Qué hay detrás del boom de la inteligencia artificial en la educación: ¿Riesgo o beneficio?

La Ciudad de Buenos Aires anunció la ampliación de la IA en nivel inicial. Empresas tecnológicas comercializan chatbots personalizados para escuelas. La IA pasó de ser vista como un riesgo a una herramienta central en la personalización educativa.
Por Dylan Resnik
Ni bien salieron al mercado los primeros chatbots de inteligencia artificial comenzó la preocupación sobre cómo impactarían en el aprendizaje estas nuevas herramientas que responden a prácticamente cualquier pregunta con el tono y forma deseada.
Los interrogantes acerca de la deuda cognitiva no tardaron en llegar. También las preocupaciones sobre el uso poco ético de los sistemas de IA en las aulas y el aluvión de denuncias por plagios, lo que llevó a los alumnos a grabar durante horas sus pantallas o agregar intencionalmente errores ortográficos para demostrar que sus trabajos no fueron escritos por una máquina.
Ahora, el proceso se asoma a un tercer giro, con un nuevo desafío: ¿cómo se puede incorporar la inteligencia artificial dentro de las aulas o, más bien, cómo adaptar los sistemas que ya están funcionando? ¿Qué tipo de modelos son mejores y cuál es la vía correcta para tomar lo bueno, evitando los efectos adversos de los bots que todo lo responden.
Pero hay más, porque la pregunta también apunta a cómo se puede modificar la labor docente en un contexto no sólo de nuevas herramientas, sino donde la tecnología habilitó la personalización extrema de las experiencias, con los feeds de redes sociales como exponente más potente.
Inteligencia artificial en las aulas
Semanas atrás el Gobierno porteño inauguró el ciclo lectivo y anunció que incorporará Google Gemini como herramienta de inteligencia artificial generativa para estudiantes de nivel primario de escuelas estatales, ampliando la política iniciada el año pasado en el secundario.
La medida —que dispone la herramienta de manera gratuita y a través de las cuentas institucionales @alu.bue.ar dentro de Google Workspace for Education— responde al imperativo de modernizar la educación y mostrar permeabilidad frente a las nuevas tecnologías.
Sin embargo, los expertos lanzan una serie de advertencias. Aseguran que la incorporación de la inteligencia artificial en las aulas debe hacerse con suma responsabilidad. Y que en estos procesos el qué y el cómo tienen un peso trascendental.
Estas medidas resuenan en un contexto en que el mundo ya está empezando un cuarto giro donde, por ejemplo, el Gobierno sueco anunció que las escuelas del país volverían a lo básico: el libro papel. Para esto, sólo el año pasado, destinaron 83 millones de dólares a la compra de libros de texto y guías para docentes.
Entre el hype y el futuro
Sol Alzú, analista de datos del Observatorio de Argentinos por la Educación, explicó a Página|12 que según una encuesta de UNICEF y UNESCO, los chicos y sobre todo los adolescentes ya están usando la inteligencia artificial de manera habitual.


"Tres de cada cuatro chicos de entre 15 y 17 años, ya están usando inteligencia artificial generativa. En su mayoría usan herramientas como ChatGPT, y vemos que dos de cada tres —esto es una encuesta autorreportada, así que probablemente sea todavía más— afirman usarlo para tareas escolares", precisó.
Esto marca un punto de partida, explica Alzú. La inteligencia artificial ya está en las aulas. Para ella, la discusión tiene que partir sobre esa base. Es decir, comenzar a pensar cómo usarla y cuáles son las dinámicas más saludables y productivas.
Según el Observatorio Argentinos por la Educación, la inteligencia artificial en la actualidad ocupa tres lugares dentro de las escuelas:
- Vinculado a todo lo que está enfocado al aprendizaje, a los estudiantes propiamente dichos.
- Con el foco puesto en los docentes, y cómo la inteligencia artificial puede servir como herramienta para la planificación y seguimiento de alumnos.
- En relación a lo que tiene que ver con la gestión, tanto de la escuela como del sistema educativo en su conjunto, donde "aparecen sobre todo usos muy interesantes para los ministerios provinciales o incluso para la Secretaría de Educación".
Oportunidad y desafío
"Es una oportunidad, una herramienta sumamente potente. El desafío es el uso, el para qué", sentó su posición Darío Álvarez Klar, creador de una red de escuelas en Argentina y Uruguay, la Red Educativa Itínere y del HUB Educación e Innovación.
Para el educador, "hoy en día, no usar la inteligencia artificial sería desaprovechar herramientas que permiten, en algunos casos, potenciar modos de aprender, disminuir la inversión de tiempo en ciertos procesos de trabajo para chicos y para adultos".
Álvarez Klar explicó que no sólo hay que usar estas herramientas, sino también aprender a hacerlo, diferenciando "qué habilidades potencia y cuáles apaga".
"Esto lleva también a que la escuela o el sistema educativo piense en otras formas de evaluar. Si lo que espera es respuestas correctas a preguntas ya establecidas, te lo va a contestar la inteligencia artificial, Google, Wikipedia o El Rincón del Vago", expresó.
Según el especialista, "el pensamiento crítico no lo anula, depende de cómo lo uses". "Si yo le pregunto algo a la inteligencia artificial, lo copio y lo pego, no tengo criterio. Pero si puedo seleccionar, volver a promptear, analizar y desafiarme, tiene sentido", agregó.
En sus aulas se debe cumplir con un código de ética y transparencia que incluye una declaración de principios e informar si un trabajo o nota fue realizado con inteligencia artificial, uso que no está penalizado, pero que abre un mecanismo de evaluación diferente.
Un cambio en el rol docente
De fondo, resuena el eco de una duda clave de estos tiempos: ¿es realmente necesaria la IA dentro de las aulas? Para Álvarez Klar, "no es imprescindible, pero es necesaria". "Tanto al adulto que enseña como al alumno le sirve para reemplazar algo que el sistema durante muchos años no tuvo: atender la diversidad en el aula".
Y puso un ejemplo: "Hoy podés generar propuestas distintas con el mismo objetivo. Llegar al mismo fin por distintos caminos. Hay alumnos con más facilidad para lo visual, otros para lo auditivo, y podes pedirle que un texto lo convierta en un podcast".
Para él, esta no es la misma lógica que la personalización de las redes sociales: "La educación requiere personalización, pero no la del capricho. Tiene que ver con necesidades de aprendizaje".
Para Alzú esto le permite al docente "generar más actividades más rápido, personalizar ejercicios y obtener una ayuda en correcciones o reportes". "Puede haber un proceso de corrección automática que luego pasa por supervisión humana", afirmó.
No es un dato menor si se tiene en cuenta que la dinámica del "docente taxi" se impuso en una realidad económica que hace que a los educadores no les alcance con un único sueldo y deban tomar horas en múltiples escuelas, o incluso buscar empleos en otros rubros.
Volver a las bases: saber preguntar
Daniela Buján, es cofundadora de Auroria, una herramienta de IA que está pensada para correr, exclusivamente, en los entornos educativos.
El sistema es el típico de un chatbot, pero donde las respuestas se dan en base a un material pedagógico concreto y no son cerradas, sino que fomentan el intercambio dialéctico. "Auroria no les da las cosas servidas", sintetizó Buján ante la pregunta de este medio.
Según Buján, "saber preguntar bien es una habilidad clave. El modo socrático obliga a participar. No les da la respuesta final, los interpela. Tienen que poner su conocimiento y ser activos en la conversación. Eso genera hábitos de uso de la tecnología", explicó.
El sistema tiene su base sobre Gemini y lo que hace es brindar un repositorio de información adaptado a cada escuela que la herramienta consulta primero. Si no encuentra la respuesta, busca en internet, pero siempre con filtros mediante para evitar alucinaciones o contenido que la escuela prefiere no dar.
En esta instancia, la herramienta está disponible para que las escuelas la puedan adquirir. Es decir, el sistema se vende no a los alumnos o padres, sino a las instituciones, que luego trasladan el costo en la cuota —tres dólares (unos $4.200) por usuarios por mes— a las familias.
Brecha tecnológica
Ante la pregunta sobre la brecha que se abre entre escuelas que sí pueden pagar sistemas personalizados y las otras sólo pueden acceder a las herramientas gratuitas que se disponen en internet, los especialistas llegaron a diferentes conclusiones.
Buján, por ejemplo, considera que no se puede hablar de IA si no se resuelven primero las necesidades de hardware. "Se anuncia IA en escuelas, pero no hay dispositivos y a la vez se restringen celulares", reflexionó.
En la misma línea, Sol Alzú, de Argentinos por la Educación, opinó que todo lo relacionado a la tecnología puede generar brechas e "incluso antes de la inteligencia artificial ya veíamos brechas en conectividad, con provincias con menos del 25% de las escuelas conectadas o falta de dispositivos".
Por su lado, Álvarez Klar aportó una mirada más optimista y dijo que, aunque reconoce que el factor económico es determinante, "la tecnología puede ser muchas veces una herramienta que achique las brechas" y que un celular con datos móviles y una mirada atenta crítica sobre el uso de las herramientas es suficiente.
Sostiene que no hace falta pagar sistemas costosos para aprender: "No necesitas pagar Cloud o Gemini. Vos decís, mira, yo uso la china que es gratis, uso la de WhatsApp... un chico tiene que aprender a usarlo porque lo va a usar en su vida".
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