La potencia de lo colectivo: por qué los feminismos son claves para resistir a la ultraderecha

Frente al ajuste libertario y el avance del individualismo, los feminismos vuelven a la calle este lunes 9 de marzo. Entre la organización de los barrios y el bloque sindical, la solidaridad y la historia del movimiento se plantean como una estrategia para no sucumbir al desamparo.
En las vísperas de un 8 de marzo que se abre paso en una atmósfera de guerra la pregunta de por qué marchar y por qué insistir en no soltar la manifestación popular cabe tanto en las feministas organizadas como en quienes estos últimos diez años se sintieron interpaladas por un movimiento que se planta frente al avasallamiento del gobierno y se asoma como una estrategia y una alternativa de oposición.
La convocatoria no será el domingo 8 sino el lunes 9 de marzo a una movilización de Congreso a Plaza de Mayo convocada a las 16:30 hs y organizada en tres asambleas que sucedieron en la sede de la CETEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), de ATE Capital y en el Hospital Garrahan impulsadas por el bloque sindical feminista, una articulación de las secretarías de género de las centrales obreras que se inició en 2017 luego del primer paro que los feminismos le hicieron a Mauricio Macri y que se sigue consolidándo como una fuerza política a orillas de una reforma laboral recién aprobada.
Este viernes a las 10 de la mañana el bloque sindical realizará una conferencia de prensa: "En un contexto de desindustrialización, miseria planificada, saqueo y entrega de soberania, crisis y retrocesos en materia de derechos laborales y sociales, plasmados en la reforma laboral inconstitucional, salimos a las calles a exigir trabajo digno, la entrega de los útiles escolares y alimentos a los merenderos y comedores, reincorporación de lxs despedidxs, políticas públicas inclusivas y el cese de la violencia institucional, económica y laboral que golpea con más fuerza a mujeres y diversidades", dicen desde el bloque que nuclea a las dos CTAs, la UTEP, CGT y CCC.
Prueba de fuego
"Palestina es una prueba de fuego moral", decía la activista feminista negra Angela Davis hace 9 meses en una entrevista en el portal Democracy Now citando la frase de una poeta estadounidense jamiamquina y también activista, June Jordan, que luchó por la causa Palestina cuando la mayoría no le prestaba atención y que murió sin poder ver como una parte del mundo repudiaba el genocidio del Estado de Israel al pueblo Palestino. La referencia de Davis pone en el centro el acto de no sucumbir ni rendirse a la voluntad destructiva de dos hombres muy poderosos empecinados en guiar el curso de la historia: "Quienes tenemos algunos años sabemos que lo que pase mañana no será un reflejo de lo que está pasando ahora", dice Davis en un llamado a imaginar el futuro que en un presente con tanta acumulación de daño parece ostentoso. La insistencia y el no sucumbimiento es también una práctica feminista o ¿acaso la lucha de un movimiento emancipatorio no está vinculado a la posibilidad de transformar las formas de vivir que producen daño? En un mundo que cruje por todas sus partes y que las pruebas de fuego caen a mansalva ¿cómo hacer para las prácticas feministas -las más recientes y las más añejas- la tradición organizativa, la capacidad de desnaturalizar las relaciones sociales y transformar vidas dañadas pueda amplificarse y contagiar otros sectores y otros sujetos que hoy miran el feminismo de lejos?
"Transfeminista, antirracista, anticapitalista y antipatriarcal, a 10 años del primer paro feminista y a 50 años del golpe militar" es la interpelación que se propone a nivel local, en Chile la Coordinadora Feminista 8M llama a una huelga general feminista y a una "lucha sin fronteras" y en España las feministas se declaran antifascistas antirracistas repudiando los genocidios en curso, las violencias machistas y el rearme patriarcal. Por este sur global -en donde el el movimiento Ni Una Menos transformó vidas y expandió posibilidades que hoy son la prueba de fuego- es la tercera vez desde que comenzó el gobierno de Milei el llamado es a la calle y a plantarse frente al gobierno.
Luchas y sostener la vida todos los días
"Estamos acá, sosteniendo la vida cuando todo se derrumba", dice Norma Morales dirigenta nacional de Barrios de Pie y secretaria adjunta de la UTEP, alguien que sabe que el arrasamiento libertario dejó y sigue dejando saldos irrecuperables en los barrios populares: "En los últimos diez años el feminismo transformó profundamente la vida política y social de la Argentina. Fuimos capaces de cuestionar desigualdades que durante décadas parecían naturales, poner en palabras violencias que estaban silenciadas y construir una enorme fuerza colectiva en las calles y en los territorios. Entre ellas, el primer paro internacional de mujeres, las movilizaciones masivas contra el gobierno de Macri, la conquista del derecho al aborto legal y la marea feminista que atravesó todo el país son parte de esa historia que cambió la conversación pública y amplió derechos", dice en diálogo con Las12.
"En los barrios seguimos organizadas sosteniendo la vida todos los días", Norma sabe que esta afirmación que ella enuncia la pueden hacer la mayoría de sus compañeras. Aclara que son las mujeres las que abren los espacios de cuidados, los comedores, las que levantan las cooperativas: "Somos las que armamos redes de cuidado y sostenemos la economía popular que garantiza que miles de familias puedan comer, trabajar y vivir con dignidad. Cuando el Estado se retira y el mercado excluye, es la organización comunitaria la que cuida a los pibes, acompaña a los adultos mayores, contiene a quienes se quedan sin trabajo y mantiene viva la esperanza", dice.
Al rescate
A la palabra "rescate" recurre la militante feminista, legisladora de la Ciudad por Fuerza Patria y dirigenta de Patria Grande, Victoria Freire. Dice que es imprescindible "rescatar nuestro recorrido militante y que eso nos dé una perspectiva para resistir este momento de ofensiva de los sectores más reaccionarios, fortaleciendo nuestra autoestima popular y colectiva".

"Frente al facismo: solidaridad" fue una de las consignas del pasado 7 de febrero en la marcha antifascista antirracista que movilizó en la Ciudad de Buenos Aires y en 27 puntos del país. En una insistencia por desplazar el individualismo que vino acoplado a este gobierno que demoniza lo colectivo y que intenta construir un enemigo en los feminismos y en las personas LGTBIQ+: "Creo que es clave no retroceder en las convicciones; es lo más primario que tenemos y la base sobre la cual el movimiento feminista y LGBTIQ+ construyó una perspectiva, incluso cuando era un espacio minoritario peleando por existir en condiciones mucho más complejas", explica Freire y agrega: "abonar a prácticas de organización y solidaridad en nuestros espacios también fue nuestro instrumento histórico. Es hoy nuestro desafío y nuestra tarea indispensable para contrarrestar los niveles de individualismo atroz, de ´sálvese quien pueda´ y de falta de perspectiva comunitaria que nos propone el modelo actual".
Natalia Molina es de la Corriente Villera de la 21-24 de la Ciudad de Buenos Aires, cada vez que tiene que describir lo que pasa en el barrio se le corta la voz de la impotencia, el grado de rotura que padecen vecinos y vecinas es mayúsculo: "En un contexto muy desorientado, donde a veces una se siente desamparada y todo parece estar ´suelto´, hay que volver a sentir que el proceso que supimos construir no tiene que ver con lo individual. No nos organizamos para lo individual, nos seguimos organizando para lo colectivo. Ese es uno de los desafíos que tenemos que volver a rescatar", dice. Ella pudo ser parte de esa camada de mujeres de barrios populares que conocieron el feminismo a través de la práctica comunitaria, que salieron de las casas no solo para trabajar y llevar ingresos a la familia sino para organizarse con otras: "El feminismo no es solo para mujeres. Se supo construir en comunidad; no se piensa desde lo individual. Puede llegar a ser una herramienta para resolver los problemas de la clase trabajadora. La mayoría de las mujeres seguimos teniendo una diferencia de ingresos respecto a los varones, con pocas posibilidades de trabajo y sin ser reconocidas por esas tareas invisibilizadas que llevamos adelante por generaciones".

Mayor resistencia
El país cumple dos años como laboratorio de la ultraderecha, a pesar de la crudeza del ajuste, el endeudamiento, la precarización de la vida y el discurso de odio constante, se ha logrado ir acumulando prácticas de resistencia y rechazo al gobierno. En la discusión transfeminista aparece la consigna de "unir las luchas" haciendo referencia a cómo resulta una tarea concreta de aquí y ahora vincular los miércoles de jubilades, con la pelea en el ámbito de la salud que dieron trabajadorxs del Hospital Garrahan y Bonaparte, con la lucha universitaria, la sindical, la de la economía popular, de les discas, de estatales, de personas LGTBIQ*, de gente en situación de calle y de la lucha contra el gatillo fácil.
"El desafío de este tiempo es amplificar el feminismo popular, tender puentes con otros sectores de la sociedad, dialogar con quienes todavía lo miran con distancia y mostrar que el feminismo no es un discurso abstracto ni una moda, sino una práctica concreta que organiza la vida, defiende el trabajo y pone en el centro los cuidados y la comunidad", dice Norma Molares que también destaca la importancia de mirar a la generación más joven: "Hay pibadas que nos observan, que encuentra en las experiencias del feminismo popular una referencia de lucha y organización en nuestro país, a eso hay que prestarle atención y no creerse eso de que la juventud está perdida".
Mayor resistencia
El país cumple dos años como laboratorio de la ultraderecha, a pesar de la crudeza del ajuste, el endeudamiento, la precarización de la vida y el discurso de odio constante, se ha logrado ir acumulando prácticas de resistencia y rechazo al gobierno. En la discusión transfeminista aparece la consigna de "unir las luchas" haciendo referencia a cómo resulta una tarea concreta de aquí y ahora vincular los miércoles de jubilades, con la pelea en el ámbito de la salud que dieron trabajadorxs del Hospital Garrahan y Bonaparte, con la lucha universitaria, la sindical, la de la economía popular, de les discas, de estatales, de personas LGTBIQ*, de gente en situación de calle y de la lucha contra el gatillo fácil.
"El desafío de este tiempo es amplificar el feminismo popular, tender puentes con otros sectores de la sociedad, dialogar con quienes todavía lo miran con distancia y mostrar que el feminismo no es un discurso abstracto ni una moda, sino una práctica concreta que organiza la vida, defiende el trabajo y pone en el centro los cuidados y la comunidad", dice Norma Molares que también destaca la importancia de mirar a la generación más joven: "Hay pibadas que nos observan, que encuentra en las experiencias del feminismo popular una referencia de lucha y organización en nuestro país, a eso hay que prestarle atención y no creerse eso de que la juventud está perdida".

Andrea D´Atri, diputada porteña por el Frente de Izquierda, asegura que "la mayoría de los sectores políticos que formamos parte del movimiento feminista en Argentina planteamos que hay que generalizar y profundizar las luchas, ampliarlas y unirlas. Y a eso, las feministas socialistas de Pan y Rosas –que militamos con Myriam Bregman- le agregamos, además, que al calor de esa experiencia hay que construir una fuerza política propia de la mayoritaria clase trabajadora, sindicalizada y no, con derechos en peligro o que nunca los tuvieron, contratada, precaria, empobrecida", dice.
A las calles de todo el país
El llamado de este lunes 9 de marzo no es un asunto del calendario, es un ejercicio colectivo de no sucumbir. Frente a las ideas de que la salidas se rigen por acciones individuales, la calle siempre es una fuga, por momentos errática y por momentos potenciadora. No soltarse la mano e insistir en que el desamparo no es una cuestión irreversible.
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