Las escuelas frente a la violencia social: testimonios desde la primera línea docente

06.04.2026

Por Santiago Brunetto   

"La escuela está muy sola". En diálogo con Página/12, trabajadores y trabajadoras de la educación califican así la situación de los colegios frente a la creciente violencia social que les llega desde afuera. Punta del iceberg de una problemática mucho más profunda, el caso de la escuela de San Cristóbal, Santa Fe, volvió a abrir la discusión sobre el rol del sistema educativo ante el crecimiento de la violencia entre niños, niñas y adolescentes. Desde las escuelas sostienen que son la primera barrera de detección de los casos, pero que no cuentan con los recursos necesarios ni con una red de apoyo más allá del colegio en un contexto de deterioro del tejido socioeconómico y de desfinanciamiento de los dispositivos de contención: el ajuste en el área educativa fue erosionando los servicios de atención psicológica. Todo en un escenario de violencia cada vez más legitimada y de ausencia de horizontes de futuro para los y las jóvenes.

Como el final obvio de un cuento que se iba desarrollando frente a las narices de todos, tuvieron que pasar sólo siete meses para dar con un desenlace fatal. El lunes pasado, un estudiante de 15 años disparó la escopeta calibre 12 de su abuelo en el izamiento de bandera de la Escuela N°40 Mariano Moreno, en localidad santafesina de San Cristóbal, hirió a dos alumnos y mató a Ian Cabrera, un chico de 13 años.

Ahora, en Rafaela, otra ciudad santafesina, una directora denunció la circulación en redes sociales de videos que instaban a un nuevo tiroteo en una escuela.

Los primeros en advertir sobre el encadenamiento de situaciones de violencia --de esta magnitud y de otras que no acaparan la atención mediática-- fueron los y las trabajadoras de la educación. Lo vienen haciendo, y lo seguirán haciendo, incluso aunque, paradójicamente, se los culpe por no detectarlas. Yael Casella, psicóloga de un Equipo de Orientación Escolar (EOE) de la Ciudad de Buenos Aires, advierte que, tras el caso de Santa Fe, "el foco general se puso sobre lo que hizo o no hizo la escuela, pero no aparece una mirada puesta en lo social y en la coyuntura política, al mismo tiempo que se olvida que, al fin y al cabo, la escuela es el lugar en el que las infancias y las adolescencias pueden ir a contar lo que les pasa. El límite a esto tiene que ver con los recursos que no tenemos".

Los dispositivos de contención dentro de las escuelas existen. Los EOE trabajan en los colegios o por áreas geográficas, dependiendo de la jurisdicción, con protocolos de intervención específicos que fijan los pasos a seguir cuando se detecta algún caso de alarma. La primera intervención aparece, por lo general, por parte del docente, que detecta alguna situación particular en el aula y eso se deriva a los EOE, que evalúan las posibles implicancias del caso.

Carolina Brandariz, docente del nivel primario, lo ejemplifica con casos concretos: "Hay estudiantes que tienen que ser sostenidos dentro de las aulas por sus propios familiares para que no tengan ciertos episodios o brotes en las escuelas, así se viene sosteniendo el sistema educativo". "Tenemos una conflictividad social general de la que es muy difícil que la escuela pueda abstraerse. Familias cuyos integrantes tienen que tener dos o tres trabajos para llegar a fin de mes, que pasan menos tiempo con sus hijas e hijos, sin contar con los discursos de odio que se instalan y repiten desde el presidente Javier Milei para abajo", indica la docente, integrante de la Corriente de Trabajadores de la Educación.

Casella asegura que "se ven muchas situaciones de desborde emocional, de no poder frenar o manejar los impulsos, los enojos, de romper cosas o de pegarle a un compañero". "Los docentes intentan alojar estas situaciones, no hay un rechazo a lo que les pasa a los chicos, pero son pibes que no acceden a la pata de salud que podría verdaderamente manejar esto, porque está claro que un docente no va a poder suplir ese rol", agrega.

Andrea Bohus, trabajadora social en un colegio de la Ciudad de Buenos Aires, coincide en que "las escuelas somos las primeras que detectamos estas situaciones, las primeras que tenemos que responder ante ello y al mismo tiempo somos las últimas en acceder a comunicación genuina con el Estado que debería garantizar los derechos de los pibes y las pibas". Bohus, integrante del gremio Ademys, asegura que "la escuela está muy sola trabajando con todo esto".

Paula Piñeiro, docente de Puentes escolares, uno de los programas socioeducativos de la Ciudad, agrega que "hay una idea generalizada de que la escuela tiene toda la responsabilidad, pero la primera responsabilidad la tiene el Estado". "A nivel general, las políticas de cuidados se han venido achicando o directamente eliminando en los últimos años. Lo más sencillo es echarle culpa a la escuela en vez de pensar en términos más comunitarios qué les pasa a los chicos para llegar a estas situaciones", añade.

Para Piñeiro es necesario relacionar estos casos con "la violencia discursiva generalizada por parte de los medios, con la crueldad y la humillación que parece vender en un contexto en el que no se vislumbra ninguna perspectiva de un futuro esperanzador, un futuro donde los chicos puedan estudiar para poder trabajar de lo que les gusta y ganar un sueldo digno".

Bohus subraya, por su parte, que "el ajuste económico que estamos padeciendo todos implica una extensión forzada de la jornada laboral y esto también impacta en las familias de nuestros pibes y pibas, familias que están trabajando 16, 18 horas y que no les alcanza ni para el plato de comida". "Eso genera la falta de tiempo de poder acompañar la crianza, de estar presente, de poder intercambiar, de compartir una cena, una merienda, de ir a la plaza, de tener actividades recreativas, que también son derechos de los niños, niñas y adolescentes", alerta.

Brandariz remarca que "tampoco hay que olvidarse de que los docentes y las docentes venimos siendo castigados, nuestro salario está muy depreciado y estamos siendo muy perjudicados por este modelo". "Somos el último eslabón de la cadena y en ese contexto también hacemos lo más que podemos, aunque desde las escuelas siempre se propicia que haya ámbitos de reflexión para situaciones de estas características", concluye.

Fuente:

https://www.pagina12.com.ar/2026/04/05/violencia-en-las-escuelas-testimonios-desde-la-primera-linea-docente/

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