Las albañilas que transforman la Villa 21-24

Un grupo de mujeres de la Villa 21-24 se organizó para reparar los hogares más vulnerables del barrio, articular con los centros de salud y formarse en oficios históricamente masculinizados. Frente a la inacción estatal, construyen redes de contención, salud integral y soberanía comunitaria.
Por Estefanía Santoro
Por uno de los pasillos de la 21-24 de Barracas se pueden escuchar el golpeteo de las albañilas, son un grupo de mujeres que decidieron tomar las riendas de los problemas del barrio, capacitarse y acondicionar las viviendas. Trabajan de acuerdo a las necesidades habitacionales del barrio según la urgencia de cada familia. Primero están las personas que padecen alguna enfermedad y que necesitan resolver las problemáticas de sus hogares, coordinan con los centros de salud del barrio para conocer aquellas familias o personas que necesitan arreglos urgentes para poder seguir habitando sus casas.
Con los mamelucos rojos y los guantes de trabajo sacan las chapas viejas de un techo que tiene filtraciones, trabajan con ganas, con pasión por lo que hacen y con la convicción de saber que están ayudando a las vecinas que más lo necesitan, madres solteras, jefas de hogar, personas con alguna discapacidad o que se encuentran transitando alguna enfermedad para mejorar es su situación habitacional.
Fundación TEMAS y la mirada sobre la vivienda como salud
En la Villa 21-24, las condiciones estructurales de las casas marcan de forma directa la calidad de vida y la salud de sus habitantes. El barro, el estancamiento de agua y las filtraciones constantes provocan y agravan problemas respiratorios y crónicos en niños, adultos mayores y personas vulnerables. Ante la falta de respuestas estatales integrales, el proyecto "Albañilas", gestado dentro del trabajo territorial de Fundación TEMAS, nació para transformar la infraestructura básica del barrio desde una mirada comunitaria y de derechos.
Fundación TEMAS -cuyas siglas resumen los ejes de Trabajo, Educación, Medio Ambiente y Salud- desembarcó en el barrio en 2004. Paz, una de sus referentes históricas, detalla el origen y la misión colectiva que impulsó la organización: "Surgió sobre los derechos en los que queríamos trabajar, armar equipo y empezar a construir respuestas comunitarias a alguna de esas vulneraciones. Hoy tenemos cinco programas en ejecución: una escuela de boxeo para jóvenes, el proyecto Albañilas, un programa de salud mental comunitaria, un programa educativo para niñeces y uno de hábitat, comunidad e incidencia política. Para nosotras, todas las vulneraciones y todos los derechos caen en la vivienda. Las villas de CABA surgen por un problema de acceso al mercado formal de la vivienda y, a partir de ahí, viene un derrotero de vulneración de derechos."
Paz enfatiza que intervenir en las viviendas no es solo un arreglo estético o edilicio, sino una acción de salud profunda: "Entender la vivienda como el principal determinante social de la salud e incidir ahí es incidir en una cuestión estructural. A veces la medicina trata la enfermedad pero no indaga en las condiciones de vida que la generan. Si tenés que indicar una profilaxis para tuberculosis en una casa sin ventilación, los centros de salud no tienen a dónde derivarlo porque no hay una política pública que responda. Nosotras buscamos incidir directamente en esas condiciones materiales."
La alianza con los Centros de Salud para priorizar la urgencia
Para que el presupuesto y el esfuerzo de la cuadrilla lleguen a quienes más lo necesitan, las obras no se asignan al azar. El equipo articula directamente con los Centros de Salud del barrio (los CESAC N° 1, 8, 35 y 49), cuyos profesionales médicas y trabajadores sociales identifican los casos más críticos.
Paz explica el sentido ético de este mecanismo de derivación mediante un link compartido: "Intentamos ser muy justas para priorizar con lo poco que tenemos para distribuir. La demanda espontánea del barrio te llena la capacidad, porque la persona que tiene recursos simbólicos o cierta vinculación institucional viene y te insiste. Pero hay un montón de gente que no pasa por ahí: situaciones de salud mental muy complejas, adultos mayores postrados, personas con enfermedades crónicas o que están muy metidas en sus casas. A esa gente quien primero la detecta es el sistema de salud de atención primaria. Por eso armamos un sistema directo donde nos cargan la situación y nosotras hacemos el relevamiento técnico para evaluar cómo colaborar."
Esta prioridad se traduce en atender casos graves de cáncer, leucemia, párkinson, tuberculosis o personas con movilidad reducida que requieren reformas de accesibilidad. La respuesta del equipo abarca desde la impermeabilización de techos deteriorados hasta soluciones en redes de agua potable, cloacas y baños.
La urgencia en el hogar: El testimonio de Ester
El impacto de las filtraciones se vive a diario en los pasillos. Ester, vecina de la 21-24 desde hace más de 20 años, atravesó pérdidas materiales continuas antes de recibir la ayuda de las albañilas: "Tiré mi cama que estaba acá, tiré el ropero. Tiré un montón de cosas: ropa, zapatillas, ropa de mi nena, de mi nieta. Se me echó a perder la heladera también por la filtración, entraba todo agua acá. Tres baldes de agua saqué, y eso que estaba sin llover."
Ester, quien trabajó años en un geriátrico y hoy cursa el último año del secundario con el sueño de estudiar enfermería, compró unas chapas usadas como pudo, pero no tenía dinero para pagar la mano de obra. Por vergüenza no pidió auxilio hasta que se cruzó en la calle con Sandra, integrante de la cuadrilla: "Me animé a decirle a Sandra si me podían dar una mano. Honestamente, hacen un sacrificio enorme. Pensé que eran hombres los que venían, pero eran ellas. Hace rato estuve sacando cosas, tiramos madera podrida... Me están dando una mano impresionante. Se los digo de verdad: es un trabajo muy sacrificado."
De la trampa de la deuda a la formación en el oficio
La creación de Albañilas fue el resultado de un aprendizaje acumulado tras evaluar proyectos anteriores de microcréditos para la vivienda. Paz repasa la evolución histórica de estas iniciativas en el barrio: "En la época de los microcréditos de formato de grupos solidarios, veíamos que todo el excedente que ganaban las mujeres lo invertían en la vivienda. Años más tarde hicimos un fondo rotatorio de crédito autogestionado por mujeres junto con el CONICET y Madre Tierra. La experiencia fue hermosa en términos colectivos, pero vimos que retiraban plata del fondo, compraban la puerta o la membrana y a quien contrataban hacía mal el trabajo. A una compa le pusieron la puerta torcida y a otra le malgastaron la membrana porque no funcionó el arreglo. El resultado era que quedaban endeudadas con sus compañeras y no resolvían la vivienda porque no conocían del oficio, no sabían qué material era bueno o no sabían diagnosticar el problema. Ahí dijimos: primero tenemos que ocupar lugar en los oficios de la construcción, entender de qué hablamos y tener capacidad diagnóstica."
Sandra, cofundadora e instructora del grupo, coincide en el diagnóstico que dio vida al proyecto: "Pedían el crédito, no tenían conocimiento y terminaban contratando hombres que les pedían mal los materiales o se echaban a perder. Pensamos algo para que ellas mismas puedan resolver su situación habitacional, entender sobre materiales, arquitectura y la estructura del barrio. Decidimos formar mujeres en la construcción."
Hoy las aspirantes cursan una capacitación intensiva de cuatro meses en "Introducción a la construcción y rehabilitación de viviendas", seguida de trayectos específicos en electricidad, plomería, colocación de techos y sanitarios. Con 13 albañilas activas, el equipo lleva reacondicionadas más de 120 viviendas.
Apoderarse del saber: Jessica y Erika
El paso por las Albañilas transforma la vida de quienes integran la cuadrilla. Jessica, de 36 años, dejó su empleo formal en un call center para dedicarse a la albañilería comunitaria: "Llegué por un enlace, me anoté más que nada para hacerle la pieza a mis hijos y arreglar mi casa. Hice el curso de albañilería, techo y plomería; hice todo. Dejé el call center y dije: 'Lo mío es la albañilería, ayudar a las mujeres que no pueden hacer lo que nosotras estamos haciendo'. Para mí Albañilas es escuchar las voces que están en silencio, que no pueden hacer nada. El saber es otra cosa."
El aprendizaje le permitió ejecutar mejoras en su propio hogar con total seguridad técnica: "Hice el baño, el desagüe de la cocina que no tenía. Ahora estoy haciendo el techo con mi pareja. Pero ya es otra cosa cuando vos sabés: cuando entendés que tenés que pisar bien, que no tenés que hundir las chapas. Saber cambia todo."
Erika de 45 años sumó su experiencia previa a la cuadrilla para compartirla con sus compañeras: "Hice la formación completa y, como yo ya sabía, quería que las compañeras nuevas también aprendan. Albañilas para mí es mi pasión, no lo puedo dejar porque me encanta ayudar y ver la satisfacción de las vecinas que te dicen 'no me gotea más' o 'tengo baño'. Hay muchas casas que nunca tuvieron un lavatorio de manos y es la primera vez que tienen uno. Esos mensajes de agradecimiento nos llenan."
Autogestión, financiamiento y el fondo solidario de salud
Llevar adelante decenas de obras al año exige una permanente búsqueda de fondos e ingenio colectivo. Paz remarca el salto cualitativo que dio el proyecto al buscar financiamiento y concursos internacionales para sostener la labor: "Hasta 2023 todo era en un formato puramente solidario, las compas venían a formarse y hacían las obras como práctica. Nos faltaba dar una vuelta para que se convierta en un proyecto gestado con perspectiva feminista donde el trabajo de las mujeres sea reconocido y remunerado. Fuimos aplicando a convocatorias de Australia, Canadá, Nueva Zelanda y ganamos premios internacionales y locales. Con eso armamos un fondito que administramos mensualmente en asamblea para decidir cómo ejecutar la plata según nuestro sistema de priorización."
Paz contrapone este esfuerzo autogestivo con la falta de respuestas estatales a escala: "El año pasado nosotras hicimos 56 obras y este año ya vamos 50. Para que te des una idea, la UGIS (el organismo de gobierno que debería resolver esto) hizo 3 obras en la 21-24 el año pasado. Y la asignación presupuestaria para esos organismos es multimillonaria. Con más recursos, nosotras tendríamos cuadrillas simultáneas trabajando en todo el barrio."
Esta capacidad autogestiva permitió generar impactos que van más allá de la construcción. Mediante rifas y la realización de obras aranceladas fuera del barrio, la cuadrilla creó un fondo solidario de prótesis dentales.
Paz recuerda con orgullo cómo nació esta iniciativa: "Hicimos una obra en un jardín de infantes que nos pagó, dos obritas más y una rifa, y logramos pagar la prótesis de 20 compañeras. Albañilas es una estrategia colectiva para resolver necesidades individuales. Hacer estas cosas juntas, pedir turnos para ir a cardiología o ginecología, hacerse las prótesis. Tiene un montón que ver con el bienestar y con lo que significa tener una red de mujeres en tu vida. Como digo siempre: con mis compas resuelvo lo que tengo que resolver para mi vida, para mis hijos y para mi barrio."
A través de cada chapa cambiada, cada caño instalado y cada mezcla preparada, las Albañilas de la Villa 21-24 demuestran que la organización comunitaria y la formación técnica son herramientas capaces de transformar la realidad habitacional y devolver la dignidad a cientos de familias.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/10/30/las-albanilas-que-transforman-la-villa-21-24/
