Últimas Imágenes del proceso

08.03.2026

Por Carlos Caramello - Licenciado en Letras, escritor, periodista y analista político 

Víctimas de una suerte de stress post traumático, militamos los desaparecidos, los nietos apropiados, los juicios de lesa humanidad… pero nunca explicamos con claridad contra qué habíamos peleado. Cuál era el modelo de país que trataban de imponernos. Qué derechos venían a conculcarnos. En síntesis: ofrecimos un techo, pero no les revelamos la intemperie.

Tampoco fuimos claros en el contra quiénes. Nos solazamos en bajar los cuadros: nos alcanzaban esos mamotretos pomposos vestidos de verde oliva. Culpables, claro -de tan imbéciles que fueron-, enredados en la madeja impredecible que se hila en una rueca de sangre y falsas valentías: el Ejército de San Martín transformado en un hato de cobardes siguiendo las órdenes impartidas a cuatro descerebrados desde la Escuela de las Américas.

Los malos, los de verdad, fueron otros. Los no juzgados. Los titiriteros en las sombras, apropiadores de seres y fortunas ejerciendo sus íntimas perversiones en sótanos tapizados; evitando dar la cara que militares y algunos civiles ponían tan contentos a cambio de centavos o falsas honras. Esos. Los verdaderos monstruos, pasaron por debajo del radar con gestos de bonhomía como aquel de Franco Macri que donó las computadoras para el tribunal que juzgó a las Juntas. El mismo Franco Macri que inició el Proceso con 7 empresas y lo cerró con 46. Y acaso sea el ejemplo menos siniestro.

Perdimos cuando le dimos a Ernesto Sábato el prólogo del Nunca Más para que teorizara sobre sus propios demonios: la contradicción entre almorzar con Videla (que le dio una "excelente impresión" al escritor y lo definió como "un hombre culto, modesto e inteligente") y, casi al unísono de esa mancada, golpearse el pecho por los muertos y desaparecidos que pusimos los peronistas… justo él, que era algo así como el epítome del gorila.

En la mesa de tortura de Clarín y La Nación apropiándose de Papel Prensa perdimos. Perdimos porque salimos por la derrota de Malvinas y no por el triunfo de la política. Y volvimos a perder cuando pusimos a dos viejitos sin carisma, como Lúder y Bittel, a representar lo que de combativo tenía la juventud. Cuando pintamos en las paredes "Somos la Rabia", identificándonos con la progresía burguesa parisina de Mayo del ´68, sin asumir que éramos hijos de obreros y que estábamos saliendo del momento más rabioso y opaco de toda nuestra historia.

Ya veníamos perdiendo desde hacía mucho tiempo. Antes, incluso, de que se inaugurara el peronismo. Cuando el anti peronismo gobernaba y proponía un modelo de país: el centralista Congreso de Tucumán, la Constitución Unitaria de 1819, Caseros, Pavón, Curupaytí, la Generación del ´80, el fusilamiento de los peones de la Patagonia Trágica, el derrocamiento de Hipólito Irigoyen, la legalización de los Golpes de Estado por parte de la Corte Suprema en 1930…

Perdimos cuando Mitre nos birló la Historia para escribir una "oficial" en donde él quedaba como un héroe (pésimo general, peor traductor, pero excelso propagandista). Y volvimos a perder en los democráticos ´80s cuando les entregamos las universidades a los radicales que nos odian (quedan apenas tres y todavía nos dicen: "tienen razón, pero no podemos votar con ustedes") y los negocios a los que habían craneado y financiado el Proceso.

Perdimos cuando Carolina Serrano, (a) Patricia Bullrich, miembro de la Juventud Peronista aunque hoy lo niegue, dedicó sus últimos treinta años a moler a palos a compañeros, someter y hambrear a jubilados, conculcar derechos laborales, pernoctar con la Mossad, coquetear con el tráfico de armas, disfrazarse de Annie Oakley para celebrar el 4 de Julio en la embajada, lavar dinero tostado y aplaudir como una foca dipsómana cuando el cosplayer de granadero se calotea el sable corvo, símbolo de nuestra soberanía, para devolvérselo al Ejército justo cuando se cumplen 50 años del golpe de Estado más fatídico y sangriento de nuestra historia. Manyá la metáfora y decime si perdimos.

Perdimos cuando no nos animamos a ser lo que dicen que somos. Cuando "la vida por Perón" se transformó en "Perón o heridas leves". Y nos ganó la corrección política. Y quisimos ser Ellos. Y cambiamos la militancia por el marketing. Y dejamos de formar cuadros y dirigentes para votar candidatos de diseño. Y los punteros se conformaron con los planes; y los sindicalistas con la caja y las listas se llenaron de notorios. Ni siquiera notables. Notorios…

"Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón en volver a intentarlo" nos avisaba, allá lejos, Envar "Cacho" El Kadri. Sólo que esta vez no alcanzará con que nuestros jóvenes sepan "que no todo se compra ni se vende". Debemos explicarles, con claridad, con certeza, mirándolos a los ojos, qué se puede comprar y qué vender. Y también quiénes quieren comprarnos y vendernos. Pero, sobre todo, que ese asimétrico arte del intercambio capitalista puede y debe consumarse a favor de la Patria.

Fuente:

La tecl@ Eñe