Pero cuál es, entonces, el sujeto histórico del mileísmo? ¿Ya no lo es la clase media?

Clase dólar barato y Estado achicado

Marina Dal Poggetto, economista y directora de la consultora Eco Go, consultada sobre la relación entre mileísmo y clase media, subraya: "La obsesión de Milei es normalizar la macroeconomía, después de muchos años en los cuales la política pública estuvo dedicada a sostener la microeconomía, generando los desatinos que se generaron".

Volvemos a la "teoría del palo y medio". ¿Alcanza? Dal Poggetto vuelve a traer la referencia de la canasta del INDEC y reflexiona sobre las familias "al borde" y cuánto de la sostenibilidad "depende mucho de la estructura de consumo de cada familia", es decir, de cuánto se descarga de las necesidades vitales en el Estado o no. Habría entonces una diferencia entre usuarios intensivos del Estado y quienes, ante el significativo deterioro de los bienes públicos –señala Dal Poggetto–, pagan colegio, salud y seguridad privados. En esta última franja habría repudio a la presión impositiva para el financiamiento de bienes públicos por quienes ni los utilizan.

Respecto de las mutaciones de la clase media, Dal Poggetto apunta: "No sé si es un cambio en la estructura social pero algún movimiento se está dando. El máximo exponente fue la pandemia, y ha sido un quiebre". "Lo que se vive detrás de esta dinámica: Milei es el último eslabón, aunque viene de mucho atrás", señala.

La baja de la inflación –propone Dal Poggetto– ha brindado al gobierno caudal político en la elección de medio término, aunque la contracara es la licuación del gasto, con mayor impacto en Nación, en la suba de tarifas y en el freno de la obra pública. Por un lado, "reforma tributaria de facto" –sectores enteros que viven y consumen en la informalidad– y, por otro, achicamiento de los sectores de clase media que pagan servicios privados y ahora son quienes más padecen el ajuste del bolsillo. "En definitiva, frente a los sectores de arriba y los de abajo –para quienes se han sostenido y hasta aumentado transferencias–, el sector más dañado es la clase media", concluye Dal Poggetto.

La clase media está dada por una serie de acuerdos de gastos. Y puede medirse por el costo de oportunidad: no tanto por lo que se hace sino por lo que se deja de hacer para poder sostener(lo). Somos ricos y pobres a la vez es la frase de este verano. Tarjeteo, compras online y hasta viajes al exterior. Universidades y sistema científico desfinanciados, industrias culturales precarizadas, administración nacional pauperizada –con trabajadores del Estado que prácticamente lo financian con empleos por fuera–. Clase dólar barato y Estado achicado.

Desigualdad como nuevo orden

Jerónimo Ledesma, docente de la Universidad de Buenos Aires y secretario de Investigación de la Facultad de Filosofía y Letras, recuerda que el gobierno de Javier Milei lleva dos años de "ejecución de una política de desarticulación del sistema estatal de investigación y educación universitaria". Consultado sobre el actual escenario, comparte: "Forma parte explícita de su proyecto mayor de reducción del Estado y realineamiento geopolítico. La motosierra es incluso una metáfora edulcorada. En el caso específico de la investigación, el avance de esta política sistemática ha implicado una primera fase de parálisis de fondos, despidos, disciplinamiento de personal y campañas de desprestigio, y una segunda fase, que ocurre ahora, de reorientación de las agendas, con transferencia de recursos al sector privado y extranjero". Y agrega: "En las universidades nacionales el punto más álgido hoy es el presupuestario y, sobre todo, el retraso salarial: solo para llegar al nivel en que existía cuando Milei asumió al gobierno, hay coincidencia en que debería actualizarse más del 30 por ciento. Los salarios de los docentes argentinos son de los más bajos de todo el continente americano".

Sobre las instituciones, reflexiona: "La batalla cultural, en el caso de las universidades, ha consistido centralmente en quitarles su condición de trabajo, sea porque se acusa a los universitarios de 'vagos', sea porque se juzga que su trabajo es inútil, ideológico o no productivo". Y en torno al entramado social, comparte: "Más allá del juicio que merece esta política y sus supuestos, hay que preguntarse por las condiciones que la hacen posible y que no son privativas de este gobierno. De hecho, Milei ha contado con apoyo explícito de una mayoría de la sociedad".
"Estamos en un escenario muy peligroso en el cual las políticas contra las instituciones de saber tradicionales de la clase media se apoyan eficazmente en un debilitamiento de su autoridad social y sus formas de reproducción. Y una tragedia de las instituciones de este tipo es que es mucho más fácil destruirlas que construirlas o modificarlas", redondea Ledesma.

Fines, ¿o periféricos nuevos?

En Argentina hay sesenta universidades nacionales, según el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) que las nuclea. La otra cotización en títulos de un país: garantía de que el mejor título profesional disponible –así lo evidencian los rankings internacionales– está en manos del Estado. En 2001, el intento de ajuste de Ricardo López Murphy a las universidades provocó un rechazo tal que terminó con su renuncia. ¿Y ahora? Se profundizan cada vez más los recortes en espacios como el INCAA y en Ciencia y Técnica –se siguen abriendo nuevas convocatorias en CONICET aunque los seleccionados anteriores continúan a la espera de su cargo efectivo–. (Un contraste: el macrismo al asumir dejó a un único ministro de la anterior gestión kirchnerista, Lino Barañao, por entonces al frente del Ministerio de Ciencia.) El recorte presupuestario mileísta no tiene comparación en la historia reciente.

"Argentina viene atravesando una mutación social estructural que antecede y excede a Milei", propone José Natanson (5). Un nuevo orden, desigualdad de (y en) la clase media. Clase contraída, con hijos que ni siquiera sueñan a equiparar o superar el patrimonio de sus padres. La teoría del "palito y medio". ¿Orbitan instituciones de "resguardo" ante esta mayor desigualdad? ¿Ya no son por las que lucharía el sujeto histórico del mileísmo?

En términos de identidades políticas, Argentina funciona –como hace muchos años se subraya– polarizada, entre sectores peronistas y antiperonistas. Pero incluso en esta dinámica política, por tracción histórica y percepción mayoritaria, la clase media ha mantenido una importante cohesión social con puntos de consenso entre sectores políticos opuestos y cuya canalización, entre otras, abreva en las universidades, instancias de ciencia y técnica, industrias culturales. La gran diferencia con el mileísmo es que no se trata sólo de representar una identidad política antiperonista sino, también, de romper ese resto de homogeneidad social. Como si operara algo anti clase media en el desfinanciamiento sistemático hacia sus instituciones históricas. La clase media ha sido el sujeto protagónico de la Argentina moderna, ¿Milei vino a representar que la clase media ya era desde antes más enunciado que posibilidad material efectiva? ¿La clase media en el siglo XXI va camino a ser una nueva periferia?


1. "La teoría del 'palo y medio': el video viral que puso en foco los salarios en Buenos Aires", Infobae, 5 de febrero de 2026.
2. Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX, Crítica, 1994.
3. ¿Qué quiere la clase media?, Capital Intelectual, 2016.
4. Guillermo Oliveto, Clase media: mito, realidad o nostalgia, Paidós, 2025.
5. José Natanson, "Nadar en aguas desconocidas", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2025.

Fuente:

Le Monde diplomatique, edición Cono Sur