Ruido de época

Cuando las opiniones -fundadas e infundadas-, se viralizan en un mismo espacio y a un mismo tiempo, el resultado sólo puede ser el ruido, y el efecto de ese ruido, la confusión, el aturdimiento y el hastío.
Por Martín Kohan - Escritor y docente universitario. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Apoltronado en el mullido sillón del living de su casa, hay uno que mira la televisión algo amodorrado, lo ve a Paredes reaccionar y prepotear, y sin salir de su sopor mental comenta: «¡Qué pendencieros son estos argentinos!». En otro sillón mullido de otro living de otra casa, hay uno que, no menos apoltronado, no menos amodorrado, mira también la televisión, lo ve a Scaloni separando y sosegando, y con un tono medio comenta: «¡Qué buenos son los argentinos calmando ánimos, evitando líos!». Bajo la ducha, entre azulejos, una muchacha contenta entona una canción de fútbol (o una canción adaptada al fútbol, que es lo que suele ocurrir). Desde el cuarto, echada en la cama, otra muchacha la escucha y se entusiasma, le gusta esa letra zumbona que festeja al vencedor y se mofa del vencido. A la mañana, en una mesa de cocina, frente a una taza de café que no humea y mientras echa los cereales a la leche, hay uno que se rasca la cabeza y dice que no entiende por qué no hay jugadores negros en el equipo argentino: que ha de ser por puro racismo. Su mujer se encoge de hombros, de mestizajes no tiene idea, de historia argentina tampoco; pero sabe que no sabe y eso no deja de ser en verdad una forma de sabiduría. Entonces se encoge de hombros y admite: «¡Qué sé yo! ¡No tengo idea!».
Son escenas más o menos cotidianas, triviales y anodinas, de las que todos eventualmente participamos o podríamos participar. Ahora bien, ¿eso que se dice así merece traspasar el ámbito restringido del living o la cocina, ir más allá de los azulejos del baño? ¿Qué pasa si, por la facilidad de tener una pequeña computadora siempre en la mano, se redacta y se publica? ¿Qué pasa si, por la facilidad de tener una pequeña filmadora siempre en la mano, se graba y se difunde? ¿Y qué pasa si además se hace masivamente, o se hace y se vuelve masivo, traspasa intacto a los así llamados medios masivos, hasta llegar a dominar incluso el centro mismo de la esfera pública, hasta llegar a convertirse en el álgido tema de un urticante debate global?
Están esas tantas cosas que decimos por decir. Están también las opiniones que proferimos, que se dividen a su vez cuanto menos en dos clases: las fundadas y las infundadas. Y están esas reflexiones o esos análisis que, mejor hechos o peor hechos, para la valoración o para el descarte, para el acuerdo o para el disenso, alguien se ocupa de elaborar y de articular. Cuando todo eso suena a la vez, en un mismo espacio y a un mismo tiempo, mezclado o encimado, enredado y superpuesto, el resultado sólo puede ser el ruido. Y el efecto de ese ruido, la confusión, el aturdimiento, el mareo, el hastío.
Fuente:
https://lateclaenerevista.com/ruido-de-epoca-por-martin-kohan/
