No es una “disputa judicial” entre padres, es violencia vicaria: lo que queda por delante tras el reencuentro de Alexandra Sabio con su hijo

Alexandra Sabio se reencontró con su hijo y Claude Staicos renunció a su cargo como secretario de Prensa del gobernador neuquino Rolando Figueroa, en lo que definitivamente constituye un triunfo para la madre protectora (sobre todo, teniendo en cuenta que si no hubiera sido por la insistencia de Alexandra y el apoyo de quienes la acompañaron al colegio, las autoridades judiciales y de la institución se habrían escabullido con el niño M. y la historia, hoy, sería otra).
Por Sol Tobía para ANRed
La periodista Silvina Ojeda, que estuvo en la puerta del colegio Millaray -donde M. permaneció encerrado por 24 horas mientras su madre reclamaba verlo desde la puerta- relató la situación de este modo: "El juez Sepúlveda y la jueza Luna le informaron a Alexandra que su hijo sería trasladado por una determinada puerta. Sin embargo, el traslado se realizó por otro lugar y de manera sorpresiva. Estuvimos ahí. Vimos cómo fue engañada ante jueces cómplices".
La gravedad de la escena es una demostración más de cómo las garantías democráticas y los derechos más elementales de las mujeres y los niños pueden haber avanzado en el plano de las ideas y la palabra escrita, pero son continuamente atropellados y pisoteados en la práctica por quienes detentan el poder real. No hubo Justicia imparcial ni un Estado "equidistante" o garante de ningún derecho para Alexandra Sabio ni para su hijo a lo largo de todo este proceso. Sí hubo, en cambio, un aparato estatal que respaldó la arremetida de un hombre violento contra su ex pareja, a quien en 2020 prometió quitarle a su hijo en un acto de venganza por "lo que le había hecho" (tomar la decisión de separarse).
La renuncia de Staicos y la revinculación progresiva que la Justicia le "concedió" a Alexandra son definitivamente un triunfo en un contexto como este, pero no constituyen ni de lejos el cierre de una historia caracterizada por la impunidad y la completa sintonía entre un sistema judicial esencialmente patriarcal y los hombres violentos como Staicos, que son muchos e integran una especie de "movimiento" coordinado de padres contra las supuestas falsas denuncias.
El telón de fondo es histórico y estructural: un sistema (político, cultural, económico, jurídico) que tarde o temprano demuestra estar hecho a la medida de los hombres y ser enteramente funcional al avasallamiento de los derechos de las mujeres en general, y de las madres y sus niños en particular. Veánse, si no, las múltiples revinculaciones forzosas de niñas y niños con sus progenitores abusadores de las que nos enteramos a diario.
El colegio Millaray (cuyo dueño, según varios trascendidos, resulta ser amigo de Staicos) tiene que dar explicaciones por haber secuestrado a un niño de 6 años desde la mañana del lunes 31 de agosto hasta la mañana del martes 1 de septiembre, cuando no regía ya ningún impedimento legal contra el derecho de la madre a ver a su hijo. "Estamos ante una violación flagrante" de los derechos del niño y de "un acto de violencia de género simbólica" del progenitor hacia su madre, denunció el abogado de Alexandra, Luis Virgilio Sánchez, según recogió el medio Intempestiva. El letrado formuló una denuncia penal por privación ilegítima de la libertad, medida que se sumó a otras similares impulsadas por la abogada Sara Barni.
Claude Staicos, por su parte, tiene que dejar de violentar a Alexandra y a M. cesando en su impedimento del contacto de la madre con el niño. La comunidad que acompaña a Sabio se mantiene alerta porque sabe que el ahora ex secretario de Prensa mantiene su manejo de varios medios de comunicación en la provincia y sus contactos y amistades en el poder político y judicial local, con lo cual su renuncia podría ser una simple maniobra para desviar la atención y "cuidar la imagen" de Figueroa.
No es una "disputa judicial", es violencia estructural
ANRed publicó su primera nota a Alexandra Sabio el 1 de julio de 2025, un mes y 20 días antes de que Staicos impulsara un brutal operativo en el jardín de infantes al que asistía M.: allí, un grupo de funcionarios estatales y judiciales, acompañados de policías armados, arrancaron al niño de los brazos de Alexandra. En esa primera nota, Sabio contó a este medio cómo decidió separarse en 2020, cuando acababa de dar a luz al niño y tras dimensionar que su pareja era un violentador activo: "En oportunidades él me empujaba, me tiraba cosas. Una vez me empujó de la escalera de su casa. Esa vez me fui, me vine a la casa de mi mamá y él al otro día vino y me pidió perdón", relataba entonces.
La decisión no fue fácil de llevar a cabo, porque en cuanto Alexandra le comunicó su decisión a Staicos este le impidió salir de su casa con el niño recién nacido bajo la amenaza de quitárselo: "Desde el día que me separé, que le dije que me quería ir de su casa, él ya me venía amenazando con que si yo me iba él me iba a sacar al nene. De ahí mi temor, porque él se dedica a la política desde la gestión del gobernador (Jorge) Sobisch acá en Neuquén… Hace aproximadamente 20 años que está en la política", explicaba el año pasado.
El argumento de Staicos para lograr el cuidado unilateral de M. por un año (plazo que venció el pasado 20 de agosto) fue un supuesto "impedimento de contacto". El progenitor se ausentó deliberadamente de las visitas y citaciones que formaban parte del régimen de cuidado compartido que impulsaba Alexandra, para argumentar que no veía a su hijo porque la madre no lo permitía. A todo esto, se ganaba una inscripción en el registro de deudores alimentarios, porque tampoco facilitaba el dinero necesario para el cuidado del niño.
La historia de Alexandra no termina, y se repite en todo el país y en todo el mundo. Tras un año de silencio y censura, caracterizado por amenazas a periodistas, notas eliminadas y negativas sucesivas a recibir el testimonio de la madre, los medios nacionales se hicieron eco de la situación por lo alevosa de la secuencia de la semana pasada en el colegio Millaray. Sin embargo, sumaron su aporte a la violencia contra la madre promoviendo un discurso lavado y presuntamente neutral. "Disputa judicial entre los padres", titulaban los portales y noticieros mientras unos cuantos periodistas indignados repetían que la única víctima de la situación era el niño y distribuían la culpa por igual entre la madre y el padre, que solo "se acusaban mutuamente".
En este caso, como en tantos otros, ser «equidistante» es en realidad ser favorable al violento e invisibilizar tanto la historia de violencia de Staicos hacia Alexandra como la situación más estructural de misoginia y violencia vicaria que se materializa en las situaciones concretas de miles de mujeres. Alexandra luchó -y lucha- por vincularse con su hijo y propuso desde el principio un régimen de cuidado compartido que Staicos se negó a sostener, porque su objetivo no era ver ni cuidar a su hijo sino dañarla a ella, castigarla por haber decidido separarse. Así actúan los varones que ejercen violencia vicaria: dañando a los hijos para lastimar a las madres. El de Staicos no es un caso aislado, es un caso de violencia machista de manual, agravado por la particularidad de haber sido funcionario público y por la aún mayor asimetría de poder que eso implica.
En una de sus publicaciones sobre el caso, Ojeda remarcó: "La renuncia no borra lo ocurrido ni puede convertirse en una forma de cerrar la discusión. Quedan demasiadas preguntas. Sobre las decisiones tomadas, sobre quienes intervinieron y sobre el accionar de la Justicia neuquina".
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