“Tengan hijos”: el Gobierno reclama más nacimientos mientras desarma políticas públicas

El Estado desmanteló 48 de las 50 políticas de cuidado relevadas por La Cocina de los Cuidados, pero el Gobierno de Javier Milei -sin hijos- insiste en reclamar un aumento de la natalidad responsabilizando a las mujeres y al feminismo por la caída de los nacimientos. El Destape consultó a distintas mujeres madres para reconstruir el costo de maternar hoy y explorar si la caída de los nacimientos responde a la falta de deseo o de posibilidades.
POR FLORENCIA GALARZA
"No pienso tener otro hijo en este momento", cuenta Raquel Almeida (35). Su decisión no está basada en el deseo, sino en la imposibilidad: "Lo charlamos con mi pareja, y hubiésemos tenido más hijos si hubiésemos tenido más ayuda alrededor. Hoy no es una opción". Comida, pañales, ropa, prepaga, materiales para el jardín. Los gastos fijos de crianza son, de base, "$500.000". Su pareja trabaja 12 horas fuera de casa, situada en Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires; y ella tuvo que abandonar su profesión para cuidar a Santino: "Soy profesora de nivel inicial, maestra jardinera y diseñadora gráfica, pero ni con dos trabajos y un emprendimiento ganaba lo que gana mi pareja en una empresa".
La ecuación se repite: en Argentina, las mujeres participan en las actividades domésticas no remuneradas en un 89.9%, 20 puntos más que los varones, quienes realizan un 68.3%, según datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo realizada por el INDEC en 2021. "La organización de la rutina con Santino recae todo en mí. Yo lo llevo, lo busco, lo traigo, lo cuido. No tenemos quien nos ayude: los abuelos son grandes, los tíos trabajan y estamos lejos de amigos", relata Almeida. Mientras tanto, el presidente Javier Milei responsabiliza a las mujeres por la baja de la natalidad en la Argentina. "Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes. Esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre nos está costando en términos de crecimiento y materia previsional. También en capital humano", apuntó durante su discurso en el Council of the Americas, celebrado en Buenos Aires.

Es real que la tasa de natalidad disminuyó un 46% respecto de 2015. Solo entre 2023 y 2024, la cantidad de nacimientos se redujo cerca de un 10%, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Lo que sucede en Argentina es similar a lo que sucede en el resto del mundo: la caída en la tasa de nacimientos comienza en la década de los ochenta y se acentúa a partir de 2014, mientras que la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo fue aprobada en 2020, manteniendo al día de hoy serias restricciones al acceso de dicho derecho adquirido en algunas zonas del país.
El Presidente argentino, de 55 años y sin hijos, demanda a las mujeres que tengan hijos con el fin de optimizar las finanzas públicas, pero eliminó y recortó 48 de 50 políticas nacionales vinculadas a los cuidados, según señala un informe de La Cocina de los Cuidados, un espacio creado en marzo de 2024 que agrupa a organizaciones sociales, sindicatos, académicas, iglesias y legisladoras de distintas fuerzas políticas.
"El discurso oficialista utiliza un discurso machista a su conveniencia. No evalúa que esta caída de la natalidad es global ni considera el rol que tiene la mujer en la sociedad, que es clave. Siempre estamos minimizadas", evalúa Ivana Maurice (38), mamá de Cata.
El costo de criar
- Colegio: $800.000.
- Actividades extracurriculares: $200.000.
- Supermercado: $300.000.
- Dinero para recreos: $50.000 por mes.
- Comedor del colegio: $171.000.
- Paseos de fin de semana: a partir de $300.000.
La lista sigue: prepaga, ropa, medicamentos, útiles… Estos son algunos de los gastos fijos que Ivana Maurice y su ex pareja tienen con su hija de 8 años.
Si bien Cata tiene un padre presente y su crianza es compartida, "él es un buen padre en comparación a otros hombres, le pone mucha onda, pero sería una mala madre". Los gastos están divididos entre ambos, pero Ivana lucha con la idea de que "Cata no tiene las mismas cosas que sus compañeros de colegio", y se las ingenia para que lo que la niña reciba no sea sólo material: "Cata sabe que no siempre podemos ir al teatro, pero que podemos hacer arte en casa. Hago todo para que ella tenga todo de alguna manera".
En esta línea, Ivana explicó a este medio: "Yo re quería que Cata tenga un hermanito; en algún momento lo planifiqué. Pero hoy no podría sostener esa carga económica ni tengo el tiempo para destinarlo. Ya hice mi proceso interno de entender qué es lo que puedo y lo que no".
Candela Vallorani (30) tuvo a su hija, María Magdalena, hace nueve meses y enumeró algunos de los gastos que surgen antes del nacimiento de su hija y poco después:
- Cochecito para la bebé: $600.000.
- Butaca para el auto: $600.000.
- Leche de fórmula: $200.000 mensuales.
- Niñera: $550.000.
Aunque la lista continúa, los gastos de vivienda que afronta con su pareja saltan a la vista: $1.400.000 de alquiler, $700.000 de servicios de luz, gas, expensas y 400USD mensuales se destinan al pago de un terreno que compraron en Puerto Madryn, provincia de Chubut, donde construyen actualmente su "futuro hogar".
"Solo este año llevamos gastados más de 20 millones en la construcción", comentó Vallorani, que hace malabares para maternar y mantener también una rutina propia que consta de entrenar, el cuidado de su salud y dos trabajos. Aunque a su visión el padre de María es "el mejor compañero del mundo", "la madre es mucho más esclava de los hijos que el padre". Es ella quien se encarga de suministrar medicamentos, recordar las fechas de los turnos médicos, comprar ropa, levantarse por la noche a alimentarla, etc. "Hoy en día afirmo que no puedo ser madre de más hijos. María es lo más hermoso que tengo, pero soy una mujer y madre que no quiere perder más independencia de la que ya cedió", concluyó Vallorani.
Del dicho al hecho
El discurso pronatalista del Gobierno de turno no se traduce en iniciativas que fomenten la suba de la tasa de nacimientos. El relevamiento realizado por La Cocina de los Cuidados señala el desmantelamiento del Plan 1000 Días, que fomenta el cuidado integral del embarazo y los primeros días de vida del bebé: su presupuesto cayó un 34% entre 2023 y 2026. No se han adquirido ni distribuido los kits de lactancia, entregándose sólo la fórmula. Se eliminó el presupuesto para construir o remodelar espacios de primera infancia y las prestaciones de cuidado en discapacidad, que en los últimos tres años se brindó sólo una de cada diez solicitadas.
Cabe destacar también que, en los últimos años, han sido desfinanciadas áreas claves para el correcto funcionamiento de la vida familiar: salud, educación, moratoria previsional, discapacidad y se avanzó con la reforma laboral que posibilita la extensión de las jornadas laborales incluso a 12 horas. "Cada vez más familias deben resolver solas cómo criar, acompañar, alimentar y cuidar; necesidades que deberían formar parte de un sistema de protección social", advierte la economista Lucía Cirmi Obón, una de las autoras del relevamiento.
Pero las complicaciones para maternar anteceden al desmantelamiento de las políticas públicas de cuidado. La falta de estructura laboral y económica no está pensada, aun, para que las mujeres puedan maternar sin dejar de lado su vida laboral, si así lo decidiera.
A El Destape, Antonella (32) le cuenta que trabaja dos días de manera presencial en Capital Federal y tres desde su casa. Tiene una hija de 5 años y explica que esa modalidad le permite organizar sus horarios, llevarla a consultas médicas y resolver los imprevistos cotidianos. Su pareja trabaja todos los días de manera presencial y entra a trabajar antes de que comience el horario del jardín. Por eso, durante la semana, buena parte de la organización cotidiana recae sobre ella. Los días que trabaja desde su casa, la busca del jardín; cuando surge una enfermedad, una suspensión de clases u otro imprevisto, intenta continuar trabajando mientras la cuida. Si el problema ocurre un día de presencialidad, debe avisar en su trabajo y quedarse con ella.
La situación fue todavía más compleja cuando regresó a la presencialidad después de la pandemia. Antonella cuenta que no estaban dadas las condiciones para extraerse leche y que tampoco se respetaba la jornada reducida que correspondía tras su regreso. "Yo volvía prácticamente llorando de dolor", recuerda, en referencia a las dificultades vinculadas con la lactancia. Finalmente, decidió renunciar y buscar otro trabajo que le permitiera compatibilizar su profesión con la maternidad.
Hoy cuenta con la ayuda de sus dos abuelas, pero reconoce que incluso con esa red el tiempo y el dinero condicionan las decisiones familiares. Sí piensan con su pareja en tener otro hijo, aunque recién para el año próximo. Primero, las cuentas tienen que cerrar.
Antonella dice que no recibe ningún tipo de asistencia del Estado, aunque sí cuenta con un incentivo de la empresa en la que trabaja. Aunque llegan a fin de mes en lo económico, el margen es corto y el esfuerzo es grande, tanto ella como su pareja no sólo tienen su trabajo diario sino que cada uno cuenta con su propio emprendimiento que "hoy no prospera mucho" ni tienen mucho tiempo disponible para dedicarles.
La brecha de género en el mercado laboral tiene aquí su origen: las mujeres también enfrentan mayores barreras para conseguir trabajo o permanecer en él. La tasa de desocupación es sistemáticamente más alta en las mujeres -con picos muy marcados en las jóvenes de entre 14 y 29 años, donde supera el 17%- frente a sus pares varones, según datos del INDEC.
Entre el deseo y la imposibilidad
Un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la consultora Voices! expone que el 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos e hijas que desearía tener si no existieran limitaciones de ninguna índole. Entre las causas más señaladas por las personas encuestadas que postergan la procreación se encuentran: bienestar económico (79%) o una vivienda digna (78%), así como la falta de tiempo para los cuidados (74%).

El costo de criar es, para las mujeres, el doble que para los hombres en una familia tipo: las mujeres destinan en promedio 6 horas y 30 minutos por día al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, frente a 3 horas y 30 minutos por día a las mismas actividades. En complemento, las mujeres ganan entre un 25% y un 33% menos que los varones por su ocupación principal, según los datos oficiales del INDEC. "Las parejas que tuve siempre cobraron más que yo, aunque trabajara más horas yo. Eso haría que la vida familiar sea planificada con una economía que no es la mía. Después, si una se separa, entra en una guerra legal y es una la que queda en la posición más vulnerable", confirma Maurice.
La convocatoria a entrevistas para esta nota fue abierta para madres y padres. Sin embargo, sólo mujeres se han ofrecido a participar. Es que la carga mental, física y económica sigue siendo desproporcionada entre hombres y mujeres en términos de crianza. Sin embargo, el dispositivo gubernamental las sigue señalando sólo a ellas.
Jessica Spiner (35) también dialogó con este medio para compartir su experiencia que no difiere de las anteriores: vive en Monte Castro, con su hijo de 3 años, y si bien comparte las responsabilidades de crianza con su expareja, hoy no desea volver a gestar: "Me hubiese gustado tener más hijos, pero no tuve una buena experiencia de compañerismo con el papá de mi hijo, entonces ese es mi miedo".
Durante los primeros meses de vida de su hijo, su madre fue una pieza central para que pudiera sostener la crianza y el trabajo. Siendo peluquera, su hermano cuidaba al bebé en otra habitación y ella atendía en otro. Hoy, su hijo pasa la jornada completa en el jardín y Jessica y su expareja se distribuyen los días de cuidado: ella de lunes a jueves; él el fin de semana. "Si yo formara otra familia tendría que venir con la casa, con el auto, con las vacaciones, con todo incluído. Sino, hoy ya no es opción", dice. No habla solamente de dinero: habla de las condiciones materiales y de acompañamiento necesarias para no atravesar nuevamente sola el embarazo, el posparto y la crianza.
El Estado está más presente en su historia: el hijo va a jardín público, donde también recibe desayuno, almuerzo y merienda. También recibe 60 mil pesos, aproximadamente, de Asignación Universal por Hijo. Sin embargo, las transferencias de dinero no resuelven por sí solas quién cuida, quién falta al trabajo cuando un hijo se enferma, quién paga una guardería o una niñera, quién acompaña una consulta médica ni quién resigna horas de descanso o de trabajo. "La baja de la natalidad yo creo que es un problema económico y social. Las personas nos vinculamos desde lugares de mucha ansiedad, poca paciencia o empatía. Así se comporta el presidente y creo que eso se refleja también en la sociedad", opina Spiner. Y cierra: "Cuando no hay compañerismo ni ayuda, ni políticas para que las madres aunque sea para el primer año del bebé, para criar a los hijos es muy difícil. Las mujeres estamos muy solas en la crianza".
Si en algo coinciden también todas las entrevistadas es el acceso a la información. El feminismo ha traído a las mujeres el cuestionamiento de la maternidad como mandato inevitable. Al respecto, Ivana Maurice concluye: "Hubo varios años de mayor conciencia y educación sexual, donde las mujeres cuestionaron a la maternidad como mandato. Hoy queremos tener también nuestra independencia y tenemos deseos aparte de ser madre". "Cata es el amor de mi vida, pero no soy solo mamá, tengo un montón de facetas. Que ella sea lo más importante no quiere decir que yo no me quiera desarrollar en otros ámbitos", cierra. Las mujeres tienen deseos de ser madre. Pero lejos de necesitar más presiones o cuestionamientos, necesitan ser escuchadas y acompañadas. Todo indica que la tasa de natalidad puede subir, pero no a base de más violencia y sobreexigencia.
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