Una locomotora en acción

13.09.2026
Foto tomada del sitio Brown On Line.
Foto tomada del sitio Brown On Line.

El excampeón argentino de boxeo Jorge «Locomotora» Castro se volcó hace varios años a la asistencia social. Durante la pandemia empezó por ayudar a otros boxeadores que tenían serias complicaciones para subsistir. Hoy sostiene 14 comedores y 9 merenderos. Locomotora Castro dice que mientras el gobierno de Milei afirma que «sacó» a 13 millones de personas de la pobreza, «a mí se me llenan cada vez más los comedores».


Por Gabriel Martínez Picco - Arquitecto. Fue docencte en la Facultad de Arquitectura de la UNLP.

(para La Tecl@ Eñe)

El tema se pone bastante más urticante cuando el absurdo atraviesa por completo a una buena parte de la población de nuestro país por el lado más vulnerable de su anatomía: el estómago. Mientras cientos de miles de familias apenas pueden acceder a una comida al día, es por demás conocido que el Ministerio de Capital Humano ha dejado que se pudran alimentos acopiados en galpones, a la espera de su fecha de vencimiento. Si esto no se presenta en nuestra psiquis como una idea cabal del absurdo, entonces estamos en serios problemas.

Tal vez, sin haber leído al filósofo francés, pero sí desde lo más profundo de sus entrañas, el excampeón argentino de boxeo Jorge «Locomotora» Castro llevó a la práctica una idea que Sartre desarrolló: que no importa únicamente lo que el sistema haga con uno, sino lo que cada uno decide hacer frente a ello; que la apatía no es neutral y que la decisión de no actuar termina, de algún modo, validando las injusticias del presente.

Hoy, el «Roña» Castro, como también le gusta que le digan, mantiene 14 comedores y 9 merenderos. De esos 14 comedores, cuatro son propios, mientras que los diez restantes funcionan mediante su colaboración y asistencia. En varias ocasiones se le ha consultado por su acción solidaria frente a una realidad apabullante.

«Dicen que sacaron a 13 millones de personas de la pobreza, pero a mí se me llenan cada vez más los comedores. Antes iba gente común; ahora va gente pudiente, que antes podía, gente que labura y no le alcanza para llegar a fin de mes».

Luego agregó: «Hay gente que me dice: 'Che, Roña, ¿puedo venir a comer? No llego a fin de mes'. Trabajan y no llegan a fin de mes. Entonces le digo que sí: si hay un plato para uno, también hay para dos. Antes entregaba mercadería para dos personas; ahora entrego para cuatro y para toda la semana. Empezamos con 2.100 chicos y ahora tenemos 6.400, entre pibes y personas grandes».

El Roña Castro se volcó hace varios años a la ayuda social. Durante la pandemia empezó por ayudar a otros boxeadores que tenían serias complicaciones para subsistir. En aquel momento montó una olla popular en su gimnasio de Temperley, partido de Lomas de Zamora. Primero, fueron los boxeadores, después llevaron a sus familias y más tarde se sumaron otros vecinos. Pero la situación social se impuso y desde entonces, «Locomotora» no paró de ayudar. Para ello también recibe colaboración de la Provincia, del Municipio y de empresas privadas a las que, según sus propias palabras, llegó «mangueando». «Tenemos un país tan rico y que estemos pasando lo que estamos pasando no se puede creer», sostiene el Roña.

El exboxeador nacido en Caleta Olivia contó en varias oportunidades que el hambre marcó su infancia, y que esa experiencia es la que hoy lo impulsa a ayudar. «Yo sé lo que es tener hambre y no tener nada dentro del estómago. Es durísimo. Lo pasé de chico y no me gusta ver niños pasando por lo que yo he pasado», afirmó.

La historia personal de Castro lo atraviesa de cuerpo entero en cada una de sus mañanas barriales. Allí, como alguna vez lo hizo sobre los cuadriláteros, vuelve a encontrarse de frente con una realidad que no conoce de treguas y que lo azota sin concederle un solo día de descanso. Frente a su centro de entrenamiento se amontonan los rostros desencajados de cientos de jubilados, desocupados, niños y madres de familia que, aun cargando sobre sus espaldas el peso de la necesidad, esperan sin perder la ternura el momento de llevarse algunos alimentos a casa. Son rostros que acaso le devuelven algo de su propia historia, de aquellos días en los que también conoció el hambre y la intemperie. Del pasado debemos aprender, pero mientras aguardamos un futuro distinto, el presente no sabe esperar: nos reclama, nos interpela y, sobre todo, nos exige una respuesta.

«Hay dos cosas en la vida que es muy duro perder: el trabajo y la dignidad. Y cuando no tenés para morfar eso se sufre y cómo. Yo los recibo con una sonrisa, les hago bromas para que pasen un buen momento y se olviden un poco de lo que están padeciendo».

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/una-locomotora-en-accion-por-gabriel-martinez-picco/

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