SUICIDIO

15.03.2026

Una guía para saber qué hacer, cómo prevenir y dónde encontrar ayuda

Hablar de suicidio, especialmente cuando se trata de niños, niñas y adolescentes, implica abrir la puerta a una conversación difícil, pero también indispensable. Visibilizar esta realidad es, según los profesionales, el primer paso para la prevención.

El suicidio es el segundo motivo de muerte por causas externas (después de los accidentes, como los de tránsito y las lesiones no intencionales) entre los adolescentes y jóvenes de entre 15 y 29 años de la Argentina. En 2023, hubo 4197 suicidios y prácticamente la mitad se dieron en jóvenes de entre 15 y 34 años. Cuando se pone el foco en los niños, niñas y adolescentes de hasta 19 años, las estadísticas marcan que en la Argentina hay un suicidio cada 20 horas, según los últimos datos oficiales.

En los consultorios se palpita a diario: los casos de chicos con ideación suicida, autolesiones, ansiedad y depresión se dispararon en los últimos años. Es un fenómeno en el que intervienen muchos factores, entre los cuales los especialistas subrayan el rol de las redes sociales y el tiempo que los chicos pasan frente a las pantallas, expuestos a todo tipo de contenidos. "Recién ahora estamos viendo los estragos a nivel del desarrollo cognitivo, de las habilidad atencionales, de la capacidad de regularse y de las habilidades sociales", advierte Gisela Rotblat, jefa de Psiquiatría e Interdisciplina del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano.

Esta guía elaborada por Fundación LA NACION junto a reconocidos especialistas en suicidología, psiquiatras y psicólogos infantojuveniles busca dar respuesta a las preguntas más frecuentes sobre esta problemática. Es un primer paso para abordar, como comunidad, una problemática social que nos atraviesa.

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¿Desde qué edad un niño puede tener pensamientos suicidas?

Psiquiatras y psicólogos observan con preocupación una baja en la edad de las niñas y los niños con ideación e intentos de suicidio. Es una tendencia que se agudizó después de la pandemia y se mantiene. Sostienen que la motivación que lleva a pensar o intentar un suicidio en el caso de las chicas y los chicos no siempre es la muerte, sino que se trata de una forma de buscar alivio a un sufrimiento psíquico que no está pudiendo ser canalizado de otra forma.

"Tenemos casos de niños pequeños, que antes eran excepcionales. Chicos de 7 u 8 años, incluso de 6, que vienen con pensamientos suicidas. No solo con la idea de no querer vivir más y todos los síntomas que acompañan ese pensamiento, sino también con un plan suicida", advierte Silvia Ongini, psiquiatra infantojuvenil del departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas.

La médica explica que antes de los 5 años, "las niñas y los niños no tienen conciencia de la muerte como desaparición total o infinita". A medida que crecen, eso cambia, y desde los 8 o 9 "van a entender la muerte como una pérdida para siempre, como fin de la vida".

¿Cuándo los chicos pueden comenzar a pensar en el suicidio como una alternativa para terminar con su sufrimiento? "Lamentablemente, empezamos a escucharlo a partir de los 6 años. Muchas veces se manifiesta con frases como 'me quiero ir a las estrellas y estar en un lugar de paz como el abuelo, que ya no sufre y está feliz'. Suelen ser cosas que los adultos dicen para que los niños pequeños puedan tramitar el sufrimiento y darle un sentido a la muerte de un ser querido, pero ellos lo toman literal. Frecuentemente escuchás que, frente a un estado de estrés importante, no es que quieren morirse, sino que desean ir a 'ese lugar de paz'", subraya Ongini.

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¿Por qué los adolescentes son el grupo más vulnerable?

La adolescencia es una de las etapas más sensibles del desarrollo humano. "Hay dos períodos clave en los que ocurren grandes transformaciones en el cerebro: la primera infancia y la adolescencia. Esta última es un momento de muchos cambios, tanto físicos, emocionales y sociales como cerebrales. Se modifican las conexiones neuronales y los chicos son más susceptibles a verse afectados por factores del entorno", asegura Eliana Papávero psiquiatra infantojuvenil del Hospital General de Niños Pedro de Elizalde y del Equipo de Terapia Dialéctica Conductual (DBT) para Adolescentes de la Fundación Foro para la Salud Mental.

Este fenómeno se acentúa especialmente en áreas como la corteza prefrontal, que funciona como una "directora de orquesta", ya que es la región del cerebro encargada de funciones como la toma de decisiones, la regulación emocional y el control de los impulsos. "Esto ayuda a entender por qué en esta etapa se observan con mayor frecuencia conductas y pensamientos suicidas. Además, es en este período donde comienzan el 75 % de todas las problemáticas de salud mental", agrega Papávero.

En ese contexto, las nuevas tecnologías son determinantes. La distancia que existe entre los estímulos e información que reciben los adolescentes, por ejemplo a través de las redes sociales, y su posibilidad de procesarlos puede resultar nociva.

Gisela Rotblat, jefa de Psiquiatría e Interdisciplina del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano, reflexiona: "Antes, la infancia y la adolescencia estaban muy centradas en lo que es el juego y la adquisición de aprendizajes en el mundo real. Con la irrupción de los smartphones y las pantallas, eso empezó a cambiar. Además se empezó a proteger más a los niños de salir a la calle, pero se generó una desprotección total en los entornos digitales. Cuando los chicos están forjando su personalidad, se ven expuestos a un mundo que no está regulado adecuadamente y recién ahora estamos viendo los estragos a nivel del desarrollo cognitivo, de las habilidad atencionales, de la capacidad de regularse y de las habilidades sociales".

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¿Cómo puedo identificar si alguien tiene ideas suicidas?

Conocer las señales de alerta para identificar cuándo alguien puede llegar a tener pensamientos suicidas, es fundamental. Sin embargo, los especialistas subrayan que no todas las personas que se quitan la vida dan previamente signos. "La realidad es que a veces nos muestran una actitud de que está todo bien, nos sonríen, nos dicen que no les pasa nada. Ahí tenemos que prestar atención, buscar más en profundidad y acompañar a esa persona a consultar con un profesional", señala Nora Fontana, psicóloga especializada en tanatología y suicidología y vicepresidenta del Centro de Asistencia al Suicida Buenos Aires (CAS).

Cuando hay señales, pueden ser muy variadas. "Lo principal a observar son cambios bruscos en la conducta o el ánimo. En el caso de los chicos, van más allá de los propios de estar entrando en la adolescencia. Hablamos de algo intenso y persistente en el tiempo", destaca Eliana Papávero, psiquiatra infantojuvenil del Hospital Elizalde.
Algunos de los signos a los que debemos ponerle atención son:

Aislamiento

Como por ejemplo, alejarse de familiares o amigos.

    Irritabilidad, cambios bruscos de comportamiento y altibajos emocionales

    "El verlos menos expresivos emocionalmente, más apáticos y menos motivados por las cosas que antes mostraban interés son algunas señales, así como la irritabilidad y la tristeza persistente", enumera Papávero.

      Sueño constante o insomnio

      "Puede aparecer el sueño invertido (duermen más de día que de noche) o pasar días enteros sin dormir. También cambios en el apetito o en su rendimiento en la escuela", agrega Papávero.

        Ansiedad, depresión, baja autoestima y conductas autodestructivas

          Sentirse atrapado

          O "ser una carga".

            Desesperanza o no poder proyectar un futuro favorecedor

            Esto, particularmente en los jóvenes, puede expresarse en sus redes sociales.

              Llanto inconsolable

                Descuido o abandono de la apariencia física

                  Aburrimiento permanente

                  Dificultad para concentrarse, falta de motivación, baja en el rendimiento escolar y el que "nada le resulta interesante".

                    Quejas por dolores físicos frecuentes, como de panza o cabeza

                      Pérdida de interés en actividades que antes le resultaban placenteras

                       "Cuando deja de querer practicar un deporte que hacía, no quiere ir a cumpleaños ni reunirse con amigos o compartir momentos familiares, y a su vez pasa más tiempo aislado o encerrado, puede ser una señal de alerta", advierte Papávero.

                      Comentarios como "ya no voy a ser un problema por mucho más tiempo"

                      "Sin mi van a estar mejor", "nada me importa" o "me gustaría no haber nacido". Es decir, hablar constantemente de la muerte o tener un discurso de pérdida de sentido.

                      También puede haber fantasías suicidas

                      Algunas veces expresadas en forma metafórica como "me quiero ir de viaje y no volver más" y en otros casos expresadas claramente como confesión de las ideas suicidas.

                        Conductas de riesgo como incremento de consumo de alcohol o drogas

                          Negarse a hablar de problemas que antes eran importantes para esa persona

                          Minimizándolos con frases como "no te preocupes" o "ya no importa". Desde el CAS también indican que una calma repentina después de un período de angustia profunda, puede ser una alerta.

                            Identificarse con un familiar que murió a causa de suicidio 

                            Con frases como "ahora lo entiendo" o "estoy igual que él". O refiriéndose a esa persona en relación a algo en común, como decir "él también estaba deprimido".

                              El llanto, el silencio o bajar la cabeza cuando se le pregunta directamente por sus ideas suicidas.

                                Arreglar asuntos como encargar a otros el cuidado de una mascota o regalar objetos con valor sentimental

                                Cintya Castañeda, psicóloga y directora de Empesares, ejemplifica: " Tuve un paciente al que el mejor amigo, unos días antes de suicidarse, le regaló un libro de colección de su banda de rock favorita y le dijo: 'Vos sabés que te quiero mucho'. A veces son señales muy sutiles, que solo pueden verse con el diario del lunes".

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                                ¿Cómo ayudar a alguien con esos pensamientos?

                                Lo primero que necesita una persona con pensamientos suicidas es sentir que no está solo y que a alguien más le preocupa lo que le está pasando, subrayan desde el Centro de Asistencia al Suicida Buenos Aires (CAS). Por eso, los especialistas sugieren:

                                Siempre buscar ayuda profesional: la ideación suicida implica un proceso de mucho peligro, que no siempre puede ser identificado por familiares o amigos, sino por profesionales. Por eso, cuando vemos una situación que nos parece rara o nos llama la atención, no tenemos que dudar en buscar ayuda. "También pueden llamarnos a nosotros para que les demos una orientación calificada a través de voluntarios preparados para hacerlo, hasta que el médico o profesional pueda ver a la persona", detalla Nora Fontana, vicepresidenta del CAS, que brinda una respuesta gratuita, anónima e inmediata. Es una primera ayuda ante una situación de emergencia que no reemplaza el recurrir a un profesional.

                                Hablar abiertamente de la problemática: "¿Alguna vez pensaste en quitarte la vida?" es una pregunta que no debemos esquivar hacer cuando lo consideramos necesario. Preguntar sobre la existencia de ideas suicidas no incrementa el riesgo: al contrario, puede ser la única oportunidad de iniciar acciones preventivas. Hablar sobre lo que le está sucediendo a la persona puede contribuir a reducir la tensión psíquica que supone la ideación de muerte y a que sienta que no está sola y que su dolor no nos resulta indiferente.

                                Tener una escucha activa: mostrarnos receptivos y empáticos es fundamental para quien atraviesa una crisis profunda. La escucha es indispensable y en muchos casos las líneas telefónicas de atención se vuelven herramientas importantes para acompañar en momentos de desesperación, no solo a las personas en riesgo, sino también a familiares o amigos.

                                Entender que no podemos dar soluciones mágicas, pero sí ayudar a buscar respuestas: el suicidio es multicausal y lo que hay detrás, en todos los casos, es una sensación de dolor existencial profundo que se percibe como interminable. "Creemos que la persona que piensa en el suicidio no quiere acabar con su vida, sino acabar con el dolor", reflexiona Marcos Vanzini, referente de la asociación civil Escenarios Saludables. Por eso, considera clave que uno pueda "acercarse de alguna manera, prendiendo luces en esa oscuridad, haciendo notar que ese dolor se ve y que hay esperanzas, o que si bien uno no tiene una respuesta, se compromete a estar al lado de la persona para buscarla".

                                No dejar sola a la persona: hasta que pueda recibir ayuda profesional, no debemos separarnos de quien está en riesgo. Es clave que familiares y amigos puedan establecer "turnos" en caso de que alguien no pueda acompañarla de forma constante hasta ver al especialista.

                                Mostrarnos empáticos: evitar juzgar, criticar, contradecir o minimizar los problemas o sentimientos de quien tiene ideas suicidas. El objetivo es ayudar a que la persona encuentre otras soluciones, a que logre visualizar que hay otros caminos posibles.

                                No esperar a que el dolor sea intenso para intervenir: estar atentos al dolor del otro y no esperar a que la persona esté en riesgo de vida para intervenir. Vanzini subraya la importancia de la comunidad: "Entre medio de la persona que está en riesgo suicida y un profesional de la salud que lo pueda acompañar en un proceso más hondo, está la comunidad, que es la primera que puede darse cuenta de que está en ese riesgo, prestar una ayuda, estar presente y romper el aislamiento que muchas veces encierra a la persona con riesgo suicida".

                                Agudizar la desconfianza: cuando alguien nos dice "está todo bien" a pesar de lo que nosotros estemos percibiendo, es fundamental interpelarlo. Poder decirle a la persona "no te creo que no te pasa nada, no te veo bien", para poder ahondar en sus sentimientos y no quedarse solo con lo superficial.

                                Si no sabemos qué decir, admitirlo: frases como "mirá, no sé qué decirte, pero vamos a acompañarte, a tratar de ayudarte para que puedas encontrar una solución y un poco de luz en este túnel oscuro" son, para Vanzini, una forma de estar presente y no ir "con soluciones armadas o consejos".

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                                ¿Cómo puedo empezar a hablar con una persona que tiene ideas suicidas?

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                                  Tomar la decisión de entablar esa conversación

                                  "Del suicido hay que hablar. Es como cuando uno tiene una olla a presión: si no fuese por la válvula, revienta. Permitir que una persona hable, es una válvula de seguridad que descomprime la presión interna que puede llevar al suicidio", asegura Juan José Fernández, pediatra, psiquiatra infantojuvenil y de adultos y presidente del Capítulo de Suicidología de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

                                    Estar dispuesto a preguntar abiertamente respecto al malestar del otro y a escuchar lo peor

                                    "Lo peor para un padre puede ser saber que su hijo presenta pensamientos suicidas", reflexiona Eliana Papávero, psiquiatra infantojuvenil del Hospital Elizalde.

                                      No juzgar

                                      "Escuchar y acompañar implica corrernos de los juicios y estar muy conscientes de lo que nos pasa cuando alguien nos dice que está teniendo un malestar emocional tan profundo que llega hasta pensar en quitarse la vida. En la mayoría de los padres aparecen un sinfín de emociones difíciles de manejar: la culpa, el enojo, la negación o el ponerse hiperalerta con sus hijos. Los adolescentes sienten mucha culpa y vergüenza y eso hace que muchas veces cuando tienen un malestar, no lo cuentan, y ahí perdemos una oportunidad de intervención", reflexiona Papávero.

                                        Abrir el diálogo siempre desde la empatía

                                        Frases como "te noto triste, me gustaría que busquemos ayuda juntos", pueden, para Papávero, facilitar ese acercamiento. Si existe un vínculo cercano, también es válido preguntar directamente: "¿Alguna vez pensaste que la vida no vale la pena o que preferirías no estar?".

                                          Dejar la puerta abierta si la persona no quiere hablar en ese momento

                                          "No te noto bien y eso me preocupa. Si querés contarme algo, estoy acá para escucharte y acompañarte".

                                            Acercarse con calidez 

                                            "Para estas charlas hay que tener mucho registro emocional. Como padre uno tiene que entender que a veces lo enoja, frustra o desespera escuchar a su hijo manifestar ciertos pensamientos y se lo transmite con el cuerpo, los gestos o las respuestas. Eso puede ser percibido por el adolescente como falta de comprensión", dice Papávero y agrega: "Muchos padres hacen lo mejor que pueden, pero a veces se sienten desbordados y reaccionan con enojo o culpa. Por ejemplo, dicen: '¿Por qué me hacés esto si yo te doy todo?'. Este tipo de expresiones pueden cerrar el diálogo y aumentar el malestar del adolescente".

                                              Evitar hacer suposiciones sobre las razones detrás de los pensamientos o conductas de riesgo suicida 

                                              En el caso de los chicos, para Papávero, frases como "seguro te pasa esto porque no te dejé hacer tal cosa", no solo invalidan lo que el adolescente siente, sino que también cierran el diálogo y generan distancia.

                                                No asumir lo que le pasa al otro sin estar en su lugar ni saber realmente lo que piensa o siente

                                                De lo contrario, se corre el riesgo de que la persona se sienta incomprendida o ignorada.

                                                  Evitar que la charla sea un interrogatorio centrado en buscar las razones o el porqué de las conductas suicidas

                                                  "Cuando se aborda el riesgo suicida, el foco es entender el 'para qué', es decir, qué función cumplen esas conductas en el adolescente en ese contexto, y esto es parte del trabajo clínico y profesional, no necesariamente de la familia en primera instancia", dice Papávero.

                                                    Validar lo que siente 

                                                    Hacer sentir que lo que siente, piensa o actúa la persona tiene sentido o es comprensible en ese contexto. Por ejemplo: "Entiendo que sientas tristeza, en tu lugar probablemente me sentiría igual". Por el contrario, frases invalidantes como "no seas exagerado, no es para tanto" o "yo pasé cosas peores" cierran el diálogo. "Validar abre la posibilidad de acompañar", resume Papávero.

                                                    Luego de escuchar, hay que proponer

                                                    "Si no tenemos propuesta después, la escucha es vacua. Escucha, reflexión y acción son los tres puntos claves", apunta Diana Altavilla, psicóloga, doctora en Psicología y docente de la diplomatura en Problemáticas de las autolesiones de la Universidad del Salvador.

                                                      En el caso de los adolescentes, se recomienda "conversaciones cortas, pero muy amables"

                                                      "Es un mito que se necesitan muchas horas para entablar charlar con los chicos. El mensaje clave es: 'acá estoy'. En las depresiones, sobre todo en adolescentes, lo primero que se indica es que alguien no esté solo. La presencia es fundamental y un factor de stop a cualquier tipo de acto", asegura Altavilla.

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                                                      ¿Cómo asistir a una persona en crisis?

                                                      "Primero hay que reconocer qué podemos hacer y qué no", advierte Silvia Ongini, psiquiatra infantojuvenil del Hospital de Clínicas. En esa línea, Eliana Papávero, su colega del Hospital Elizalde, suma: "Frente a una crisis emocional o una situación de riesgo suicida de un adolescente, lo primero es preguntarse si estamos en condiciones de acompañar de manera tranquila y contenida. Si uno se siente desbordado o no sabe cómo actuar, lo mejor es buscar rápidamente a otro adulto referente o un profesional que pueda intervenir".
                                                      Los profesionales recomiendan:

                                                      Si la persona está en riesgo de vida inminente, mantener la calma más que nunca y pedir ayuda inmediatamente. "Tratar de no exacerbar la situación con gritos o con emociones que pueden precipitar el acto", señala Ongini. "Por otro lado, si es una crisis de desborde emocional, de llantos, de gritos, de 'ya no soporto más', intentar abrazar a la persona, contenerla, decirle 'necesitamos ayuda' y recurrir a una guardia".

                                                      Reducir el riesgo. Retirar cualquier elemento cercano con el que la persona pueda lastimarse, como medicamentos y objetos cortantes, entre otros.

                                                      Acompañar con una actitud empática, sin juzgar ni minimizar el malestar. Papávero indica que frases como "estoy acá para vos, quiero ayudarte" o "¿qué puedo hacer por vos ahora?", ayudan a generar un vínculo y conexión. "Hablar del tema no genera más riesgo, sino que puede aliviar. Siempre que sea necesario, se debe derivar a un profesional especializado o acudir a una guardia. Lo más importante es que la persona en crisis sepa que no está sola y, en el caso de los chicos, que hay adultos disponibles para contenerla y ayudarla a atravesar ese momento", señala la médica.

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                                                      ¿Cómo se relacionan las autolesiones con los pensamientos suicidas?

                                                      Las autolesiones son conductas deliberadas con las que alguien busca provocarse heridas, generalmente cortes en los tejidos superficiales de las muñecas, brazos, piernas, abdomen y muslos, pero también pueden ser quemaduras. Además, incluyen otras acciones, como golpearse la cabeza contra la pared o distintas partes del cuerpo con objetos, arrancarse el cabello, pellizcarse o morderse. Cuando la angustia y el sufrimiento psíquico son muy intensos, el dolor físico, más concreto e intencionalmente provocado, es usado como una forma de "descarga", que va generando un hábito compulsivo y riesgoso.

                                                      "Cuando una persona se autolesiona, no siempre lo hace con intencionalidad suicida. Muchas veces, estas conductas aparecen como una forma de aliviar un malestar emocional intenso, de comunicar algo que no pueden poner en palabras, o como un intento de autorregulación emocional. Por eso, diferenciamos entre conductas autolesivas con y sin intención suicida", señala la psiquiatra infantojuvenil Eliana Papávero.

                                                      Pero advierte: "Sin embargo, toda autolesión debe considerarse un signo de riesgo. Aunque no haya deseo de morir, la repetición de estas conductas puede disminuir el umbral del temor a lastimarse y, con el tiempo, acercar a la persona a una conducta suicida. A esto lo llamamos 'conducta de aproximación'. Si en algún momento esa persona atraviesa una crisis más profunda o un evento vital estresante, puede haber mayor riesgo de pasar del pensamiento a la acción".

                                                      En resumen, alguien puede autolesionarse sin tener ideas suicidas, o tener pensamientos suicidas sin haberse autolesionado nunca: "En ambos casos, el nivel de alerta debe ser el mismo, y siempre se debe intervenir y brindar apoyo".

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                                                      Las personas que se suicidan, ¿antes sufren depresión?

                                                      El suicidio es siempre "el desenlace más trágico que se genera a partir de múltiples causas, problemas de salud mental y transtornos", explica Manuel Vilapriño, psiquiatra y expresidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). Y agrega: "La depresión es una más, sin ninguna duda importante por la prevalencia que tiene, pero no la única". En síntesis, no toda persona que se suicida tenía previamente una depresión. Otras de las problemáticas con las que muchas veces se vinculan los suicidios son los trastornos bipolar y de ansiedad severos, los desórdenes de la personalidad y las adicciones. "Es muy importante entender que el camino por el cual se llega al suicidio desde el punto de vista psicopatológico es diferente", resume el psiquiatra.

                                                      Por otro lado, agrega que si bien la mayoría de la gente piensa que "la persona que se suicida estaba deprimida" y aunque en muchos casos efectivamente es así, los cuadros depresivos más severos "a veces tienen menor tendencia al suidicio que otro tipo de cuadros", porque para llegar a ese punto "hacen falta una serie de fenómenos clínicos que lleven a tomar una decisión tan determinante". Y concluye: "Hay algunos casos donde ni siquiera encontramos una enfermedad o una justificación psicopatológica clara de base que explique un suicidio. Nunca es normal la ideación suicida y el intento de suicidio porque para llegar a pensar un acto como ese, la persona tiene que haber transcurrido toda una serie de circunstancias donde se ha ido planteando la idea de que la muerte es una salida, pero tampoco necesariamente significa enfermedad".

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                                                      Si mi hijo tiene un problema de salud mental, ¿debo hablar con la escuela?

                                                      Los especialistas coinciden en que notificar a la escuela de los padecimientos psíquicos que atraviesa una niña, niño o adolescente es importante. Sin embargo, señalan algo indispensable: que las instituciones no sean expulsivas. "Lamentablemente, en la práctica puede ser una situación difícil de manejar. Pero es importante que la escuela esté alertada de las pautas de alarma de ese chico para que brinde el apoyo y acompañamiento, de ser necesario, y para que pueda pedir ayuda", reflexiona Eliana Papávero, psiquiatra infantojuvenil del Hospital Elizalde.

                                                      Su colega del Hospital de Clínicas, Silvia Ongini, coincide: "La escuela debería articular con la familia para contener y estar alerta ante cualquier situación, haciendo una alianza con los terapeutas. Quienes trabajamos con niños y adolescentes solemos trabajar muy de cerca con las escuelas. Esto multiplica y es muy favorecedor cuando la institución educativa responde a la altura de las circunstancias".

                                                      Por último, la doctora en Psicología Diana Altavilla, recomienda: "Si la escuela cuenta con un gabinete, lo mejor es que los padres hablen con un profesional de la salud mental u orientador escolar. Si no lo hay, preguntarle al chico quiénes de los que trabajan en la institución son personas adecuadas para hablar y mantener reserva. Por ahí te dice 'el preceptor' o 'tal profe'. Aunque quizás ese profesor no tenga mucha injerencia, alguna tiene: conoce el colegio por dentro y podrá maniobrar con el resto de docentes".

                                                      Si el chico hace terapia, señala Altavilla, puede ser su psicólogo quien se ocupe de comunicarse con la escuela. Si el colegio no es receptivo, "se puede decir lo mínimo indispensable, marcando que el chico está en una situación de malestar, expresando preocupación y pidiendo que les transmitan cualquier cosa para actuar en sintonía", concluye la psicóloga.

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                                                      ¿Qué debe hacer la escuela cuando detecta un alumno en riesgo?

                                                      Cuando detectan un alumno en riesgo, más allá de seguir los protocolos de los organismos de los cuales dependen y a los cuales deben notificar, las escuelas tienen que hablar con los padres o adultos responsables y facilitar la derivación a un dispositivo de salud mental, que puede ser una consulta ambulatoria o una guardia, según la urgencia. Además, los profesionales recomiendan:

                                                      Los docentes no deben hacer un diagnóstico, sino detectar a los adolescentes "con un dolor interno grande", describe Juan José Fernández, pediatra, psiquiatra infantojuvenil y de adultos, y miembro de la Red Mundial de Suicidología.

                                                      Ofrecer contención, escucha y dar apoyo. "Brindarle al niño o adolescente contención y acompañamiento, con una actitud cálida, empática y sin juicios", señala Eliana Papávero, psiquiatra infantojuvenil del Hospital Elizalde.

                                                      Persuadirlo de buscar ayuda profesional, dejando en claro que no está solo y que hay adultos dispuestos a acompañarlo en ese proceso. "Es importante reforzar esta idea en los padres también para garantizar que el chico reciba la ayuda profesional que necesita. El objetivo final es facilitar su acceso a un equipo de salud mental que pueda brindar una evaluación e intervención adecuadas", dice Papávero.

                                                      No dejar solo al chico.

                                                      Conocer de antemano servicios de salud cercanos a los que se puede acudir. "Es una de las cosas que más preguntan los docentes. La red es variable de acuerdo a cada lugar. Pero generalmente siempre hay salas periféricas, es decir, centros de atención primaria de salud, cerca de la escuela. Mi recomendación es que no esperen a tener un hecho para acercarse, presentarse y conocer la sala. Así, uno prepara el terreno, sobre todo porque muchas familias no tienen obra social y no saben a dónde ir. Es clave que los docentes sepan cómo formar la red y no hagan manotazos de ahogado a último momento", indica Fernández. Luego, se podrá derivar al niño al servicio que corresponda.

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                                                      ¿Cómo debe actuar la escuela frente a un caso de suicidio?

                                                      La palabra clave aquí es la posvención. "Por cada suicido que se produce en una comunidad, se van a dar entre 10 y 30 intentos en un determinado tiempo: el hecho impulsa a personas que estaban en riesgo. Por eso, recomendamos siempre la posvención, que es la atención a los sobrevivientes o los afectados por un caso de suicidio", asegura Juan José Fernández, pediatra, psiquiatra infantojuvenil y de adultos y presidente del Capítulo de Suicidología de de la Asociación de Psiquiatras Argentinos. Y agrega: "Sugerimos que estas charlas e intervenciones se hagan siempre próximas en el tiempo al hecho, una o dos semanas después como mucho".

                                                      Las recomendaciones son:

                                                      No generar situaciones forzadas

                                                      Es decir, momentos en que se obligue a los chicos a hablar cuando no es lo que necesitan. Pero sí es importante dar espacios de expresión y hablar con los padres.

                                                      Entender que es una experiencia sumamente traumatizante para los compañeros:

                                                      "Genera mucha culpa. Siempre van a pensar que podrían haber hecho algo o que no se dieron cuenta de las señales", reflexiona la psiquiatra infantojuvenil Silvia Ongini.

                                                      Habilitar espacios de escucha voluntarios

                                                      "A veces se da un día de asueto escolar para que cualquier chico pueda charlar en el colegio, pero hay algunos que van a hablar enseguida y otros meses después. Por eso, es importante plantear con el grupo de pertenencia un espacio de charla siempre voluntario. Cuando es voluntario, los chicos no se borran", sostiene Diana Altavilla, presidenta del Capítulo de Suicidio de la Asociación Argentina de Salud Mental.

                                                      Si no hay gabinete, buscar docentes preparados para el diálogo

                                                      Solicitar la ayuda de profesionales que puedan ofrecer espacios de reflexión y talleres con los estudiantes

                                                      "Son importantes para disminuir la lesión psíquica del impacto y para habilitar espacios de diálogo y reflexión, coordinados por gente que tenga manejo de psicoterapia grupal. Son psicoterapéuticos, pero indirectamente: no se habla de cosas personales, sino de la experiencia en un grupo de un impacto grave", cuenta Altavilla.

                                                      Buscar técnicas que faciliten la expresión

                                                      "En estos talleres hay cosas que se hablan abiertamente y después se suele abrir un espacio privado", detalla Altavilla. Una técnica es poner una caja o canasto donde los chicos dejen papelitos en los que escriban lo que quieran, asegurándoles que solo los coordinadores del espacio los leerán. "Suele ser un momento de catarsis", asegura la doctora en Psicología, Cintya Castañeda, directora de Empesares y quien ofrece esos talleres a escuelas y otras instituciones, y coincide: "La caja de preguntas anónimas funciona muy bien. Los chicos plantean cosas de todo tipo, desde 'hace tiempo que pienso en suicidarme' hasta 'me corto'".

                                                      No culpabilizar ni generar teorías que no son las reales

                                                      Que demonizan y culpabilizan como decir "tenía muchos problemas mentales".

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                                                      ¿Es cierto que "el que dice que se va a suicidar en realidad no lo hace"?

                                                      Es uno de los mitos más arraigados y totalmente falso. De hecho, se estima que de cada 10 personas que se suicidan, nueve de ellas expresan claramente sus propósitos y la otra deja entrever de algún modo sus intenciones de acabar con su vida. "Pueden hacerlo con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta. Todos estos signos deben ser tenidos en cuenta como señales de alerta", enfatiza la psicóloga Nora Fontana, psicóloga especializada en tanatología y suicidología y vicepresidenta del Centro de Asistencia al Suicida Buenos Aires (CAS). "El suicidio nunca es una elección, sino el producto de una situación acuciante, de una restricción en las aspiraciones vitales de las personas".

                                                      Para Eliana Papávero, psiquiatra infantojuvenil del Hospital Elizalde, "hablar del suicidio es un factor indicador de riesgo inminente y al mismo tiempo es nuestra mejor oportunidad para intervenir y ofrecer ayuda". Y agrega: "Aún existe el mito de que hablar del suicidio o preguntar directamente '¿pensaste en hacerte daño o en morir?', puede inducir la idea. Pero está ampliamente demostrado que no es así. Por el contrario, preguntar de forma clara y sin juicio disminuye el riesgo porque permite que el otro se sienta comprendido y acompañado. En vez de quedarse solo con su malestar, tiene la posibilidad de ponerlo en palabras y recibir apoyo".

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                                                      ¿Cuáles son los mitos más frecuentes en torno al suicidio?

                                                      Desde el Centro de Asistencia al Suicida (CAS) enumeran algunos de los más comunes:

                                                      "No desean morir, solo quieren llamar la atención": es un error adjudicarles querer llamar la atención como si se tratara de un capricho. Los especialistas advierten que se trata de "personas a las que le han fallado sus mecanismos de adaptación y no encuentran alternativas, excepto la de atentar contra su propia vida".

                                                      "Si de verdad se hubiera querido matar, lo hubiera hecho": la eficacia del método elegido no refleja los deseos de morir. Es importante tener en cuenta que un intento de suicidio siempre es una grave señal de alerta, aunque fuera ejecutado con medios aparentemente inofensivos. "Sin el tratamiento adecuado, la elección de otro método más eficaz puede ser solo cuestión de tiempo", advierte la psicóloga Nora Fontana, psicóloga especializada en tanatología y suicidología y vicepresidenta del CAS.

                                                      "El que se repone de una crisis suicida no corre peligro de recaer": desde el CAS explican que casi la mitad de las personas que atravesaron una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado. En general, la crisis suicida es el emergente de un proceso que se desarrolla a veces durante años. Por eso, Fontana hace hincapié en la importancia de reconocerla para su prevención y brindar todos los cuidados mientras dure.

                                                      "Toda persona que se suicida atravesaba una depresión": aunque toda persona deprimida tiene posibilidades de realizar un intento de suicidio, no todas las que lo hacen padecen depresión.

                                                      "El suicidio es algo que se hereda": la tendencia al suicidio no es hereditaria. Sin embargo, la epigenética juega, entre otros múltiples factores, un rol en la predisposición a desarrollar determinadas enfermedades mentales como, por ejemplo, depresión, trastorno afectivo bipolar y esquizofrenia. "También hay una herencia cultural si un miembro de la familia falleció por suicidio, ya que esto puede ser visto como un 'permiso'. Ambas cosas, se pueden tratar, prevenir y replantear", destaca Fontana.

                                                      "Para intentar suicidarse hay que ser un cobarde o un valiente": los expertos enfatizan que no se trata de cobardes ni valientes, son personas que sufren y la cobardía y la valentía son atributos de la personalidad que no se determinan por el intento de quitarse o respetarse la vida.

                                                      "Hablar del suicidio puede incitar a una persona en riesgo": todo lo contrario, reduce el peligro y puede ser la única posibilidad de la persona para canalizar sus emociones y analizar sus propósitos suicidas. Hablar sobre lo que le está sucediendo puede contribuir a reducir la tensión psíquica que supone la ideación de muerte y sentirse ayudado. "La escucha activa es esencial. Al ser escuchada, la persona se siente reconocida y comprendida; la empatía, el ponernos en sus zapatos, desde ese lugar se puede colaborar", añade Fontana.

                                                      "Para acercarse a una persona en crisis suicida hay que estar preparado": los expertos explican que cualquier persona puede ser un valioso colaborador en la prevención del suicidio. Fontana aclara que hay que evitar juzgar, criticar, contradecir, desvalorizar o minimizar problemas o sentimientos de la persona con ideas suicidas. El objetivo es ayudar a que la persona "vea" o encuentre otras soluciones, que hay otros caminos posibles.

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                                                      ¿Las familias donde hubo un suicidio son más vulnerables a sufrir otro?

                                                      "Hay algo que se llama suicidio por imitación: cuando ocurre un suicidio, toda la familia y el entorno cercano son pacientes de riesgo y hay que hacer posvenión", asegura Cintya Castañeda, psicóloga y directora de Empesares. "Les recomiendo que busquen ayuda de manera urgente, como máximo 72 horas después de ocurrido el suicido".

                                                      Diana Altavilla, psicóloga y doctora en Psicología, suma: "No es que el suicidio se hereda: no hay un gen suicida ni mucho menos, sino que lo que se instala culturalmente es un modelo de resolver un problema, que es por la vía de la muerte. Es un riesgo que también puede darse en el ámbito laboral. Por eso, hay que deconstruir esto al interior de la familia, donde incluso a veces hay más de un suicidio". 

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                                                      ¿Cuándo es el momento de buscar ayuda?

                                                      "Cuando alguien duda si buscar o no ayuda, debería hacerlo. Si te duele, te molesta, te incomoda, tenés que buscar ayuda. Por lo menos, ir a charlar con un profesional", reflexiona Cintya Castañeda, psicóloga y directora de Empesares. Y agrega: "No hace falta saber cómo buscar ayuda, porque mucha gente dice '¿qué le digo a mi psicólogo?', o 'tengo mucha verguenza en decirte eso, pero pensé en suicidarme'. Hace falta entender que del otro lado no te van a juzgar, que la terapia es un espacio de contención, tu espacio seguro donde podes decir cualquier cosa".
                                                      Algunos puntos a tener en cuenta para los especialistas son:

                                                      Estar atentos a las señales de alerta. Algunas de las más relevantes fueron expuestas en esta guía (ver pregunta 3). "En el caso de los niños y adolescentes, hay tres ejes a los que deben estar atentos los padres: el percibir que el chico se vivencia solo, que siente que tiene un problema que no se va a resolver y que nadie lo va a entender. Esas son señales claritas", enumera Diana Altavilla, psicóloga y doctora en Psicología.

                                                      Cuando antes se haga la consulta, mayor es la probabilidad de recibir una ayuda adecuada y mejor el pronóstico. "No hay que esperar a que suceda un evento que te ponga el semáforo en rojo. Para eso, en el caso de los chicos es importante estar presentes como adultos y observar", señala Gisela Rotblat, jefa de Psiquiatría e Interdisciplina del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano.

                                                      Si se tiene la posibilidad, buscar el profesional con el que uno se sienta más cómodo: "Si sentís que ese profesional no te sirvió o tuviste una mala experiencia, cambiá. Hay que seguir intentando", aconseja Castañeda.

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                                                      ¿Dónde puedo buscar ayuda?

                                                      Frente a la sospecha de que alguien pueda tener pensamientos suicidas o ante las señales que indiquen que está en riesgo, es fundamental buscar ayuda en algún servicio especializado. Además, para las personas en crisis existen líneas de atención telefónica que brindan orientación de forma anónima y gratuita. Estas son algunas opciones:

                                                      Línea 135: el Centro de Atención al Suicida (CAS) atiende 18 horas diarias (desde las 8 hasta la medianoche), de forma anónima, gratuita y voluntaria. La técnica que utiliza es la "escucha activa", con intervenciones orientadas a que el consultante hable. La línea es gratis llamando desde CABA o Gran Buenos Aires y los números son (011) 5275-1135 o el 0800 345 1435 son para todo el país. Más información.

                                                      Hospital Nacional Laura Bonaparte: se especializa en salud mental y consumos problemáticos. Depende del Estado nacional y se encuentra ubicado en la ciudad de Buenos Aires. Tiene una línea telefónica de atención gratuita, nacional y disponible las 24 horas, todos los días del año, donde se brinda orientación y apoyo para urgencias en salud mental: 0800-999-0091. Está ubicado en Combate de los Pozos 2133, CABA. Atienden demanda espontánea, sin turno previo, los lunes, martes, miércoles y viernes de 8 a 20; y los jueves de 9 a 19. Además, tiene una guardia interdisciplinaria que funciona las 24 horas. Consultas al 4304-6353 internos 1155 y 2106.

                                                      Salud Mental Responde CABA: es un dispositivo que brinda orientación telefónica de forma confidencial para residentes de la ciudad de Buenos Aires. Funciona todos los días, las 24 hs. Tel: 0800 333 1665

                                                      SOS un Amigo Anónimo: es una asociación sin fines de lucro que ofrece asistencia telefónica anónima y confidencial para acompañar a personas que transitan alguna crisis emocional. El teléfono de línea es (011) 5263-0583. Además, recibe llamadas por Skype (usuario: SOSUNAMIGOANONIMO). Funciona de lunes a viernes de 10 a 19 y los sábados hasta las 16. Se llama y atienden directamente.

                                                      Hospitales públicos: algunos especializados en salud mental o generales con estos servicios para niñas, niños y adolescentes son el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez, Hospital Pedro de Elizalde, Hospital Tobar García, Hospital de Clínicas (también ofrece para adultos). Algunos de los que ofrecen atención para adultos son Hospital Santojanni, Hospital Pirovano, Hospital Alvear, Hospital Borda, Hospital Moyano, Hospital Posadas.

                                                      La guía Abordaje integral del suicidio en las adolescencias, realizada por la Dirección de Adolescencias y Juventudes de la Nación con aportes de Unicef y la Sociedad Argentina de Pediatría, está dirigida a equipos de salud pero también brinda orientación a quienes trabajan con jóvenes y a las familias.
                                                      Grupos de pares para familiares de personas que se suicidaron:

                                                      Empesares es una organización social que ofrece grupos de apoyo gratuitos para padres y hermanos de personas que se suicidaron, todos virtuales y coordinados por un psicólogo. También dan charlas en colegio y otras instituciones; para estudiantes avanzados de psicología; sobre posvencion, prevención del suicidio y alertas. Para más información, se puede visitar su web o su página de Instagram.

                                                      Renacer: son grupos autogestionados, no solo para acompañar a familiares de personas que se suicidaron, sino también que fallecieron por otras causas. La mayoría funciona una vez por semana. Para conocer los grupos en las distintas jurisdicciones de la Argentina hacer click aquí.

                                                      Fundación Aikén: se especializa en acompañar psicológicamente a niños, adolescentes y familias en duelo por muerte de seres queridos. Tienen programas de becas. Además brindan capacitaciones a diversas poblaciones y asesoran a empresas en situaciones de duelo. En su Instagram pueden descargarse materiales como una guía con herramientas prácticas para acompañar en el duelo a las infancias. Para más información escribir por WhatsApp al (011) 15-2340-0390 o por mail a info@fundacionaiken.org.ar. Más información.

                                                      Centro Santa María: este centro de espiritualidad cuenta con grupos de ayuda mutua coordinados por acompañantes espirituales que pasaron por la misma situación. Hay para padres que perdieron hijos, para hermanos o personas viudas. Están conformados por no más de 15 personas y se reúnen semanal o quincenalmente. Más información.

                                                      Resurrección: los grupos de mutua ayuda para personas en duelo Resurrección fueron fundados hace 30 años por el Padre Mateo Bautista. Actualmente, están en varias provincias de la Argentina y en otros países como Bolivia, Chile, Costa Rica, Perú y España. Para conocer el listado de los grupos y los contactos: hacer click aquí.

                                                      Para más información sobre cómo acompañar el duelo de quien perdió a un ser querido a causa de un suicidio, hacé click aquí.
                                                      Para más información sobre la problemática:

                                                      Escenarios saludables: es una asociación civil que busca promover acciones comunitarias de prevención del suicidio. Brinda talleres de capacitación para todo tipo de instituciones y tiene presencia en Buenos Aires, Santiago del Estero y Salta, además de realizar actividades virtuales. Más información en sus cuentas de Instagram, Facebook o por mail escribiendo a asociacionescenariossaludables@gmail.com

                                                      Proyecto Suma: es una organización sin fines de lucro que nació en 2009, por iniciativa de un conjunto de profesionales como psiquiatras, psicólogos, terapistas ocupacionales, músicoterapeutas y enfermeros. Lleva a cabo tareas asistenciales, de intervención comunitaria, docencia e investigación. Trabaja por la recuperación y la inclusión social y laboral de personas con padecimientos psíquicos severos. En su webse puede encontrar más información.