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Opinión


Lo que hoy se intenta presentar como un horizonte de prosperidad envuelto en la retórica triunfalista de la "oportunidad histórica" y la "integración estratégica" no es más que la reedición sofisticada de un viejo patrón de subordinación que Washington ha desplegado con precisión durante décadas en América Latina.

Un documento realizado por el INSTITUTO DE PENSAMIENTO POPULAR SOBERANÍA, muestra el descontrol y contaminación a nuestro río Paraná avalado por un Estado ausente y cómplice, que atenta sobre la vida no solo del río y su biosistema, sino, sobre quienes bebemos el agua.

Cada gobierno, ante la urgencia económica, desempolva el mismo discurso: atraer capitales externos que prometen desarrollo, empleo y modernización. Pero tras la retórica del progreso se esconde una lógica de dependencia, transferencia de la renta y degradación laboral.

A estas alturas del conflicto, cuando la palabra "alto al fuego" ya no transmite esperanza sino escepticismo, resulta inevitable preguntarse; ¿qué clase de paz puede construirse entre ruinas, con fronteras cerradas y con niños muriéndose de hambre?

Ante los pretextos colonialistas invasivos de EE.UU., se ha realizado una reunión, el pasado 17/10/25, convocada por ANTIFASCISTA INTERNACIONAL DE VENEZUELA en la que el Movimiento Alternativa de Argentina estuvo presente junto a más de 450 conectados de distintos países del mundo.

Por increíble que parezca, en un país asfixiado por décadas de ajustes, endeudamientos y recetas fallidas, donde la palabra "crisis" es parte del vocabulario cotidiano, todavía hay lugar para la soberbia de tecnócratas reciclados.

No es tiempo de tibiezas, dicen que no hay cosa peor que acorralar al límite a alguien, y Santa Fe, una de las provincias más ricas de la Argentina, debe resurgir de entre las cenizas y la opresión social, porque además tiene un capital humano como para hacerlo.