La traición y las «sucesivas lealtades»

17.08.2026
 Alegoría de "La Divina Comedia" y Florencia de Domenico di Michelino. Dante sostiene su obra. A un lado está Florencia y al otro, una visión del infierno
Alegoría de "La Divina Comedia" y Florencia de Domenico di Michelino. Dante sostiene su obra. A un lado está Florencia y al otro, una visión del infierno

Mario Casalla aporta una reflexión sobre la traición, tópico singularmente proscripto de la reflexión política e intelectual, para entender la dinámica real de los procesos políticos y sociales, en un año como el próximo, cuando estará en juego la presidencia de la nación.

Por Mario Casalla - Filósofo y periodista. Preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (ASOFIL)

(para La Tecl@ Eñe)


Una palabra y dos significados

Desde Caín y Abel

El infierno del Dante

Sin embargo, tendremos que esperar hasta siglo XV para encontrar un decir poético acerca de la traición que, como certero retrato, llega hasta nosotros. ¿Cómo olvidar aquí «La Divina Comedia» de Dante Alighieri? Los tres últimos Cantos del Libro Primero (Infierno) le están dedicados. La ubicación habla por sí misma: los traidores están en el último círculo del Infierno, sufriendo en diversas posiciones, en las aguas heladas del río Cocito. Frialdad que se corresponde con la falta de calor humano de los personajes. Dante accede a esos horrores, de la mano de Virgilio, en la noche del 9 de abril del 1300: todo otro símbolo, un Viernes Santo. Y en ese Infierno de los traidores, también hay graduaciones. En el primer infierno -la Caína- están los traidores a los parientes, a su propia sangre, a la familia. El nombre recuerda la figura de Caín. De allí se pasa a la Antenora (por Antenor, el príncipe troyano que entregó el Palacio a los enemigos de la ciudad y se complicó en la treta del Caballo de Troya) donde padecen los traidores políticos. Junto a Antenor, hay otros dos símbolos de la traición que también harían escuela: el que oculta su bandera y desorienta a la propia tropa (Bocca degli Abati) y el corrupto que se vende por dinero (Buoso da Duera). El tercer infierno es la Tolomea (por Ptolomeo, el rey judío que en el transcurso de un banquete hizo asesinar a su suegro y dos cuñados; o Tolomeo, el rey egipcio que para congraciarse con César ordenó la muerte de Pompeyo). Aquí sufren los traidores a los parientes. Por último, el más recóndito de los infiernos, es la Judeca (por Judas Iscariote, el traidor a Cristo), donde habita el propio Lucifer («la criatura que tuvo el más bello aspecto») y junto a él la legión de traidores a sus benefactores. Entre ellos dos prototipos, Bruto (el hijo adoptivo de César) y Casio (su lugarteniente) autores de esa muerte impía, resaltando así el carácter personal e intransferible de la traición y el amor perverso entre traidor y traicionado, que ese acto ilumina de manera diferente. Es que el mejor traidor suele ser siempre el más fiel (igual que Lucifer, «el ángel más bello»), y esa trama secreta entre la traición y el poder (mutuamente necesitados) informa también los avatares de la ideología. Es que siempre hay un justificativo ideológico para traicionar (religioso o laico), el traidor generalmente se considera a sí mismo como un justiciero y en la mayoría de los casos no lo es. Sus víctimas son en general las últimas en enterarse. Así que –donde usted lea estas líneas y donde yo las escribo- miremos bien con quién nos cruzamos. Y recuerde aquello de que Lucifer es el Ángel más bello y no se confunda con las caricaturas habituales. Tengo algunas experiencias malas al respecto y seguramente usted también, amigo lector.

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/la-traicion-y-las-sucesivas-lealtades-por-mario-casalla/

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