Un argentino presidirá la Sociedad Americana de Microbiología
Federico Sisti es investigador de Conicet en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de la UNLP

Por primera vez en sus 126 años de historia, ese organismo tendrá un presidente que no vive ni trabaja en Estados Unidos.
Por Juan Funes
Un científico que no vive ni trabaja en EE.UU. presidirá la Sociedad Americana de Microbiología (ASM) por primera vez en los 126 años de historia de la organización. Será Federico Sisti, investigador de Conicet en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular (IBBM, CONICET-UNLP). Fue designado presidente de la ASM, función que cumplirá a partir de julio durante tres años. En conversación con Página/12, Sisti contó que buscará "promover la ciencia argentina y latinoamericana", impulsar que más microbiólogos argentinos y latinoamericanos se sumen a la Sociedad –que es la entidad más prestigiosa de microbiología en el mundo–, y establecer vínculos con distintos Estados para que los científicos y científicas tengan un rol activo en el diseño de políticas públicas.
La ASM fue fundada en 1899 y está integrada por 38 mil miembros de todo el mundo. Además de editar una prestigiosa revista académica y otras publicaciones científicas, se dedica a la microbiología aplicada a la clínica. Entre sus ejes de trabajo están el cambio climático, la resistencia a los antimicrobianos y la microbiología industrial, básica y aplicada. Hasta este año nunca había tenido un presidente que trabajara fuera de EE.UU. Sisti estudió Bioquímica en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y se doctoró en microbiología molecular en la misma casa de estudios, donde también es docente.
Los desafíos como presidente de la ASM
El rol de Sisti como presidente será clave para inaugurar una nueva etapa de la ASM. La organización, si bien tiene muchos socios en el mundo, "siempre se ha movido con la idiosincrasia de EE.UU. y ahora quiere expandirse con el objetivo de ayudar a solucionar problemas vinculados con la microbiología", contó Sisti a este diario. El investigador de Conicet explicó que la pandemia de Covid-19, el cambio climático y la resistencia a antibióticos –que han sido los temas centrales para la ASM en los últimos años– son problemas globales y "es cada vez más evidente que la frontera entre países no tiene sentido, a la hora de dar discusiones sobre estos asuntos".
"Siempre digo, medio en broma y medio en serio, que los científicos argentinos estamos acostumbrados a vivir en la incertidumbre y esa experiencia puede ayudar bastante", sostuvo el investigador, en relación a los desafíos que tiene la ciencia con las crisis climática y sanitaria, pero también con la creciente proliferación de discursos anticiencia.
Una de las funciones de la ASM es colaborar con la gestión de políticas públicas en distintos países. Esa es una de las tareas sobre las que más quiere formarse Sisti como presidente: "la Sociedad lleva adelante hace años, un ejercicio de contactarse con personas que tienen poder de decisión en distintos gobiernos. Hay una parte del staff que se dedica permanentemente a hablar con personas de alto nivel gubernamental para aportar la mirada científica a las decisiones que se toman. Creo que es algo que los científicos tenemos que impulsar: hacer que los que toman decisiones nos tengan en cuenta", afirmó.
Durante la pandemia la ASM tuvo un rol activo en EE.UU. para definir qué temas de investigación debían desarrollarse y qué peligros involucraban las investigaciones. Siempre con una impronta de "brindar un espacio de libertad de pensamiento, que se puede proponer y debatir con respeto, para luego llegar a conclusiones que puedan llevarse a propuestas".
Otro de los proyectos que tiene el investigador para su rol como presidente es "convocar otros microbiólogos de Argentina y América Latina, en general para que se sumen a la Sociedad. Tal vez antes se veía como algo lejano, pero ahora es posible, se puede participar y estaría buenísimo que sumemos muchos socios".
Su opinión respecto al sistema científico argentino en la actualidad es que atraviesa "una situación compleja desde hace mucho tiempo, pero ahora se agudizó más". "Desde hace dos años hay mucha incertidumbre, ahora hay un poco más de certeza, aunque no está del todo claro qué va a ocurrir. Pero tengo la confianza de que el sistema científico va a sobrevivir", agregó. Además sostuvo que en estas coyunturas es necesario "cuestionarnos como científicos si lo que estamos haciendo es correcto para estos tiempos y pensar en qué podemos cambiar".
Los desafíos de la ciencia
Más allá de las dificultades particulares que tiene el sistema científico argentino –con el desfinanciamiento de Conicet y de las universidades públicas–, a nivel global ganan terreno los discursos anti-ciencia. Sisti consideró que "la sociedad tiene claro que hay que apoyar a la ciencia basada en evidencia. Nuestra tarea es hablar con datos que respalden lo que decimos. Está claro que las vacunas funcionan porque los datos lo muestran. Como dijo alguna vez Richard Dawkins, los aviones vuelan, las computadoras computan, y todo esto funciona gracias a la ciencia". De esta manera, para Sisti los científicos deben abocarse a hacer buena ciencia para sostener el prestigio de cara a la sociedad.
Esto implica sostener las investigaciones de largo aliento y no dejarse llevar por una lógica según la cual, solo sirve la ciencia aplicada. "Hay muchos ejemplos que muestran que la aplicación de la investigación a un problema concreto es producto de años de investigación sobre cuestiones que no sabíamos si iban a funcionar. Es imposible predecir si una investigación va a servir o no", explicó el bioquímico.
Como ejemplo de su área, siempre le dice a sus alumnos de la UNLP que la posibilidad de modificar genéticamente a una persona se descubrió a partir de investigaciones sobre fagos de bacterias. "Con la lógica de la ciencia aplicada, nadie financiaría una investigación sobre cómo un virus puede infectar a una bacteria", señaló. "Sin embargo, esa investigación derivó en que ahora podamos modificar un organismo vivo muy fácilmente y con mucha seguridad", precisó y concluyó que "la única distinción que nosotros podemos hacer es entre ciencia bien hecha y mal hecha. Ahí es donde la sociedad científica tiene la responsabilidad: tenemos que demostrar que hacemos ciencia bien hecha".
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