Murió el “Negro” García, un sobreviviente que honró la memoria

14.04.2026

Testigo y querellante en los juicios contra los genocidas, será recordado por su bonhomía.

Carlos García casi no tenía voz. Sin embargo, la administraba para interesarse por lo que importaba: la marcha por los 50 años del golpe de Estado. Quería saber si los preparativos venían encaminados o si la manifestación había sido tan nutrida como se esperaba. Su vida, como la de tantos otros miles, cambió para siempre por esa dictadura que el 24 de marzo de 1976 usurpó el poder. Estuvo secuestrado y fue torturado en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Sobrevivió, testimonió y fue uno de los impulsores de la querella para que los crímenes que allí se perpetraron no quedaran sin castigo.

En la militancia, García era el "Negro" o el "Negro Roque". De cuna peronista, se sumó a la militancia de los años '70. El 21 de octubre de 1977, una patota de la ESMA lo secuestró cuando salía de la casa de sus padres en Carapachay.

Pasó más de un mes sometido a tormentos y en cautiverio en la zona conocida como "Capucha". Un militar le dijo que debería hacer tareas como mano de obra esclava. Lo mandaron a hacer trabajos de mantenimiento junto con otros secuestrados, a quienes los represores se referían despectivamente como "la perrada".

Realizaba, en general, tareas en el sótano de la ESMA, en proximidad a las salas de torturas, por donde pasaban todos los que, como él, caían en las garras de la Marina. "Escuchábamos los gritos de los compañeros. Vivíamos un infierno", declaró en los tribunales.

Mientras estaba en el sótano, el "Negro" García fue uno de los que pudo ver a las Madres de Plaza de Mayo, a las monjas francesas y a los militantes que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz, que fueron secuestrados en diciembre de1977 tras la infiltración de Alfredo Astiz. "Vi a las monjas y escuché cómo eran torturadas", relató.

Junto con Alfredo Margari –"Chiquitín"– tenían que imprimir documentos falsos para la Armada. Muchas veces la tarea se hacía en el sótano de la ESMA. En otras oportunidades eran conducidos al edificio Libertador, sede de la Marina.

Con "Chiquitín" también fueron llevados a trabajar a Apus Gráfica, que funcionaba en la calle Hornos, en el barrio de Constitución. Allí se imprimía el diario Convicción, con el cual Emilio Eduardo Massera buscaba apuntalar sus intenciones presidencialistas.

A principios de 1979 conoció a Miriam Lewin, otra militante que, como él, había estado secuestrada en la ESMA. Eran parte de un grupo de sobrevivientes —junto con "Munú" Actis, "Chiquitín" y Elisa Tokar— que se reunían para compartir lo que no podían hablar con quienes habían sido ajenos a ese horror.

Al poco tiempo, Miriam quedó embarazada de su primer hijo y, en agosto, se casaron. Recién entonces entró en un régimen de libertad vigilada, que le permitía no regresar al campo de concentración después de cada jornada como esclavo en la gráfica que imprimía el diario de Massera.

En 1981, Miriam y el "Negro" consiguieron permiso para salir del país. Viajaron a Nueva York. Allí nació su segundo hijo. El "Negro" se ganó la vida como podía: repartía diarios. Los dos se unieron a un grupo de exiliados que imprimía el periódico El Argentino para denunciar las violaciones a los derechos humanos que aquí se cometían.

Cuando Raúl Alfonsín ganó las elecciones, Miriam y el "Negro" comenzaron los trámites para regresar al país. Declararon en el consulado ante el rabino Marshall Meyer, que había ido a recabar testimonios para la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), aunque sufrió el robo de los casetes donde habían sido registradas esas declaraciones.

En agosto de 1984, la familia regresó a Buenos Aires. Tanto Miriam como el "Negro" fueron testigos en el Juicio a las Juntas. Siempre honró su misión como sobreviviente de dar testimonio por los que no pudieron salir.

"Era pura bondad. Era una alegría encontrarse con él. Siempre era muy optimista respecto de los juicios. Para mí, fue un orgullo acompañarlo en este camino", dice el abogado Rodolfo Yanzón.

"Siempre estaba dispuesto a declarar y a volver a pasar por ese horror por los que ya no están. Era uno de los tipos más queridos entre los sobrevivientes", añade Yanzón.

Falleció el lunes. Acababa de cumplir 77 años. Lo despidieron sus hijos, sus compañeros, sus sobrinos. Quienes iban a visitarlo al sanatorio entonaban en su honor la marcha peronista y se emocionaban pensando en un tiempo en el que reine en el pueblo el amor y la igualdad. Hasta último momento escuchó las canciones de Quilapayún.

El "Negro" no creía en el más allá, escribió Miriam Lewin en su Facebook. "Pero si hay un cielo de los justos, allí va a estar seguramente", despidió al padre de sus hijos.

Carlos García, el "Negro Roque" o simplemente el "Negro" erá despedido el miércoles a las 10.10 en la capilla del cementerio de la Chacarita.

Fuente:

https://www.pagina12.com.ar/

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