Soplan aires de crisis de deuda

Por Raúl D latorre
El ingreso de dólares por emisión de deuda privada volvió a ser un factor esencial en el equilibrio cambiario argentino. Tanto que, de las compras de divisas que realizó el Banco Central en los últimos meses en el mercado único de cambios, son más las que tienen origen en préstamos financieros en dólares al sector privado que las que corresponden a liquidación de exportaciones. Por otra parte, una curiosidad complementaria es que el destino principal que le da el Banco Central a esas compras no es la acumulación de reservas, como usualmente se entiende, sino el pago de los vencimientos de deuda del Tesoro nacional. En este panorama, la suspensión de emisiones de deuda privada en la última semana "debido al deterioro del escenario financiero internacional" encendió luces de alerta. El cierre de esa canilla de ingreso de dólares dejaría a marzo en cero en cuanto a oferta de dólares financieros, pero se elevaría a riesgo sistémico si el conflicto con Irán, y la inestabilidad financiera mundial, se extendieran en el tiempo.
Según un reciente análisis publicado por el economista y especialista en finanzas Cristian Buteler, el Banco Central hizo compras netas en el mercado único de cambios por unos 3100 millones de dólares en los primeros dos meses del año, y sin embargo, su posición neta de reservas no se fortaleció si se lo compara con las ventas de dólares al Tesoro en ese mismo período, que totalizaron unos 3500 millones.
El dato clave es que, si el mercado cambiario tuvo oferta excedente de divisas para que el Banco Central pudiera comprarlas, no fue por un fuerte liquidación de exportaciones, sino por los dólares que ingresaron las empresas al MULC obtenidos por préstamosa bancarios o emisión de títulos de deuda (obligaciones negociables).
En enero de este año, según el diario especializado El Cronista, ingresaron al país unos 2000 millones de dólares por préstamos financieros en divisas, aproximadamente la mitad de esa cifra por obligaciones negociables (O.N.) emitidas por las empresas hacia fines de 2025 y, el resto, por créditos bancarios al sector empresario.
En un panorama cambiario que se presenta estable y aparentemente sin nubarrones, aparece una sombra que amenaza extenderse sobre toda la geografía: el conflicto de Medio Oriente con su secuela de desorden en la economía mundial. Secuela que pone al desnudo una de las fragilidades del esquema económico y financiero impuesto por el equipo que encabeza Luis Caputo: su excesiva dependencia de los dólares ajenos, ya sea los que lleguen por deuda soberana o, como en este caso, por endeudamiento privado.
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