Víctimas de violencia vicaria exigen ser oídas

18.08.2026
violencia La violencia hacia los hijos tiene un vacío legal. Archivo -
violencia La violencia hacia los hijos tiene un vacío legal. Archivo -

Entre 2023 y 2025 treinta y cinco niños y niñas fueron asesinados por su padre

Es una forma de violencia de género por la cual los hijos e hijas son instrumentalizados como objeto para maltratar y ocasionar dolor a su madre.

En el documental "No estás loca" de la artista española María Bestar —quien padeció este tipo de agresión—, las víctimas narran cómo el desamparo del sistema judicial terminó con la vida de sus hijos que habían denunciado el riesgo al que estaban expuestos, pero sus progenitores permanecían libres o, incluso, a cargo de los menores. En la obra de Bestar hablan jueces, pediatras, fiscales y niños que revelan cómo el aparato judicial les falla sistemáticamente, no solo a las mujeres, sino también a las infancias. "Lo más grave de esta violencia es que no se cuiden los derechos humanos de estos niños y niñas. No puede ser que una denuncia o una resolución judicial tarde tres o cuatro años", dice Bestar.

El filicidio es la punta del iceberg de una realidad global que podría prevenirse si la palabra de las madres y sus hijos no fuera puesta en duda o relativizada. En cada caso de violencia vicaria hay el mismo patrón: amenazas, denuncias, advertencias y pedidos de ayuda de las madres que no fueron valorados. Frases como "amenaza con quitarme a mis hijos", "dice que me va a dar donde más me duele", "mis hijas tienen miedo", "no quieren ir con él" o "algo está ocurriendo durante las visitas" son minimizadas como parte de un conflicto parental.

En lugar de investigar la violencia denunciada al agresor, se examina a la madre: cómo habla, cómo reacciona, por qué tiene miedo, por qué insiste, por qué presenta denuncias o por qué intenta proteger a sus hijas e hijos: deja de ser considerada una persona que denuncia una situación de riesgo y para ser una "madre conflictiva", manipuladora, sobreprotectora o incapaz de favorecer el vínculo paterno. Son prejuicios creados y sostenidos por el machismo patriarcal.

Cuestión de género

El estudio "Poner fin a la violencia contra las mujeres" de la ONU concluye que, en el mundo, 736 millones de mujeres –casi una de cada tres– han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja, de violencia sexual fuera de la pareja, o de ambas, al menos una vez en su vida. Estos datos no incluyen el acoso sexual.

Sonia Vaccaro es psicóloga clínica y forense, especialista en violencia contra las mujeres. En 2012 acuñó el término violencia vicaria: "aquella que utiliza a los hijos para herir y maltratar a las mujeres". Explica que el denominado "síndrome de alienación parental" cumplió históricamente la función de denostar a las madres y recalca que no es un diagnóstico clínico reconocido. Sin embargo, sus postulados continúan apareciendo bajo otras denominaciones: "madre que obstaculiza", "madre que interfiere", "conflicto de lealtades", "obstrucción del vínculo", "instrumentalización de los hijos" o "resistencia al contacto". Y han aparecido otros como "falsas memorias" y "dinámica de triangulación", todos puestos al servicio del ataque contra la madre, que no es otra cosa, en estos casos, que el ataque contra el rol materno.

Hombres crueles, justicia ciega

"El problema no está en analizar si existe una influencia indebida —que, como cualquier conducta, debe investigarse cuando haya indicios reales—, sino en utilizar una hipótesis preconcebida para desacreditar automáticamente a la madre y negar la posibilidad de que el rechazo, el miedo o el malestar de las hijas e hijos tengan una causa legítima. Parten de la presunción de falsedad del relato, sin indicios ni pruebas que lo sustenten", explica Vaccaro.

María Laura Razzari es integrante y defensora del Plenario Madres en Lucha. Tiene 56 años y se presenta como sobreviviente de violencia de género y vicaria: "Me costó mucho creer que me pudiera pasar a mí, que lograba entenderlo solo por mi profesión: soy profesora de Historia y Filosofía. Mi exmarido se suicidó en 2023 y recién ahí cesaron las violencias; tenía una obsesión específica con mi perfil activista, porque eso me daba un ascendiente muy fuerte con mis hijes en el campo dialógico. Y mi personalidad es muy fuerte como para docilizarme a través de palizas y violaciones, así que rápidamente decidió poner a mi hija mayor, desde los 20 días de nacida, en el centro de las violencias. La primera paliza me la dio porque no tenía suficiente leche para amamantar".

Con lo puesto, María Laura se fue de la casa de sus suegros donde vivían y pidió refugio en la casa de su madre. Ella le respondió que tenía que hacerse cargo de sus elecciones y volver con él. Aguantó tres meses y regresó.

"Me había colocado un DIU, pero me quedé embarazada de mi segundo hijo porque no coger no era una opción: eso terminaba en que yo era una puta que me había sacado las ganas con otro y en palizas. Cuando nació el varón, lo usó para torturar a mi hija, poniéndolo como el preferido. Con los años, mi hija, a los cuatro años, y mi hijo, al cumplir también los cuatro, automáticamente dejaron de decirle papá. Eso me llamó poderosamente la atención".

María Laura pidió ayuda en todos los sectores: hizo denuncias y consultó a médicos, psicólogos y docentes. Nadie atendió sus reclamos. "A los 11 años de mi hija, en 2001, un día al volver de trabajar la encontré hecha un bollito, llorando en su cama. Y ahí vi todo. No tenía ni una señal material o conducente para explicar lo que estaba viendo, pero yo vi que la nena que había dejado no era la misma que encontré al volver de trabajar. Y nunca más lo fue. Mis hijes hablaron de adultes: mi hija tardó 19 años en hablar y mi hijo lo hizo un año antes. Pero mi hijo varón recién en mayo de este año me habló de las vejaciones de su progenitor; hasta entonces, solo había alcanzado a denunciar los tocamientos de su abuelo paterno".

El relato de María Laura se parece bastante al de cientos de madres que atraviesan un sistema que brinda muy poca contención o que imparte justicia cuando ya es demasiado tarde. El abogado Juan Pablo Gallegos, consultor internacional de UNICEF y especialista en violencia vicaria, asegura que, cuando una madre decide denunciar, atraviesa procesos muy sensibles y devastadores que constituyen el clímax y la modalidad culminante y extrema de la violencia de género.

"De manera que el acompañamiento requiere de un abordaje multidisciplinario que permita sostener a una víctima que, en estado de indefensión, soporta un ataque sobre sus hijos como forma de dañarla. La Justicia argentina está poco preparada para abordar esta modalidad de violencia, que además tiende a subestimar. Existe una manifiesta ausencia de coordinación entre la OVD y los juzgados de Familia, circunstancia que lleva a que las medidas de protección sean habitualmente insuficientes y parciales. No se establece una clara distinción entre víctima y victimario y prevalece una mirada patriarcal que desatiende a la víctima y se enfoca en un supuesto conflicto adulto que muchas veces busca resolverse con tratamientos denominados de 'coparentalidad'. Estos suelen convertirse en un experimento en el cual el violento reproduce y multiplica su violencia y la asimetría de poder", explica.

Su análisis coincide con lo que tuvieron que vivir María Laura y sus dos hijos. La inacción del Poder Judicial los obligó a convivir con el terror y a permanecer, hasta la muerte de sus agresores —ocurridas entre 2021 y 2024—, a apenas diez metros de todos ellos. Durante años hicieron denuncias que, por falta de representación legal idónea, terminaron con once de las doce causas prescriptas.

Rememora María Laura: "Solo pude rescatar una por amenazas de muerte y, con los antecedentes, a mi exmarido le dieron una pena de dos años y medio de prisión en suspenso. Así que seguía penado y viviendo en la casa de sus padres, a diez metros".

Un niño por mes es asesinado por su padre según la ONG Casa del Encuentro. Sin embargo, Argentina todavía no cuenta con un marco legal específico para prevenir esta forma extrema de violencia. Casos como el de Joaquín Ruffo, también mencionado como Joaquín Enzo, el niño de 8 años asesinado por su padre en 2025 en Lomas de Zamora, demuestran que los jueces deben actuar con extrema urgencia e incorporar una auténtica perspectiva de género e infancia. Esto implica comprender que la violencia contra la mujer no termina con la Casos como el de Joaquín Ruffo --el niño de 8 años asesinado por su padre en 2025 en Lomas de Zamora-- demuestran que los jueces deben actuar con extrema urgencia e incorporar una auténtica perspectiva de género e infancia. Esto implica comprender que la violencia contra la mujer no termina con la separación o el divorcio; que es probable que el agresor utilice la coparentalidad, la custodia y el régimen de visitas para mantener el control; y que ponderar el rol de padre por encima del interés superior de las criaturas, no las protege: todo lo contrario.

"La Justicia debe actuar conforme al principio de prevención: cuando existen indicadores consistentes de riesgo, la prioridad debe ser proteger mientras se investiga. No esperar a tener la certeza del daño después de que ese daño se haya vuelto irreversible. En violencia vicaria, es preferible enmendar un error con un adulto que lamentar el asesinato de una criatura", sostiene Vaccaro.

Fuente:

https://www.pagina12.com.ar/2026/08/17/victimas-de-violencia-vicaria-exigen-ser-oidas-2/

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