La UNLP explica por qué crecieron las infecciones de transmisión sexual

En el Laboratorio de Salud Pública de Exactas, cada primer miércoles del mes se hacen entre 50 y 100 testeos gratuitos, confidenciales y sin turno. La mayoría de quienes concurren son estudiantes, con un promedio de 24 años. La falta de prevención, bajo la lupa.
Por Juan Manuel Meza
En los últimos años, las infecciones de transmisión sexual (ITS) crecieron en el país pese a que a la par lo hicieron también la información de prevención, herramientas de cuidado y posibilidades de testeo. La Universidad Nacional de La Plata difundió un análisis para explicar por qué este amento no frenó pese a las múltiples opciones de prevención que hay actualmente. La tendencia del desuso de métodos de prevención aparece como uno de los principales motivos.
Se trata de una investigación realizada por Silvia González Ayala, de Ciencias Médicas; Rosana Toro, responsable del Centro de Asesoramiento, Prevención y Testeo de VIH y Sífilis de Exactas; y Licia Pagnamento, profesora de Ciencias Sociales y Salud en Humanidades.
Según la serie del Boletín Epidemiológico Nacional citada por la UNLP, entre 1994 y 2006 los casos de sífilis aumentaron, aunque no superaban los 10.000 registros anuales. En 1994 la tasa era de 1,3 cada 100.000 habitantes. Desde 2015 la curva se aceleró y en 2019 hubo 25.225 casos, casi tres veces más que cuatro años antes. En tanto, en 2025 se llegó al máximo, con 46.779, un 75,6 por ciento más que en 2022.
"La situación en Argentina es muy preocupante con respecto a la sífilis", sostuvo González Ayala, quien advirtió sobre la "alta circulación" de la Treponema pallidum. Toro, por su parte, planteó una salvedad sobre el peso que pueden tener el mayor acceso a los análisis y los registros: "Esto, por sí solo, nunca podría explicar el fenómeno. Indudablemente existe una mayor exposición a los agentes de transmisión sexual".
El 76 por ciento de los casos corresponde a personas de entre 15 y 39 años y la mayor incidencia se concentra entre los 20 y 24. Ese perfil aparece también en el Laboratorio de Salud Pública de Exactas, donde los primeros miércoles de cada mes se realizan entre 50 y 100 pruebas gratuitas, confidenciales y sin turno previo para VIH y sífilis. El resultado se entrega en el acto, entre 15 y 20 minutos después. "La mayoría de quienes concurren son estudiantes universitarios, con un promedio de edad de 24 años", detalló Toro.
"A mí no me va a pasar nada"
González Ayala relacionó la mayor carga con el "entusiasmo sexual", que ubica entre los 15 y 49 años, y puso especial atención en la franja de 15 a 35, asociada a una "adolescencia social" marcada por la "omnipotencia" del "a mí no me va a pasar nada". Sin embargo, el riesgo también alcanza a edades mayores. "Tal vez han tenido parejas estables y piensan que ya no están expuestas. Por eso muchas veces llegan al diagnóstico en forma tardía", alertó Toro.
Entre los jóvenes, las tasas son más altas entre las mujeres. A partir de los 50 años pasan a ser mayores en los varones y, entre quienes tienen más de 65, prácticamente duplican a la tasa femenina. Según González Ayala, "ello podría deberse a la tendencia a mantener relaciones con mujeres bastante más jóvenes".
El peligro de no saber y compartir
Las especialistas también advierten que no todas las ITS comparten las mismas vías de transmisión. "El 98 por ciento de las nuevas infecciones ocurren por relaciones sexuales sin protección", indicó Toro. Sobre el VIH precisó: "En el caso del VIH, la infección no se adquiere por compartir mate, saludos ni por besos. Se requiere contacto entre mucosas o con sangre".
González Ayala remarcó que esa explicación no puede trasladarse a todas las infecciones. La sífilis puede transmitirse si existen lesiones en la boca y recordó un brote de sífilis oral entre madres que acompañaban a sus hijos y compartían mate. Si hay lesiones bucales sangrantes, además, puede existir riesgo de VIH por contacto con sangre. De este modo, cada infección requiere mensajes específicos de prevención.
González Ayala resumió otro de los factores que observa en la actualidad: "Se ha perdido el miedo al sida". Con tratamientos accesibles y una expectativa de vida equivalente a la de personas no infectadas, el cuidado basado en el temor a la muerte perdió peso. A la vez, una persona puede volver a contraer sífilis porque haber atravesado la infección no genera inmunidad permanente.
Pagnamento planteó una lectura que complementa lo dicho por sus colegas. El riesgo no desapareció, sino que cambió la manera de entenderlo. El VIH ya no ocupa el lugar que tenía en las décadas de 1980 y 1990 y buena parte de las ITS son hoy crónicas y tratables. De esta manera, las campañas basadas únicamente en el miedo pierden eficacia y deben incorporar desigualdades de género, relaciones de poder y nuevas formas de construir relaciones.
La socióloga recurrió al concepto de "amor líquido" de Zygmunt Bauman para describir relaciones "muchas veces eventuales y prescindibles", atravesadas por "la fragilidad y la inmediatez" y, a veces, construidas por aplicaciones de citas. También retomó la "anomia" de Émile Durkheim y consideró "insuficiente" responsabilizar únicamente a los individuos ante la precariedad laboral, la incertidumbre sobre el futuro y otras vulnerabilidades que atraviesan muchos jóvenes. "Puede ser que la información no alcance, sobre todo cuando están en juego la sexualidad y la forma de relacionarnos", dijo Toro.
González Ayala sumó el denominado "favor sexual", entendido como relaciones a cambio de beneficios materiales, cuyo crecimiento observa en la práctica clínica y que desdibuja los límites del sexo comercial tradicional.
Las desigualdades marcadas por los datos
Las desigualdades aparecen también en los datos. Entre los 20 y 24 años, las mujeres presentan tasas de sífilis considerablemente superiores a las de los varones. "Se mantiene la desigualdad entre varón y mujer. En general, el hombre es quien decide e impone el cómo", puntualizó González Ayala. La infectóloga añadió que las primeras relaciones de muchas mujeres ocurren, en general "con varones de mayor experiencia sexual y, por lo tanto, con más posibilidades de exposición previa".
Otro problema es que muchas ITS no generan síntomas o producen señales leves e inespecíficas. En la sífilis primaria puede aparecer un chancro, una llaga indolora en genitales, ano o boca que desaparece aun sin tratamiento, aunque eso no significa curación. Si aparece en la vagina o el cuello del útero puede pasar inadvertido y la infección avanzar a la fase secundaria, cuando la bacteria ya se diseminó por el organismo. Esa presentación es frecuente entre mujeres jóvenes.
La demora del diagnóstico puede tener consecuencias graves, desde cirrosis provocada por hepatitis B hasta las complicaciones de la sífilis durante el embarazo, que puede transmitirse al producto de la concepción en el 100 por ciento de los casos si la madre no recibe tratamiento oportuno. También preocupa la gonococia o gonorrea porque la resistencia a los antibióticos llevó a que en algunos lugares del mundo "se volvió a la era preantibiótica".
El testeo de la UNLP
Frente a esas barreras, la UNLP sostiene en la Facultad de Ciencias Exactas un dispositivo de testeo y articulación sanitaria. La prueba, según Toro, también puede terminar con meses de preocupación. "Hemos logrado, en algunos casos, que una persona inicie el tratamiento apenas siete días después de haber realizado el test rápido", aseguró.
La bioquímica recordó además: "Hoy sabemos que una persona que vive con VIH, recibe tratamiento y mantiene carga viral indetectable no transmite el virus". El diagnóstico temprano, de esta manera, mejora la calidad de vida y contribuye a interrumpir la cadena de transmisión.
Aunque las jornadas del laboratorio solo realizan pruebas para VIH y sífilis, muchas consultas están relacionadas con el virus del papiloma humano (VPH), la ITS más frecuente. Los tipos que causan verrugas genitales pueden tratarse con láser o productos químicos, pero las lesiones reaparecen hasta en el 70 por ciento de los casos.
Los VPH oncogénicos pueden derivar con los años en cáncer de cuello uterino, ano, pene, vulva, vagina u orofaringe cuando una infección de alto riesgo persiste. En la mayoría de las personas, en cambio, desaparece por acción del sistema inmunológico.
La detección se complementa con el Papanicolaou (PAP) y, en situaciones particulares, puede indicarse un PAP anal en hombres que tienen sexo con hombres. "La herramienta fundamental para la prevención es la vacunación", afirmó González Ayala sobre la vacuna nonavalente incluida en el Calendario Nacional.
Las tres especialistas coinciden en que el aumento no tiene una causa única ni puede responderse solamente desde un consultorio. Toro lo sintetizó: "Disfrutar la sexualidad implica poder elegir. Por eso es tan importante el conocimiento. No podemos elegir si no tenemos información".
González Ayala planteó la necesidad de una educación continua y de un "cambio de actitud" que involucre al sistema de salud, la escuela y las familias. Pagnamento, por su parte, comentó que el cuidado también se aprende en instituciones como la familia, la escuela y los clubes.
De acuerdo a las profesionales, el testeo puede abrir la puerta al diagnóstico, la orientación y el tratamiento, pero el crecimiento de las ITS obliga a mirar también lo que pasa fuera del laboratorio con los vínculos, las desigualdades, la percepción del riesgo y las condiciones en las que cada persona puede, o no, decidir cómo cuidarse.
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